MIGUEL ÁNGEL RUBIO OSPINAPorque esto no es un golpe de estado al palacio Liévano, esto, ante todo, es una puñalada trapera a la disidencia de izquierda que, gústele o no a los políticos, ha dado los debates fundamentales en Colombia en los últimos 20 años.

Por: Miguel Ángel Rubio Ospina

Más peligroso que un mártir muerto es un mártir vivo; esto es lo que está pasando desde este momento en Bogotá, si nos atenemos a los hechos que han sido noticia tras la destitución del alcalde Gustavo Petro.

El respaldo popular al burgomaestre, mostrado en la plaza de Bolívar de forma masiva y total, es ante todo un acto profundamente democrático, profundamente sentido, profundamente vivido y amoroso (sin caer en cursilerismos del caso) pero es, ante todo, una señal, una advertencia a las clases dirigentes tradicionales, a las oligarquías capitalinas, a los doctorcitos de la patria, que el pueblo  está  cansado, realmente cansado, de medidas que no le ajustan al vestido que dichos sastres nos están proponiendo.

Y no se trata en estas líneas de buscar la objetividad, cuando ni el gobierno, el ministerio público, ente de control y acción preventiva, no lo han sido ni lo serán, al momento de perseguir y destituir a su libre albedrío, sin el debido proceso y de espaldas a la opinión pública, a quienes piensen distinto a Torquemada. Es decir, a Alejandro Ordóñez, procurador general de la nación, quien desde su elección ha tomado decisiones con la Biblia bajo el brazo, en contra de los derechos fundamentales que alientan la lucha civil y política en Colombia. 

La dirigencia capitalina ha de estar indignadísima (esa gente divinamente, resgia mi chino), por el discurso incendiario, (según ellos) que Petro dio al caer la tarde, en el balcón del palacio Liévano. Allí, él, con toda razón, se descargó contra la historia colombiana de la infamia, recapitulando los grandes magnicidios de la vida política del país, desde el asesinato de Sucre, hasta el de su copartidario Carlos Pizarro, en una cadena larga, eterna, de impunidades y delitos, tan solo por el hecho de pensar diferente, de querer un país decente.

La Unión Patriótica pasó por sus palabras, con la presencia de algunos de sus miembros, entre ellos la candidata a la presidencia por este movimiento Aída Abella, quien acompaño valientemente al Alcalde en el palco desde el cual instó a la ciudadanía que lo apoyó en su campaña, a la cual ha transformado despacio, sin afán, con medidas que verán su fruto prontamente, a la cual ha defendido devolviéndoles lo que a bien les pertenece, a una serie de movilizaciones ciudadanas, por calles y plazas, no solo de la capital, sino ante todo del país, porque esto no es un golpe de estado al palacio Liévano, esto, ante todo, es una puñalada trapera a la disidencia de izquierda que, gústele o no a los políticos, ha dado los debates fundamentales en Colombia en los últimos 20 años.

Los hechos no son gratuitamente coincidentes. Primero un ministro mediocre ataca al más brillante congresista de los últimos años en Colombia, de la izquierda por supuesto, montando a los medios el pedazo de una grabación que le interesaba inducir en la opinión siempre comprada, constreñida, amputada de la verdad; antes, el Presidente acusó, sin pruebas, a Robledo, de quien vengo hablando, de ser el instigador de los paros campesinos que Colombia vivió en el mes de agosto.

Pues Robledo, en un jaque mate, derribó al dueño de  la corona, al embajador de Colombia en los Estados Unidos, por el caso de las tierras en el Vichada.

Meses atrás, la procuraduría general de la nación no solo suspendió, con la pérdida de investidura, sino con la destitución e inhabilitación para ocupar cargos públicos y de elección popular, a la valiente senadora Piedad Córdoba, debido a su estrecha relación con el secretariado de las FARC, desconociendo que fue esta cercanía y su capacidad de interlocución con este grupo disidente armado, lo que ha permitido que muchos secuestrados y retenidos hayan recuperado su libertad.

Pero ahí está, Ordoñez, destituyendo a capa y espada, quitando con el machete la maleza que le estorba en el camino para una consolidación de un proyecto neolaurenista en Colombia, cercano en simpatías muy profundas a los Nazis, que desde Voto católico y Tercera fuerza, lo podrían potenciar como un posible candidato a la presidencia en la vigencia 2018- 2022 y en la cual hubiera tenido que enfrentarse a un Petro con altas posibilidades presidencialistas.

Sin embargo, el tema por el que fue destituido es una minucia. Es preciso advertir los errores que hubo posiblemente en términos del cambio de modelo en la recolección de basuras en la capital, en la transición y las muy probables irregularidades que alega la procuraduría en la contratación. Pero hoy, un año después, este modelo funciona y funciona bien, era preciso que ese caos, que sucedió tras la decisión, generara traumatismos, pero más allá de eso, ¿qué callos se pisaron en este particular? ¿Qué molestó tanto a Miguel Gómez, vástago desafortunado del laureanismo en Colombia, y a Ordóñez y su proyecto camandulero como para pegarse de la basura de Bogotá, que nunca antes les había importado, para destituir un alcalde que no es de sus gustos personales?

Pues realmente no es más que una fachada. Tanto a Ordóñez como a Gómez, cuyo referendo revocatorio fracasó estruendosamente, lo que no les gustó de Petro fue que, ante todo, y con los problemas de su gabinete, y con los desacuerdos con sus amigos políticos, Petro fue, antes que nada,  un gobernante  incluyente en temas como la comunidad LGTBI, se metió con la corporación taurina  llevando a Bogotá a terminar la temporada y convirtiendo la plaza Santa María en un escenario cultural para la gente, entregando el mínimo vital de agua, organizando el SITP, y logrando obtener el premio a mejor alcalde de Iberoamérica hace tan solo unas semanas. ¿Y a quién William Vélez  pertenecía antes el monopolio de la recolección de basuras en Bogota? ¿A qué familia Uribe Moreno, en cuerpo de sus dos hijitos, les interesa el asunto del reciclaje? Adivina adivinador.

Si Petro ha de tener que cargar con el karma de un error, será el de haber votado por Ordóñez cuando era congresista, para su primer mandato como procurador. Este ha sido un error que hoy él ve como se le ha devuelto y como aun, siendo un error de cálculo político, lo ha herido sin matarlo.

A todas luces, Ordóñez ha hecho un favor al pueblo necesitado de esperanza, de dignidad, de valentía, ha entregado en sus brazos un mártir, vivo, además, que habla de cuerpo presente, y que posee un pasado guerrillero (cosa que tampoco han podido superar ni él ni Miguel Gómez) a todo honor, que estoy seguro que volverá a emerger, si este país no comprende como parece que no quiere hacerlo, que merece, como Macondo, una segunda oportunidad sobre el planeta.

¡¡¡Adelante comandante Aureliano!!!