MIGUEL ÁNGEL RUBIO (FINAL 2015)Así pues, me atrevo a aseverar y aun cuando me equivoque lo sostengo, es muy posible que Gaviria (César) obtenga su anhelada rectoría (por interpuesta persona), pero no es factible aún que el ex rector, quien se siente seguro por las alianzas construidas y las inmunidades adquiridas, sea Alcalde, porque si el epígrafe de este artículo reza elígeme que yo te elegiré, también reza al mismo tiempo, elígeme que yo te traicionaré y de esto último en términos políticos el César y el uribista vergonzante sí que saben. Amanecerá y veremos, dijo el ciego

 

Por Miguel Ángel Rubio
Y amaneció, y el ciego no vio. Sus errores políticos le costaron a Luis Enrique Arango la alcaldía de Pereira. Se vio obligado a renunciar debido a que las encuestas de los últimos dos meses no le dan más del 12 por ciento de intención de voto entre la ciudadanía.

¿Y por qué el ciego no vio? ¿Será que no le amaneció? Veamos el resultado del examen óptico-político de su candidatura. He abierto esta columna, auto referenciándome, asunto que de entrada ya me es incómodo; pero se me hace necesario, debido a que en esos días, recibí comentarios en los foros un poco apresurados y de tinte ideologizante. “Mucha opinión y pocos argumentos sólidos para el análisis”, entre ellos este que cito entre comillas, de alguien de quien no diré el nombre ni los intereses en juego que protege.

Y Luis Enrique Arango, de lejos el mejor candidato en esta contienda a la Alcaldía de Pereira, renunció al final de la semana pasada, en carta abierta a la ciudadanía, y se adhirió a la campaña del joven aspirante Juan Pablo Gallo. El ex rector, dejó a más de uno mirando pal paramo, entre ellos a Álvaro Uribe Vélez, quien con mucha pompa y boato, vino hasta acá en días pasados a protocolizar el apoyo con cara de aval de esta candidatura, la cual a partir de ese momento perdió su carácter de independiente.

Veamos cuatro errores garrafales en los que cayó el candidato, y que fue lo que hizo que no repuntara en las encuestas.

1. Luis Enrique Arango montó una infraestructura de campaña política desde inicio de año, con sede, equipos de avanzada y despliegue publicitario, solo con el fin de recoger las 150.000 firmas necesarias para conformar un movimiento político, independiente, con el que respaldar su aspiración a la Alcaldía. Esta carrera, y toda su parafernalia, debió costarle un dinero importante, pues quienes saben del asunto dicen que es más costoso recoger las firmas que la campaña en sí. Cuando llegó la hora de la política, por supuesto, sus finanzas estaban al borde del colapso y su estancamiento en las encuestas no permitieron que pudiera apalancar más apoyos financieros y políticos.

2. El segundo error de Luis Enrique fue designar como gerente de campaña a un joven inexperto en el asunto político, no diré el nombre ya que no viene al caso. Porque un gerente de campaña, no solo administra y gestiona recursos financieros, sino que es ante todo alguien con carisma político, que domina el tema y propone alternativas distintas a la de capitalizar recursos. Bien por Luis Enrique que confió sus finanzas en un joven, pero para los alcances que pretendía debió asesorarse mejor.

3. El ex rector se marcó demasiado con un sector representativo de las viejas elites pereiranas. Recuerdo muy bien una reunión a la que asistí, en la que solo se veían cabezas blancas (con el debido respeto que me merecen quienes están en sus años dorados) los cuales defendían un discurso nostálgico de una Pereira cívica y solidaria, poco renovado y ya en desuso. Luis Enrique fue incapaz de hablarle a la masa votante, a los jóvenes y a la nueva ola de electores pereiranos tan diversa como voluble. Su discurso, además, muy técnico y sofisticado para las mayorías. Un hombre con las virtudes académicas de muy alto nivel para recuperar la ciudad, pero con la dificultad de bajar esos presupuestos a la ciudadanía en general.

4. Dos actuaciones de cariz político le costaron caro: la primera, iniciando su campaña, la cual prometía en esos días, fue escribirle una carta al senador Carlos Enrique Soto, pidiéndole su respaldo como Barón electoral de esta región, la cual le tocó negar a rajatabla, arguyendo que solo fue un reconocimiento al otro como actor político en la ciudad. Esto empezó a generar entre quienes estamos en la franja del voto de opinión la idea de que Luis Enrique no tenía muy claras sus convicciones ideológicas, y que como la mayoría, solo le interesaba el poder a toda costa. Dicha idea, se reconfirmó cuando hace menos de un mes se consolidó el rumor de un apoyo del Centro Democrático de Uribe, aun cuando ya Luis Enrique había logrado que un grupo de “intelectuales” (las comillas son adrede) se definieran electoralmente por su propuesta. Ambas actuaciones pusieron en tela de juicio la supuesta independencia de Luis Enrique Arango.

Así pues, la ciudad ha perdido un candidato que habría dado debates y argumentos de altura contra las dos maquinarias hegemónicas de los últimos años, la coalición Soto- Patiño, debido a la inexperiencia, la incapacidad de escuchar y abrirse a nuevas alternativas y porque, aunque les duela, Luis Enrique tiene sus pecadillos en la UTP, y los que manejan el poder seguramente tenían esa arma secreta esperando a ser usada.

Quienes me dijeron apresurado por mi columna del pasado 25 de octubre, deberán pensarlo muy bien, porque el César… Gaviria se lleva lo suyo, pues Luis Enrique declinó en favor del candidato liberal y ya le cogió la noche para ser alcalde.

ENVÍO: Al acabar esta columna, me entero de la renuncia de German Aguirre a su aspiración a la gobernación de Risaralda. Soto sigue traicionando a la sombra de la barriga protectora de Patiño.