MARTÍN RODAS IZQ“Comenzaba la noche en una de las tantas favelas de Río de Janeiro. La luna iluminaba la risa de Natán, mientras conversaba y jugaba con sus amigos en la puerta de una panadería. Al lado del grupo de niños, Kaká, un joven de 17 años, hacía rodar ostensivamente una pistola entre sus dedos. Natán, inquieto, le preguntó: ‘¿es de verdad?’. Kaká, sin dudar un instante, respondió: ‘¿quieres ver?’. Y le disparó un tiro en el rostro, destrozándole la vida. Tenía 12 años y quería ser fotógrafo.”

(Pablo Gentili, “Las balas de un futuro desgarrado”.)

 Por: Martín Rodas

El pasado miércoles 19 de marzo, luego de asistir en la Alianza Colombo Francesa de Manizales a una actividad que hacía parte de la agenda del I Salón Nacional de Poesía Visual, algunos poetas participantes en la Semana Mundial de la Poesía nos dirigimos a Juan Sebastián Bar, un sitio ubicado en el sector de El Cable donde cada año se celebra una velada poética. Yo me retiré después, dados mis compromisos académicos y laborales desde muy temprano al día siguiente, por lo cual no pude acompañarlos toda la jornada. Al otro día, me sorprendió la llamada de Carlos Mario Uribe, director de La Nave de Papel y organizador de esa semana poética en Manizales, quien desde el Hospital Universitario me daba la nefasta noticia de que había sido herido, junto con el poeta manizaleño Edgar González “Cocherín” y el poeta mexicano Roberto Resendiz (cuya condición era crítica en ese momento). La agresión fue absolutamente brutal y los causantes de tan repudiable hecho habían sido los integrantes de una de las tantas pandillas que circulan por la ciudad.

Titulo mi columna con el nombre de la película de 1989, “La sociedad de los poetas muertos”, dirigida por Peter Weir y protagonizada por Robin Williams, quien interpreta a un profesor de literatura que, valiéndose de la poesía, inspira un cambio profundo en el transcurrir vital de varios de sus alumnos. No pretendo extenderme en la trama del film, pero sí enlazar su mensaje con la situación que vive nuestra sociedad, en donde el arte y la cultura se ven afectados por la espiral de violencia que, con lo sucedido en Manizales, demuestra que las cosas van de mal en peor mientras las sombras de la muerte amenazan con opacar el brillo de la libertad y la creación.

En este momento sólo preguntas rondan mi mente: ¿qué pasa con estos jóvenes que únicamente tienen argumentos tomados de la violencia para dar a conocer sus voces brutales y aterradoras?, ¿por qué la sevicia con que tratan de aniquilar toda expresión de humanidad?… ¿por qué se matan entre ellos y matan a los demás en el sinsentido de la violencia por la violencia?… ¿Acaso son más monstruos que este sistema que los está produciendo?… ¿Acaso sólo la represión bastará para acabar con este mal?… Estas preguntas me llegan como flechazos y a ellas trato de responder con reflexiones en torno a la situación económica, cultural, social y política de esta sociedad que no me gusta, pues en medio hay miseria, falta de oportunidades… en fin, todo lo que se le endilga a la pobreza de nuestros pueblos, y con razón; pero también es verdad que en esta debacle están involucrados jóvenes que provienen de estratos con buenas capacidades económicas, pero que tampoco quieren trabajar o estudiar y cuyo único sentido de vida es integrar grupos que siguen el paradigma que han impuesto las barbaries contemporáneas reflejadas en las guerras que se viven tanto a nivel global como en los núcleos más pequeños de nuestras ciudades.

¿Qué pasa?, es la gran pregunta que nos hacemos en estos momentos de dolor, pues la poesía está triste, la ciudad está triste; porque es inconcebible que estas cosas sucedan, pero que además ocurran a diario, y sólo el hecho de que una de las víctimas haya sido un poeta mexicano importante sirva para visibilizar un estado de cosas que afecta a la sociedad en general.

Qué pereza nuestras calles parecidas a campos de batalla; qué pereza estar obligados al refugio tempranero sin la posibilidad de contemplar la luna llena por miedo a ser atacados; qué pereza que sólo cuando sucede un asunto de estos las instancias gubernamentales acudan a lamentar lo sucedido y que cuando se acudió en su apoyo para la Semana Mundial de la Poesía de Manizales, hayan despachado al organizador del evento, de quien doy fe que realiza esta importante actividad para la ciudad con las uñas, solo le hayan dado unas palmaditas en la espalda deseándole “mucha suerte”, como lo hizo el Instituto de Cultura y Turismo de Manizales.

Me comentaba Héctor Fabio Ospina, importante pedagogo latinoamericano, investigador y profesor del Centro de Estudios Avanzados en Niñez y Juventud del Cinde y la Universidad de Manizales, muy preocupado por lo sucedido, que las raíces de este problema endémico de nuestra sociedad se deben buscar en lo más profundo, en lo estructural, en la memoria, la libertad y la dignidad de los pueblos, porque es un problema de todas y de todos. Estoy de acuerdo con Héctor Fabio, pues creo que estamos en una crisis de sensibilidad, la cual ha sido opacada por el dinero, el consumismo y la superficialidad de un sistema para el cual el ser humano es sólo una mercancía.

Estos muchachos y muchachas que cometen actos tan crueles no están solos en la culpa, es la sociedad en general, y nosotros como gestores culturales debemos responder con arte, con cultura, para que, valiéndonos de la poesía, desde ella misma, contribuyamos a inspirar un cambio profundo en el transcurso vital de las personas. Por esto los poetas hemos decidido continuar pluma en ristre cabalgando sobre el enjuto “Rocin-arte”, cual Quijotes, como lo hicimos después de aquel aterrador 19 de marzo, pues el evento prosiguió y concluyó en medio de un éxito total, con el apoyo de la ciudadanía que acudió multitudinariamente al llamado de la poesía contra la violencia y por la paz fundida en un abrazo solidario en el escenario del arte y la cultura. Se demostró que es la poesía la que nos mantiene vivos, porque no somos “la sociedad de los poetas muertos”, somos “la sociedad de los poetas vivos”, y por eso propongo que cada 19 de marzo en el marco de este evento cultural se celebre en el sitio en que ocurrieron los hechos, un acto permanente a la memoria y contra el olvido y que tenga como nombre el lema bandera de la Semana Mundial de la Poesía en Manizales: “¡Viva la poesía viva!”