Anacrónicas/ “Hacer política”

Octubre fue el mes de la política en Colombia. ¿Y qué se entiende por política en nuestro país?, pues quiero responder a esta pregunta desde mi percepción de cómo es representado el concepto “política” en los imaginarios de muchos sectores populares desde sus respuestas, acciones y actitudes.

“La no-criticidad del sujeto se impone

como el modo cotidiano de ser en el mundo (…)  

Ser distinto es ya una posibilidad de persecución.”

Enrique Dussel

MARTÍN RODAS IZQ

Por Martín Rodas

He escuchado muchas veces la siguiente respuesta en la calle, en conversaciones de cafés y otros espacios de socialización cuando interpelan a alguien sobre qué está haciendo: “Hombre… pues estoy haciendo política”, una respuesta adornada con  relatos de participación en reuniones acompañando al candidato en donde les dan gaseosa y tinto mientras envolatan sus horas de desempleados o la angustia para no perder el puestico en la alcaldía o la gobernación; una respuesta adobada con historias sobre la consecución de firmas entre familiares y amigos y la repartición de propaganda. Y es que esa manera de “hacer política” me duele profundamente por toda la carga de dominación e ignorancia que implica, pues es una respuesta que mina en sus bases la esencia misma de la democracia verdadera.

¿Cuál “hacer política”? ¿Un hacer política en el sentido crítico y participativo? ¿Un hacer política desde la ética? ¿Un hacer política comprometidos con el bienestar de la polis en el sentido griego clásico? Pues no… estamos hablando de un “hacer política” carente de toda dignidad: personas por todas partes, como zombies, recogiendo firmas para que les den un puestico a ellos, a su hermano o a su primo… o para no perder el empleo. Seres humanos deambulando por calles y parques con toneladas de propaganda repartiendo a diestra y siniestra papelitos de colores que todavía hoy en día significan lo que es pertenecer a un partido o movimiento (el arco iris de la política). Hombres y mujeres con la camiseta puesta, en un ejercicio desesperado sobre la pasarela de estar “haciendo política” para quien seguramente les ha prometido algo.

Y en este carnaval triste, los aspirantes a ocupar algún cargo público de representación, vuelan como gallinazos para pescar en el río revuelto de almas en pena que van sin ton ni son buscando los votos que justifiquen su idea de “hacer política”.

El “estoy haciendo política” se convierte, desde esta perspectiva, en la frase lapidaria del ejercicio meramente cuantitativo de sumar miseria, pues tras ella no hay nada, es una frase vacía y hueca de una sociedad a la cual no se ha educado en política ni en democracia, pues en ese estado, carentes de opinión y crítica, son fácilmente manipulables, lo cual no le hace ningún bien a la democracia.

Me gustaría ver que estos momentos de movilidad social y política estuvieran acompañados por verdaderos ejercicios de pedagogía ciudadana, en donde todas y todos tuviéramos la oportunidad de formarnos y empoderarnos como auténticos seres políticos; con capacidad de análisis e incidencia en el impacto que los resultados de unas elecciones tienen sobre la sociedad desde lo económico y lo cultural, por ejemplo. Ahí sí, el sentido de “hacer política” estaría pletórico de significado y democracia verdadera, esa que hasta ahora no aparece y que es reemplazada por fachadas. Lo que me recuerda al antiguo imperio romano, en donde los emperadores enarbolaban como estrategia demagógica para mantener entretenida a la plebe en cosas baladíes, menos en lo fundamental, la frase famosa: ¡Pan y circo!… y pienso como colofón a este escrito, que en nuestro caso sería: ¡Tamales, empanadas y circo… de promesas!