Las necrópolis no solo son para ir a llorar y recordar, sino también, como hacen en algunos países andinos, para ir a cantar, recitar poesía y comer con los parientes finados; porque como reza las palabras de Jesús y que son un motivo para no perder la esperanza: “el que crea en mí, aunque esté muerto vivirá”.

DIEGO FIRMIANO

 

Por: Diego Firmiano

La noticia salió esta semana y causó sensación: Fenalco propone administrar los camposantos rurales para ofrecer sepelios con un servicio mejorado y más moderno. Las razones que llevaron a la corporación a hacer la propuesta fue la mala infraestructura de los cementerios, la insalubridad de las exhumaciones de restos óseos (incluso incumpliendo normas dictadas por la CAR), el mantenimiento, seguridad y ornato de los camposanto y los precios que no se ajustan a la tabla de valores del mercado.

Y hasta un punto tienen razón. La modernidad obliga a renovarlo todo y este nicho funerario en las pequeñas ciudades está aún sin explotar. Pero las personas que viven en las regiones rurales no piensan igual. La impresión reinante es que se va a privatizar la muerte cobrando más caro el servicio de entierros y alquiler de bóvedas. A la gente le preocupa saber qué pasará cuando mueran y algunos otros dicen jocosamente que ya no se podrán morir si van a cobrar más por un servicio tan elemental. La resistencia al cambio tiene también sus argumentos.

Ahora, la pregunta es ¿qué implica la renovación de un cementerio? Lo ideal sería que si ya no se cobra $750.000 por el alquiler de una bóveda, sino 7 millones, se haga del “barrio de los acostados” un lugar ecológico, con energía derivada de paneles solares, bóvedas transparentes, obras de arte, música de fondo y pongan al menos servicio de internet. Suena risible, pero si el mercado ofrece modernizar el servicio, lo que se piensa es que al menos tendrá tecnología de punta. ¿No dicen que los muertos se comunican del más allá? Entonces Fenalco debe ayudar a unir a los vivos con los muertos.

Las necrópolis no solo son para ir a llorar y recordar, sino también, como hacen en algunos países andinos, para ir a cantar, recitar poesía y comer con los parientes finados; porque como reza las palabras de Jesús y que son un motivo para no perder la esperanza: “el que crea en mí, aunque este muerto vivirá”.

¿En qué terminará la propuesta hecha por Fenalco a las diócesis y parroquias encargadas de las administraciones de los cementerios? No lo sabremos hasta muy pronto. Pero eso sí, mientras se llega a un acuerdo, no faltará la creación de servicios como la opción de ver su ser querido las 24 horas por video internet. Entierros on-line con opción de clicar el nombre del difunto y ver su historial de vida. O simplemente tumbas con entradas USB y pantallas táctiles para sentir por última vez a su pariente. El capitalismo tiene la última palabra, porque en esencia, privatizar el servicio funerario es ofrecer un mejor servicio a los vivos sobre sus muertos.