Manuel Ardila (BN)Si revisamos la historia de la humanidad muy por encima nos daremos cuenta de que hemos vivido todo este tiempo al borde del precipicio.

 

Por Manuel Ardila

Hace poco volví a oír la canción y recordé primero la sensación que me producía escucharla (una reacción sensitiva y por lo tanto instantánea) y después regresó a mi cabeza todo un debate que tuve hace unos años cuando la conocí por primera vez, cuando leí su letra y me percaté de lo curiosamente actual que es (aunque no haga falta).

Esta canción de la que les hablo es Bad Moon Rising, tema de esa banda de finales de los años sesenta y principios de los sesenta conocida por el enigmático nombre de Creedence Clearwater Revival. La letra de la canción, igual que su instrumentalización despide fuerza a pesar de su evidente sencillez y su reminiscencia a ritmos autóctonos del país del norte y definitivamente es en esa  tradición donde halla el tema de fondo: una luna “mala” que se alza imponente en el cielo nocturno y que a través de su maligna aura nos comunica que el final de los tiempos está cerca.

El narrador que habla a través de la canción nos  avisa de terremotos, huracanes e inundaciones. De ira y ruina atestiguadas por una enorme luna que asiste impertérrita al final de los tiempos, no sé sabe si a John Fogerty, líder de CCR y compositor de la canción le sirvió de inspiración para escribirla toda aquella época turbulenta de finales de los sesenta y principios de los setenta en la que apareció originalmente pero es muy probable que así fuera: Un movimiento hippie y su “flower power” extinguiéndose junto con todas sus promesas  de cambio, mientras Estados Unidos empezaba a dar por perdida una guerra que en el papel estaba absolutamente ganada. Esos Estados Unidos de América que empezaban a salir de su ingenuidad y respondían ante el despertar con rabia.

Aún así esta etapa no es notablemente especial, es más bien común. Si revisamos la historia de la humanidad muy por encima nos daremos cuenta de que hemos vivido todo este tiempo al borde del precipicio. ¿Acaso esa Luna Maligna no podría haberse alzado durante la caída del Imperio Romano?, ¿durante el auge de la peste bubónica?, ¿la Primera Guerra Mundial?,¿la Gran Depresión?, ¿la Segunda Guerra Mundial?, ¿las Crisis del Petróleo de los setentas?, ¿En esa década de los años ochenta en la que el género humano se quedó a las puertas de la auto aniquilación en forma de holocausto nuclear?

¿No está esa misma luna brillando ahora en todo su esplendor mientras ve durante este 2015 al mundo entrando en una nueva recesión económica global?, ¿con países y economías enteras arruinadas como las de Grecia y Puerto Rico?, ¿revisando los sobrecogedores efectos de una cambio climático que solo irá a peor con el paso del tiempo?, ¿con una población humana que crece a pasos agigantados mientras los recursos escasean y la desigualdad campea?, ¿con el atestiguamiento de una crisis de desplazamiento interno y externo como no se ha visto desde la Segunda Guerra Mundial; alimentada entre otras cosas por sistemas democráticos cada vez más débiles  y por una amenaza extremista cada vez más atomizada, diversificada y radicalizada?

¿No hemos estado exorcizando al Apocalipsis desde hace mucho tiempo, conjurándolo, llamándolo para así encararlo y poder alejarse de él?, ¿no ha sido a través de la representación de esa luna hermosa, aquella a la que hemos inyectado de sangre y hemos acusado de nuestros raptos de locura, que hemos encontrado la forma de canalizar nuestros más profundos miedos, de traerlos a la superficie a través de las más variadas expresiones artísticas y quitarles ese influjo, ese terrible poder que ejercen sobre nosotros para así poder seguir adelante aunque el panorama no se vea favorable?

Por ahora sé que aunque ahora tenga fresco el recuerdo de esta gran canción en mi mente,  tarde o temprano será reemplazado por otros pensamientos más o menos relevantes. Estoy seguro que la vida o la casualidad me darán la oportunidad de volver a oírla en unos años y que, de nuevo, esa primera emoción y ese primer pensamiento volverán a asaltarme.

Volverá la misma discusión a mi cabeza y encontraré nuevos futuros signos de ese Apocalipsis que se acerca, nuevas amenazas encajadas en un mismo guion. Este ciclo será  repetido infinitas veces por otras personas que evocarán esta canción u otras canciones o pinturas u otras producciones de nuestra mente hasta que la humanidad desaparezca definitivamente de la faz de esta Tierra y de cualquier otra. Muy probablemente la Luna seguirá acompañando a la Tierra muchos años más después de aquello y seguirá altiva y radiante, blanca y hermosa como siempre, aunque ya no quede nadie capaz de admirarla en toda su extensión.

Y así son las cosas, La Luna es y será el testigo de mil batallas ganadas y una guerra perdida.