Anacrónicas / “Shaolín”

Ex-libris Martín-Chocolo¿Por qué personas que asumen en sus vidas maneras “sanas” de ser,  rodeadas de mantras, mandalas, gimnasios, comida “sana”, yoga, etc., tienen secretos más sucios que aquéllos que sólo pretenden ser ordinarios mortales?

Por: Martín Rodas

Hace poco me sorprendió la noticia del monje shaolín español a quien le encontraron en su templo “Océano de tranquilidad” en Barcelona, dos mujeres a quienes él había secuestrado. Una de ellas estaba todavía viva, pero casi agonizante y en lamentables condiciones de maltrato; la otra había sido descuartizada y sus partes guardadas en bolsas plásticas (además era una compatriota nuestra). Esta persona se jactaba de ser el único monje shaolín occidental del mundo y tenía una muy bien orquestada “empresa espiritual” que le permitía viajar frecuentemente alrededor del mundo y realizar excursiones a los templos orientales con adeptos a su causa que le dejaban jugosas ganancias económicas.  

Después de la detención del monje empezó a surgir la aterradora verdad que se ocultaba tras la fachada de este “iluminado”, pero del mal, quien en sus ejercicios de artes marciales contrataba prostitutas para practicar su habilidad en el manejo de armas, tirándoles cuchillos y otros artefactos que hacen parte de estas actividades tan en boga hoy en día. En las fotos publicadas por la prensa aparece un hombre rapado con el característico manto usado por los shaolines, en actitudes de meditación y rodeado de monjes orientales; o esgrimiendo todo tipo de armas en las cuales era especialista; además su cuerpo parecía un híbrido de Bruce Lee y Jean Claude Van Damme.

Esta noticia me llevó en el recuerdo inmediatamente a la serie “Kung-Fu”, que hizo parte fundamental en mi formación de niño y adolescente. Hoy en día, todavía tengo una profunda admiración por esta producción, la cual presentan en un canal televisivo de series clásicas y que siempre veo cuando tengo tiempo y me la encuentro en el ejercicio de zapear que ocasionalmente realizo. Las historias del “Pequeño saltamontes” y su maestro nunca han abandonado mi memoria, y cuando las veo de nuevo, me parecen las mejores lecciones de vida que nunca han dejado de rondar mi cabeza y que ahora, que tengo la satisfacción de verla de nuevo, las disfruto con la intensidad de aquella época cuando era un niño y apenas iniciaba el tránsito de una existencia pletórica de deseos y futuros utópicos. Ahora, que miro hacia atrás, el reencuentro con mi querido shaolín de la serie “Kung-Fu”, me permite, a la inversa, repasar esas lecciones de ética y moral, de “ser” frente a los otros con responsabilidad y respeto, del cuidado de los demás y del autocuidado, en fin, del vivir con humanidad. Son enseñanzas que no sólo están en las filosofías y religiones orientales, también aparecen manifestadas en todas las culturas de una u otra manera.

Es por todo esto, que la noticia del otro “shaolín” aparentemente santo, pero con alma de sanguinario, contrasta con la imagen que se tiene de estas prácticas “new age” que pululan por todo el mundo y en los manuales de autosuperación que se han convertido en los libros de cabecera de cantidades enormes de personas sumidas en la ansiedad y la depresión. Confieso que soy seguidor de algunas de estas corrientes eclécticas y que también me interesan los rituales chamánicos, los misterios ancestrales de las culturas milenarias, las plantas sagradas, Castaneda y su develamiento de los secretos místicos toltecas, María Sabina “la sabia de los hongos” y su conocimiento maya de las profundidades de la selva lacandona; en fin, multitud de corrientes que sería imposible nombrar en este espacio, pero que hacen parte del acervo de la humanidad en un mundo globalizado y que merced a las redes se “riegan” como pólvora a la velocidad de la luz.

Por último, y al “olor” de mis velitas de incienso, mientas pienso en estas cosas, me surgen como colofón de este texto unas preguntas que también me hice en el momento en que me enteré, hace algunos años, de la extraña muerte de David Carradine, el protagonista de la serie televisiva “Kung-Fu” y que representaba al monje shaolín o “Pequeño saltamontes”, pues fue encontrado muerto en su apartamento, desnudo y con los genitales y el cuello atados con cuerdas en un ritual masturbatorio que finalmente acabó con su vida: ¿qué nos sucede en esta locura existencial alimentada por fantasías de felicidad que se basan en literaturas que también se me antojan fantásticas?, ¿por qué personas que asumen en sus vidas maneras “sanas” de ser,  rodeadas de mantras, mandalas, gimnasios, comida “sana”, yoga, etc., tienen secretos más sucios que aquéllos que sólo pretenden ser ordinarios mortales?, ¿será que hay detrás de todo esto una maquinaria enorme, invisible y oscura a la que conviene que las cosas sean así? No sé, pero por si las moscas, me encomiendo a San Martín de Porres, mi santo protector.