A mí lo que me preocupa no es que se hagan este tipo de cosas en la política –hace tiempos perdí la esperanza en cualquier ideología y sus caudillos, nadie nos va a sacar del atolladero a punta de votos–, lo que me realmente me preocupa es que el concejal Steven Cárdenas nos deje sin buñuelos para el 24 y el 31 de diciembre.

 

Por: Miguel Ángel Rubio Ospina

Circulan en redes sociales fotos del concejal de Pereira por el Partido Conservador, Steven Cárdenas, repartiendo buñuelos y natilla, con gorrito navideño. Los mismos, llevan a su vez, un banderín con publicidad política a nombre del candidato.

Por supuesto, las fotografías se viralizaron por acción de sus opositores, y por qué no, de sus simpatizantes y hasta él mismo; pues no hay mejor publicidad que la publicidad negra o afrodescendiente, para que no me insulten los incluyentes; con el fin de conseguir voticos para su partido en las próximas justas electorales 2018 y 2019. Los concejales de partidos supuestamente opositores que difundieron estas fotos pactaron con el alcalde Gallo; todos, desde el Polo y los Verdes hasta la Unión Patriótica y el MIRA.

Acá el problema no es de ilegalidad, el concejal bien puede destinar sus recursos y dar buñuelos y natilla a sus amigos y seguidores, y si quiere marcarlos también está en su derecho; el conflicto en esta cuestión es el de la práctica política ejercida por el concejal. Hoy ya no hablamos de candidatos y programas políticos, eso quedó para el idealismo de los muchachos que aún creen que la democracia puede cambiar el mundo; hoy, estamos ante empresas electorales, los candidatos son vendedores y las propuestas portafolios que se cambian cada cuatro años. Algunas empresas, las más sólidas y algunas medianas, suelen enviar a sus clientes y amigos anchetas navideñas con los nombres de sus empresas, intercambiando formalidad por publicidad, práctica que nadie denigra, pues, si mañana nos llega a la puerta un plato de natilla y buñuelos de parte de una empresa como Almacenes Éxito, nadie se verá afrentado en su ética.

Pero Steven Cárdenas no es una empresa, así sus caciques y jefes políticos le insten a actuar y ser de ese modo. El joven concejal es un representante de los sectores que votaron por él, líderes comunitarios, ciudadanos adeptos al partido Conservador (el mismo del gobernador y el alcalde) etc., los cuales esperan que el concejal haga su labor, legisle en torno a lo que prometió y vele por los intereses generales de la ciudad, sea honesto y no constriña la voluntad del votante a la condición de la dadiva.

Ahora bien, él es un político hábil, joven, pero heredero de las más reprochables formas de la política, y  sabe que si da buñuelos con banderines a su nombre y el mismo los reparte, va a proyectar una imagen de ser sencillo, humilde y un bacán entre sus seguidores, y amarrará los votos de sus candidatos al senado y cámara, por supuesto, los suyos, de la subsiguiente legislatura en el concejo.

A mí lo que me preocupa no es que se hagan este tipo de cosas en la política –hace tiempos perdí la esperanza en cualquier ideología y sus caudillos, nadie nos va a sacar del atolladero a punta de votos–, lo que me realmente me preocupa es que el concejal Steven Cárdenas nos deje sin buñuelos para el 24 y el 31 de diciembre.

Felices fiestas