Entonces volví a preguntarle por qué no aparecía una explícita que fuera: “mestizo”, que estoy seguro es la absoluta mayoría en nuestro país, y su respuesta me dejó estupefacto.
Por Martín Rodas
Hace poco fui visitado en mi oficina por una funcionaria del Dane, quien me entrevistó con el fin de diligenciar un formulario que hace parte de la Encuesta Nacional de Hogares, instrumento que es la base para las estadísticas que tienen que ver con el desempleo en Colombia (eso me explicó ella).
El transcurso de este procedimiento transitaba normalmente, con las mismas aburridas y estandarizadas preguntas de todas las encuestas, cuando algo llamó poderosamente mi atención. Una de las cuestiones indagaba por la “raza” a la que yo consideraba que pertenecía, de las cuales se mencionaba la blanca, la negra, la gitana, la india y creo que otras dos que no recuerdo. De lo que sí tengo memoria es que no existía la opción de la cual me considero partícipe: “mestiza”, pues mi origen es pluriétnico dadas las mezclas de todo tipo que ha habido en mi familia. Indagué por esta falencia a la empleada del Dane, la cual me respondió que la única opción era marcar “ninguna de las anteriores”. Entonces volví a preguntarle por qué no aparecía una explícita que fuera: “mestizo”, que estoy seguro es la absoluta mayoría en nuestro país, y su respuesta me dejó estupefacto.
La explicación dada por ella era que en el proceso de inducción que había recibido le habían indicado que en esta pregunta se pretendía indagar por la ubicación de las razas “puras” en nuestro territorio. ¡Razas puras!… a esta altura de la evolución humana, en donde sabemos que estamos aquí como resultado de mezclas y mezclas y más mezclas. Entonces se me vinieron a la memoria todos los experimentos políticos y sociales que han pretendido depurar la raza, destacando en este punto a los nazis con su autopretendida superioridad, hecho histórico que sabemos de sobra cómo terminó y cuáles son las secuelas que todavía debemos soportar con el resurgimiento permanente de movimientos que pugnan por las limpiezas étnicas.
El análisis histórico, social, cultural y económico que actitudes semejantes ha provocado es bastante copioso, por lo que no pretendo hacer eco de los mismos, pues allí están los estudios e investigaciones que nos alumbran al respecto; lo que sí quiero visibilizar es mi asombro ante el lenguaje que se utiliza en los instrumentos empleados por el gobierno para hacer diagnósticos sobre la situación colombiana y en los cuales palabras y conceptos como “las razas puras” salen a flote descaradamente en un país que es casi en su totalidad mezclado, combinado… revuelto… ¡Por fortuna!
Recuerdo la visita que realicé hace como dos años a uno de los museos que queda en una de las esquinas de la Plaza de Bolívar de Bogotá, en donde se exponen fotográficamente la mayoría de mestizajes que hay en Colombia… el dato es sorprendente, son algo así como ochenta o más… y todos tienen nombre.
Mis comentarios van en el sentido de que somos un crisol rico en diversidad, como un delicioso sancocho de olores, sabores y colores; por eso, conceptos como el de razas puras no tienen cabida en ningún lenguaje, y menos el oficial… y todavía menos en un proceso como el actual que pretende nos reencontremos como hermanos sin distingos de ningún tipo.
Mi color de piel es blanca, tengo ojos verdes y cabello rubio, pero no me considero de raza blanca, pues soy consciente de mis orígenes familiares en donde los tonos de la piel son como el arco iris. En mi cabeza siempre ha rondado lo que me cuenta mi mamá en su deseo de que yo naciera negrito, y por eso me encomendó a San Martín de Porres. Cuando nací y en agradecimiento a que gozaba de buena salud, me puso el nombre de este santo (a quien le tengo estimación por la vida austera que llevó y su devoción por los desvalidos y los animales más despreciados de la sociedad, pues en los cuadros que lo representan aparece con ratoncitos comiendo a sus pies). Con este ejemplo resalto que de ella aprendí a respetar profundamente a las personas sin importar su raza, credo, condición económica o social.
Si la intención del Dane es ubicar territorialmente con exactitud a las etnias mencionadas para efectos de los proyectos y programas que se desarrollarán en el posconflicto que se avecina, creo que el uso del lenguaje debe ser muy cuidadoso dadas las implicaciones que tienen ciertas palabras que han marcado a la humanidad… humanidad que tiene el enorme y afortunado mérito de no ser pura.

