Alan Gonzáles ..Es el positivismo el que ha dado como resultado la inanición de pueblos y grandes urbes, ya que sirve a los círculos de poder, los cuales aplican con eficacia y eficiencia los dispositivos de alienación social que han logrado enterrar en vida la esperanza de la especie.

Por: Alan González Salazar

A pesar del título rocambolesco, parafraseo a Dostoievski, su diario, o si se quiere a de Quincey, para, como ellos, dar una visión de la vida actual, otorgando otra categoría, a saber, la aceptación de la partida de lo divino. Por siglos la Iglesia dominó los testimonios de las pasiones mejor dotadas de los seres humanos, es decir, que creó un deber espiritual transmitir pulsiones singulares que encuentran plasticidad en la palabra, dignidad (si algo nos queda).

Por ello, no confío en lo que hemos dado en llamar “realidad”, el vacío, según Lacan. Su mediación, empírica e imaginativa, hacen imposible la aprehensión de un mundo en supuesto uniforme. Simulacros, eso veo: efectos, máscaras, intereses. Me sirvo de Flaubert, “execro la realidad”. Ser libre es estar condenado a la angustia de elegir, al tedio, como define Heidegger el ser; se justifica entonces a través de las palabras… una suerte de locura, quizá, el exceso de no bastarse con la vida cotidiana, hecha de sacrificio y de nada, donde cada noche nos preguntamos, igual que el poeta Jorge Gaitán Durán, “Si mañana despierto”. El delirio, el delirio, fondo último donde se resuelve el destino; organizar el odio como enseña Bakunin, jugarse la vida en aquello que es digno de ser amado, aceptar esta ambigüedad irreconciliable, fuente de nuestra tragedia, el sueño de la razón que engendra monstruos, la de “ser para padecer”. Ley enemiga, dirá don Rafael Pombo.

Camino al espejo, en la infancia, surgió la pregunta: ¿Cuándo he de nacer? Ahora anticipo mi muerte; sólo que carezco de método para dejar pasear su sombra empedrada de palabras sobre esta lápida o papel. Reconozco la vida excesiva, como la naturaleza, en mí, neurótico… Llego a casa y cierro una puerta para siempre, me entrego al amor, al sueño.

Sin deber ni propósito, se logra la evasión tan necesaria para crear, eso digo cada vez que pregunto, perdido en los otros. Creo en el anarquismo, en el pensamiento reaccionario, lejos de los alicientes del placer renuente. No es un secreto que la sociedad se deja gobernar por valores sospechosos, uno debe vivir entonces al margen, aunque se muera de hambre, es mejor reventar de una vez y no a plazos. Ser ácrata, ¿quién escupe a la gloria? La zarabanda de los mediocres. La Fama es un avechucho griego, más le valdría haber nacido en el infierno ¡Ser universal! ¡A quién se le ocurre!, hordas de impotentes adictos a la fruición vana, ¿no ha nacido, les pregunto, alguien vivo entre nosotros? Flores y mentiras, regalos que se le dan a los muertos… ¿quién desea la lucha sin cuartel? El triunfo intelectual es la excepción a la norma (Anormal). El creador será combatido o esclavizado. Es el positivismo el que ha dado como resultado la inanición de pueblos y grandes urbes, ya que sirve a los círculos de poder, los cuales aplican con eficacia y eficiencia los dispositivos de alienación social que han logrado enterrar en vida la esperanza de la especie. Le hemos encomendado a la razón de estos sistemas una responsabilidad superior, sin protesta alguna, entregados en masa a la ciencia ciega de la explotación, de la muerte.

Si algo enseña Zaratustra, es que existen lucha y desigualdad incluso en la belleza. Bueno y malo, y rico y pobre, y elevado y minúsculo, y todos los nombres de los valores: ¡armas deben ser, y signos ruidosos de que la vida tiene que superarse continuamente a sí misma! Los seres se ven enfrentados, unos a la profundidad y el vuelo, otros a la vida mineral, y en mayor medida, a la violencia. ¿Será el olvido al que nos enfrentamos, el perdón de los excesos de algún dios?