¿Amar a muerte es libre albedrío?

Es el “suicidio asistido” de los sacerdotes colombianos Rafael Reátiga y Richard Piffano, ocurrido el 26 de enero de 2011, y las circunstancias que empiezan a conocerse.

 

Por:  Edison Marulanda Peña |

…Y es que no entiendes tú

lo que es amar, amor, amar a muerte.

Amar a muerte, canción de Luis Ángel

Desde los días de Marco Antonio y Cleopatra, de Adriano y Antínoo, de Abelardo y Eloísa hemos sabido que el amor puede traspasar todo límite: condición social, etnia, reglas, discapacidad e incluso la muerte. Son historias de amantes que hoy pocos quisieran emular porque alcanzan el nivel de lo trágico, cae sobre esas vidas una cascada de dolor incesante. Por esto han merecido las migajas de inmortalidad que ofrecen la literatura y el cine.

Cuando parecía que nuestros días estaban saturados de lo banal y el encogimiento del pensar cundía entre seres que prefieren plagiar a crear, un hecho logra revivir el asombro. Es el “suicidio asistido” de los sacerdotes colombianos Rafael Reátiga y Richard Piffano, ocurrido el 26 de enero de 2011, y las circunstancias que empiezan a conocerse.

¿Este episodio escandaliza por la condición de creyentes de sus protagonistas o porque involucra a un tercero ejecutante que se lucra de esa última voluntad de dos hombres que se aman? ¿La mayor confirmación del libre albedrío sería escoger la propia muerte desprestigiando así el determinismo? ¿Sucederá algún día que la muerte buscada de manera consciente y libre por una persona adulta sea tolerada por las instituciones, sin que tenga que ser sólo la muerte por heroísmo que beneficie a terceros? ¿Quién puede asegurar que en la mente de quien muere en un acto llamado heroico no hay una búsqueda de reconocimiento perdurable y socialmente aprobado? ¿La religión, la psiquiatría y el derecho, que cumplen la tarea de “normalizar” al individuo, respetarán un día los casos donde fracasan sus métodos y convenciones?

Rafael y Richard eran pareja desde los días del seminario, es lo que pudo inferirse del reportaje que publicó El Tiempo. Hasta ahí nada excepcional. Lo que si puede serlo es la decisión del segundo –saludable y joven– de acompañar a Rafael, enfermo terminal, en el acto de libre albedrío que desafía los preceptos de la iglesia a la que sirvieron, del código penal de los hombres, los consensos de los cuerdos que no comprenden el reino de la locura sin reglas. Y los desconcierta más el que no apelaran a una silenciosa inyección letal, sino a los tiros de un sicario que cumplió el objeto del contrato verbal.

Un caso de esta naturaleza merece tener de banda sonora, si fuese recreado en un guión de una cinta de Almodóvar –él sabría hacer de esta historia una obra de arte– los versos de la canción de Sabina: “Y morirme contigo si te matas / y matarme contigo si te mueres /, porque el amor cuando no muere mata / porque amores que matan nunca mueren”.

Para una aproximación a un tema tan complejo como inusual, que muchos censuran en voz baja, recomiendo acudir a la literatura. El cuento Libre albedrío de Rubem Fonseca en el libro La Cofradía de los Espadas, para ejercer la imaginación narrativa. El personaje-narrador admite en una carta que tres mujeres (Heloisa, Laura y Salete) fueron “técnicamente asesinadas por mí, pero no pueden ser llamadas mis víctimas, pues el término define a alguien sacrificado en honor a las pasiones o a los intereses de otros, y este no fue el caso de ninguna de las tres, ya que ellas decidieron soberanamente sobre la conveniencia y oportunidad de su propia muerte…” (pp. 11-12).

Con el fin de cultivar la humanidad en el mundo actual, la filósofa Martha Nussbaum propone que se requieren tres habilidades, pero solo me remitiré a la tercera, la imaginación narrativa; significa la capacidad de pensar cómo sería estar en el lugar de otra persona; ser un lector inteligente de la historia de esa persona y comprender las emociones, los deseos y anhelos que alguien así pudiera experimentar. Quizá desarrollando esta habilidad alguien podría mirar con ojos de compasión la vida doble de Rafael Reátiga y admitir que el amor es irracional.

Tal vez nuestra sociedad empieza a requerir otras formas de tratamiento para situaciones límite que ponen en cuestión nuestra concepción de la libertad personal, las formas del derecho y el significado de la vida humana.

Deposito un ramo de respeto y asombro, flores exóticas en Colombia, sobre las tumbas de estos amantes.