Colombia debería ser un país que fomente la educación para los mismos a quienes les importa  embutir fajos de billetes en sus bolsillos, para indagar si de esta manera les hacemos ver que lo más importante no solo es el dinero…

 

Por: Juan Daniel Serna Morales

¿Qué pesa más, el bienestar de una comunidad o el interés de un capital financiero? Creo que en Colombia siempre es el peso del papel que representa la riqueza. Algunos dicen que a veces es innecesario batallar contra un monopolio que lo único que siempre quiere es generar ingresos de una manera tan estrafalaria que no les importa arrollar los intereses comunes de las personas.

¿Hablar o callar? Una buena pregunta para el análisis de una sociedad que está aprendiendo o que trata de no ser violenta. La defensa de los intereses de un lugar, un grupo de personas o una causa que vaya en contra de las inyecciones del dinero, siempre resulta peligroso (véase el caso de los líderes sociales asesinados en el país). Pues ante los intereses de algunos poderosos, se ven perjudicados los otros y quien habla y se opone, no le preguntan si quiere callar, sólo lo obligan con la voz de las balas.

Se supone que un país como Colombia, en el que hay libertad de expresión, que trata de practicar el laicismo y que se jacta de decir que hay que escuchar a la comunidad (como se establece constitucionalmente) debería de por lo menos cumplir con lo último. Lástima que no sea el caso.

A diario, el territorio colombiano se ve inundado por la cantidad de dinero que ingresa a cada segundo. Pero ¿para quién ese dinero? La respuesta es simple y no tanto. Siempre son sumas exorbitantes que llegan a los bolsillos de algunos pocos que tienen el poder en el país, esos que hacen que exista un crecimiento de la economía solo enfocado a algunos sectores, esos que se jactan mostrando los indicadores económicos, esos que se enorgullecen de decir cuántos barriles de petróleo se producen en un día (obviando los impactos ambientales que se derivan de la extracción del crudo), esos que venden nuestro territorio como si de un producto se tratase.

Oponerse a la economía no es una opción, después de todo ¿a quién no les gusta un poco de dinero? Lo que sí vale la pena es que se tome la misma economía desde una perspectiva mucho más equitativa, de que no sea una excusa para atropellar comunidades para la construcción de vías, hoteles, la instalación de megaproyectos, edificios para la producción industrial o cualquier tipo de infraestructura que afecte a una comunidad directamente.

Conociendo la diversidad cultural, étnica y todo tipo de artilugio que nos representan como sociedad, Colombia debería ser un país que fomente la educación para los mismos a quienes les importa  embutir fajos de billetes en sus bolsillos, para indagar si de esta manera les hacemos ver que lo más importante no solo es el dinero, sino también nuestra riqueza en ecosistemas, comunidades, personas y recursos naturales. El país se debe pensar desde los territorios y no desde la comodidad de los escritorios en Bogotá.