Ex-libris Martín-ChocoloLo que sigue es un ejercicio de interminable voyeurismo en donde su ojo derecho ausculta el puño cerrado de su mano ahuecada, en la cual deja un pequeño orificio por donde mira intermitentemente el tesoro que ha cazado y que denomino aquí como “pispirispis”, nombrado así por los comentarios que he escuchado desde que era niño cuando la gente se refería a alguien cuya actividad no tenía asidero en la práctica.

 

Por: Martín Rodas

 

 “Por la calle voy dejando algo que voy recogiendo: 
pedazos de vida mía venidos desde muy lejos.”. Miguel Hernández.

 “Siempre lo veo por las calles de la ciudad agitando los brazos y cogiendo entre sus manos objetos invisibles. Es un ritual que me asombra por lo meticuloso y refinado. Primero fija la mirada en algo que aparentemente flota en el aire y luego se queda observando los movimientos del supuesto objeto, movimientos que imita con su cabeza; a continuación inicia una danza en donde sus brazos y sus manos se estiran y encogen siguiendo las fluctuaciones de lo que él está mirando, lo cual puede durar mucho tiempo, incluso horas. Por último, con un movimiento de arponero certero y rápido, agarra con su mano izquierda el objeto de sus deseos.

Lo que sigue es un ejercicio de interminable voyeurismo en donde su ojo derecho ausculta el puño cerrado de su mano ahuecada, en la cual deja un pequeño orificio por donde mira intermitentemente el tesoro que ha cazado y que denomino aquí como “pispirispis”, nombrado así por los comentarios que he escuchado desde que era niño cuando la gente se refería a alguien cuya actividad no tenía asidero en la práctica. Quiero ir más allá de este significado y darle otra dimensión que no se contempla en las guías de la normalidad. Se trata de considerar esta manera de hacer como una posibilidad de acción existencial con plena validez, como una actitud creativa que también cabe en las maneras de asumir la vida como arte…”

El fragmento anterior hace parte de mi crónica inédita en género literario “pispirispis”: “ ‘Segundo Quijano’ o la mirada extática de Carlos Villegas” y que me sirve para ilustrar la admiración que siento por las personas que lideran medios de expresión que circulan alternativamente a los sistemas impuestos por el poder. Este es el caso de Abelardo Gómez, a quien felizmente he reencontrado como director de este periódico que demuestra en sus páginas una actitud abierta y el decir las cosas sin pelos en la lengua.

Como no estoy de “a-cuerdo” con la institucionalidad cultural que nos impone sus parámetros creativos, me alegra y doy la bienvenida a estos proyectos alternativos que asumen el arte, la literatura y la opinión pública desde otras miradas, permitiendo que la diversidad y la imaginación puedan caminar por rutas diferentes, con respeto y tolerancia. El trabajo de muchos de estos colectivos que han surgido en nuestras ciudades demuestra que las cosas están cambiando y que nos espera un futuro mejor renovado por corrientes que le apuestan a la apertura de las conciencias y los corazones, a la utopía, a la cordura y a la humanidad.

Esta es una manera de dialogar creativamente con el mundo y que abordo desde el género literario “pispirispis”, en el más digno sentido de la palabra, pues contempla la posibilidad de que quienes trabajamos desde estas formas alternativas podamos tener cabida en la escena cultural, que hasta ahora ha estado solo en manos de los “letrados”, como en su momento anotara en su trabajo crítico Ángel Rama, refiriéndose a los colonialismos literarios que sobreviven hasta nuestros días en Suramérica.

Hace muchos años realizo un trabajo cultural desde dos propuestas que denomino estilo “choneto” y estética “pispirispis”, de las cuales surgieron varios proyectos a los cuales dedico mi quehacer cultural: la editorial “Ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente”), como editor; la performancia itinerante y vidalógica de “Cipriano El Escribano” (mi alter ego) y “La Escombrera”, oficina alternativa y creativa. Desde estas propuestas y proyectos alimento mi trabajo utópico, soñador e imaginativo que se materializa en los libros, dibujos y textos que lanzo al aire como hojas al viento. Ahora, sumo mis esfuerzos a esta nueva corriente de trabajadores culturales, que como Abelardo, contribuyen a la transformación de nuestra sociedad.

“… Carlos observó por el hueco de la mano para mirar por última vez, con una amplia sonrisa en su rostro, al pispirispis que había cogido. Luego alargó el brazo lentamente, como si sostuviera el objeto más precioso y delicado del mundo… y en un gesto fugaz y poderoso desplegó sus dedos como pétalos que se abren a la luz del sol… sopló con fuerza, en un acto tremendo de liberación; a continuación empezó a aplaudir con frenesí mientras brincaba de un lado a otro cantando una canción de lenguaje desconocido.

Nunca vi lo que salió de la palma de su mano, pero sí sentí una suave brisa en mi rostro y un leve sobresalto de los latidos de mi corazón. Me sentí libre por un instante breve” (Op. cit.).