La tecnología va a seguir colonizando libertades, de eso se trata el sistema, desde las más personales y subjetivas hasta las más culturales y colectivas, a través de imposiciones y aparentes comodidades.

 

Jorge Beltrán COLPor: Jorge Beltrán

– ¡Bueno días! – “Me dijo”. Convengamos en que fui algo curioso esa mañana en las redes sociales. Apagué la alarma y una cosa condujo a la otra, así es como pasan las cosas y fue así como esos ¡Buenos días!,  se convirtieron en el primer saludo del día, uno de los pocos en la semana y seguro hubiera podido haber sido el único. Las personas ya no saludan.

No voy a juzgar de antemano lo qué puede ser malo o lo qué no. No sería coherente, ni pretendo ser un juez de esos que tiran la piedra y esconden la mano, lo que si debe quedar claro es que en esta atmósfera capitalista en la que vivimos o sobrevivimos unos cuantos, una suerte de neocolonialismo va a continuar expandiéndose a lo largo de las próximas cien décadas, como mínimo.

La tecnología va a seguir colonizando libertades, de eso se trata el sistema, desde las más personales y subjetivas hasta las más culturales y colectivas, a través de imposiciones y aparentes comodidades. Con sus intentos de depredador e “instintos tecnológicos” insistirá en borrar culturas, identidades y discursos de resistencia o los hará sobresalir con un fin netamente económico. ¡“La libertad” qué concepto atractivo y rentable!

La colonización de libertades personales implica la esclavización del cuerpo como consumidor faltante de una realidad, que nos hace poner en evidencia ante nuevas contradicciones y posturas en la vida como especie (humana), coloniza nuestro tiempo de ocio, tiempo que puede ser muy peligroso porque puede llegar a ser muy productivo y eso no hace parte del plan del opresor. Al final ya sé que “hablamos según la teoría que utilizamos” pero la comunicación siempre está presente. La comunicación también está para desencadenar.

Google, Siri de Apple que son grandes plataformas, incluso los juegos de rol nos están dejando ver también cómo pertenecemos a esa clase de sujetos colonizados, subalternos, subordinados del mismo sistema neoliberal basado en el capitalismo y que cínica o disimuladamente se nos adhiere a un costado de nuestro statu quo reproduciéndose de distintas maneras,  imponiendo de esa forma ciertas libertades; entonces juega, sabe jugar, pone en jaque nuestras emociones, pensamientos y ocios  ¿Entonces, aquí quiénes son los verdaderos gamers?

Es casi irreal cómo Facebook, la red social más común hoy en día, te recuerda hechos de tu pasado o amistades de antaño; se instaura en tu memoria, te saluda, te dice a quién extrañarás si quieres a cerrar tu cuenta, te pide disculpas si te ha molestado, te pregunta qué piensas y ahora hasta te dice ¡Buenos días! y por si fuera poco se hace responsable de hacernos ver nuestros gustos en común sin necesidad de tener que mirarnos a los ojos y descubrirlo ¡Qué interesante! Nos ahorra  ese tiempo para dedicarlo a hacer lo que nos demanda el quehacer virtual. Es el amigo de todos, el que nos presenta, el que nos pone a “dialogar” y el que siempre “está”

Es algo aterrador si se piensa desde una manera más allá de la utilidad o inutilidad de las redes sociales. Facebook es una matriz virtual que va cobrando vida, y vidas. Busca definirse como “humano” para mimetizarse entre los afectos y confundir a la gente que día tras día tras día, es más individualizada en una era de soledades ególatras que se buscan solas a la distancia. Almas que se dicen “libres” pero sólo buscan sentir menos pesada la carga de una existencia miserable que la misma tecnología les representa y que la gran mayoría quiere pasar por alto. Como no hay garantías no la cuestionan y siguen atándose cadenas pensando que esa es su “libertad”. Se hacen libres dentro de sus propias jaulas, son colonizados en sus libertades, esclavizados en sus cuerpos.

El cerebro es un músculo que afecta al cuerpo y que  a su vez es afectado por el cuerpo, es decir, están en una íntima comunicación bidireccional. Estudios científicos recientes como los  realizados por el argentino Facundo Manes, neurólogo clínico y neurocientífico argentino confirman esto y además  agregan que cada cerebro es distinto según el contexto en el que se desarrolle, es decir a las condiciones a las que lo exponemos. ¿Cómo el cerebro humano, expuesto continuamente a este tipo de referencias que de alguna manera nos son impuestas como “libertades” mimetizadas en la realidad o hiperrealidad, se ve afectado y llega a ser colonizado por el mercado?

¿Será que el humano podrá  usar su  libertad  para impedir  la invasión de los otros en su libertad?  Acaso el futuro más allá del futurismo, es una pesada carga que caerá por su propio peso y entonces la naturaleza tendrá que volver a un “antes”.  Dicen que el hombre siempre vuelve a los sitios donde amó la vida. ¿Habrá un hombre en ese antes? ¿habrá libertad que no esté entrecomillas?