Nos sorprende Francisco el amoroso con la exhortación apostólica postsinodal, Amoris Laetitia. Y las noticias titulan: El Episcopado explicó los puntos centrales de la exhortación apostólica.

 

ANDRES CALLE (MAMBRE)Por: Andrés Calle Noreña

Sí, explican que el amor trae alegrías cuando es reproductivo, eso es el centro. Sí, tan lindos los niñitos, como diría una monja tierna. No nos quedemos en considerar que esto lo pronuncian los menos reproductivos de todos los miembros de la iglesia. Valga decir, que no por ser menos reproductivos son asexuados. Si se quiere pueden ser agelastas, pero que no nos vengan a decir que son asexuados. Y no ven que muchas personas, así no sean homosexuales, de manera excepcional tienen relaciones reproductivas, es lo que menos se les ocurre.

Pregúntenle a los viejos, a los que tienen enfermedades, enfermedades mentales, a los inhábiles, a los que viven en una situación de guerra, de desplazamiento, persecución, a la gente que corre riegos de salud (como los diabéticos, por solo hablar de un caso), a los que están estudiando, a los desempleados, empobrecidos y a muchos más.

El mismo Papa ha reclamado por la desbordada atención que se les da a las mascotas, todo lo que les invierten y cómo han llegado a reemplazar a los mismos hijos. Son signos de los tiempos. Mientras tanto, flotan niños en el mar, tiritan de frío y de hambre, los hijos de los inmigrantes.

Por una parte hay una inmensa soledad y vacío, por otra, el amor, los amores más plurales e inverosímiles, se meten y resisten, como el pasto por entre las rendijas del cemento. Hay tanta necesidad de amor, que en las escuelas deberían hacer dictados con los poemas de San Juan de la Cruz.

Y el sexo no reproductivo, no necesariamente homosexual y también homosexual, les da alegría, y los une, y los hace ser generosos y solidarios a unos con otros y otras, en muchas combinaciones.

Hay también manifestaciones con apariencia afectiva, terribles, destructoras, de dependencia y de desdibujamiento del otro. Qué pena, pero por más que insistan los boleros, los tangos, esto no es amor, no es amor del bueno ni del alegre, ni del franciscano, del franciscano de Asís y de éste, Francisco el de Flores. Bienvenidas las alegrías de los amores y el amor de los alegres, y el de los tristes y de los que se quieran amar.

Hablamos de matrimonio igualitario. ¿Será que en una democracia se puede promover un matrimonio que no sea igualitario? Como venga, el amor, si es entre adultos, responsables y libres, si es entre ciudadanos (aplica para “los y las” y los que quieran), es igualitario o no es ciudadano. El amor igualitario es el que nos hace más humanos y, a la larga, más demócratas, más modernos, y por qué no, más cristianos.

Los amores tristes no le lucen ni a García Márquez. En medio de las realidades y de las dificultades, de los conflictos, el amor tiene que ser transformador, tiene que ser creativo, sin importar que sea reproductivo. Imagínense un amor de reproducciones, de hacer copias y de replicar un único modelo de familia y de cultura, de amorosidad y de entrega, esto sería esterilizante.

Por esto que venga el amor diverso, el endémico, el amor del que habló y del que no habló Octavio Paz en La llama doble.

El amor debería hacernos llevadera la vida y esto lo convierte en un eros, en una última batalla en contra de la guerra y de la muerte.

“Éste es el amor, amor, el amor que me divierte, cuando estoy en la parranda, no me acuerdo de la muerte”, es una copla monteriana. No es una evasiva. Es el amor que nos mantiene vivos y despiertos. Pueda ser, plegue a Dios, que después de pasar de esta vida mortal a la eterna, como dice San Agustín, seamos juzgados en el amor.

Si el Papa le lava los pies a una musulmana apóstola, si se entristece con la muerte de la mujer de la cocina de la casa Santa Marta, si recibe un mate que le pasan en la calle, si le da besos a un señor lleno de tumores en la cabeza, no va a dejar esperando a una pareja de lesbianas o de gays que lo inviten a una cena sencilla, hecha con inmenso gusto, eso se los aseguro.

Que el amor amor es alegre aunque la vida duela, que el amor es diverso y novedoso, y en el mundo y en el país hay esperanza y hay tiempo para amar.