El territorio Manizales, telúrica y poética. Parece metáfora pero no lo es. Enclavada en Los Andes, rodeada de niebla y verdes abismos, de tiempo y de luz, abriendo de nuevo sus puertas y convocando a todas las regiones del mapa colombiano.

MARTÍN RODAS IZQPor Martín Rodas*

El idioma: la poesía y la narrativa. Once escritores (poetas, narradores, periodistas, directores de revistas, blogueros, docentes, etc.) nacidos o radicados en Manizales, donde han hecho su nombre literario. Y los ocho restantes de Quindío, Valle del Cauca, Antioquia, Bolívar y Bogotá. Hablo del “Primer Festival de Literatura: Nos queda la palabra”. Bello nombre que abraza profundas reflexiones en estas épocas de desencanto vital y hondas heridas. Por fortuna es apenas el primero, y no es una cifra sino una promesa de futuras y vastas ediciones. Su director es el poeta Uriel Giraldo Álvarez, docente de la Universidad de Caldas, quien en su invitación nos dice: “Todas las artes buscan la verdad. Aunque algunas prescinden de la palabra en su búsqueda, entendemos que hay verdades, tal vez las más íntimas del ser humano y de las sociedades, que solo pueden expresarse con ella (…), pues la palabra también sirve y ha servido para mentir. Ahora debemos recuperarla para decir las verdades que la sociedad necesita, por dolorosas que sean; y si hay que inventar palabras, como suelen hacerlo los poetas, que sea en pos de la verdad y no de la mentira”. El territorio: Manizales, telúrica y poética. Parece metáfora pero no lo es. Enclavada en Los Andes, rodeada de niebla y verdes abismos, de tiempo y de luz, abriendo de nuevo sus puertas y convocando a todas las regiones del mapa colombiano.

Y tras Uriel una gran mujer, la artista Yolanda Arias Gómez, tímida pero efectiva a la hora de apuntalar este generoso proceso y quien nos deleitó con su grupo A Cantaros Danza presentando la obra “El Laberinto”. Este primer festival fue asesorado con acierto por el escritor Jairo Hernán Uribe Márquez.

Mencionando otros eventos importantes, como el de esta fiesta literaria, Manizales se estremece en sus nervios más profundos (he allí lo telúrico), con la apertura del Parque del Agua Olaya Herrera; el Café Tazzioli en la Catedral; el VII Arte por la Vida; el Festival de Graffitis “Narrativas Urbanas”. Esto sin profundizar en los demás espacios que se han consolidado como la Semana Mundial de Poesía, que organiza La Fundación Cultural La nave de Papel (en poesía); la Tercera Feria Audiovisual, organizada por Red Espiral (que estrenó sede propia) y el rescate de las expresiones populares en la Plaza de Mercado o Galería.

Finalizo con un sucinto recorrido por la programación del “Primer Festival de Literatura: Nos queda la palabra” que tuve la fortuna de presenciar, cómo fue la participación de uno de los poetas vivos más importantes e influyentes de la lengua castellana, el polémico Harold Alvarado Tenorio, con su “Ajuste de Cuentas”, que trasciende los límites geográficos para ser leído y reseñado en todo el mundo; Jaime Echeverri, lúcido y mordaz novelista; el poeta de Venecia (Antioquia), León Gil y su febril y cáustica escritura; el cartagenero Raymundo Gomez Cásseres y la poética resolana del Caribe; los médicos Orlando Mejía y Octavio Escobar, con sendas muestras de sus triunfos literarios, refrendados por premios en varios países del mundo; nuestra Juana Echeverri y su vindicación de la voz femenina; Carlos Mario Uribe y su Nave de Papel que avanza contra viento, marea e instituciones indiferentes; y la efectiva presencia de jóvenes amantes y estudiantes de literatura, encargados de una logística realizada con pasión y cortesía.

Larga vida a este festival de literatura, que se presenta como la necesaria presencia de la creatividad poética y narrativa durante el segundo semestre en Manizales. Finalizo con este poema de Blas de Otero, que Uriel Giraldo asume como su himno:

 

Me queda la palabra

 

Si he perdido la vida, el tiempo, todo

lo que tiré, como un anillo, al agua,

si he perdido la voz en la maleza,

me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo

lo que era mío y resultó ser nada,

si segado las sombras en silencio,

me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro

puro y terrible de mi patria,

si abrí los labios hasta desgarrármelos,

me queda la palabra.”

 

Blas de otero, España (1916-1979)

*Poeta, anacronista, escribano, dibujante y pintor; editor de “ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)”.