… pues lo dejo ahí para que vean la cara de todo un campeón que nunca supieron ni qué propuso, ni cómo llegó a donde llegó. Además, a esto sumemos los gastos que suponen contratar a alguien para quitar esos papelitos, toda una tragedia griega, ya se gastó mucha plata pegándolos, quitarlos no parece rentable…

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Por: Valentina Rojas Gallego*

Estamos en tiempos de elecciones políticas (y que viva la obviedad), lo que suele dar lugar a un bello cambio del paisaje urbano, el cielo se pierde, y lo único que parece estar presente es el nuevo estado en el que entran el tráfico y las paredes con unos interesantísimos volantes de papel barato; es cierto, no es que las paredes tengan una belleza intrínseca digna de ser admirada en la cotidianidad de la vida, pero es que tanta insistencia impresa altera la percepción, y sí, es cierto, de algún modo se debe dar divulgación política por eso de la diversidad de opinión al momento de votar y no sé qué otro cuento, pero es que una cosa es hablar de política, y otra de idiotas, y aquí es donde raya con lo problemático.

Yo entiendo que es muy sencillo y hasta obvio argumentar, desde una persona a quien le convenga, que sin este tipo de publicidad, el ejercicio político no se podría dar con esa belleza tan característica que tiene que un conjunto de personas funcionen bajo unos mismos ideales, es más, hasta alguien a quien no le convenga lo puede argumentar. Yo, en un estado ideal también lo argumentaría, pero es que siendo sincera, y basándome en lo que las palabras realmente son y no en lo que inventamos sobre ellas, puedo meter las manos al fuego y decir que, ninguna de esas cosas pegadas en los muros de esta ciudad son realmente publicidad política, y del mismo modo, me vuelvo a quemar las manos y digo que no son más que idioteces y derroche. Me explico, “política” en el sentido más puro, es lo referente a las decisiones con respecto a la ciudad, y por extensión, las decisiones en pro de la ciudad; por otro lado, mencioné la “idiotez”, bueno, pues resulta que ser idiota, en la misma línea, es no más que la palabra antagónica para la persona política, por allá lejos los griegos nos dieron la palabra idiota como la definición más apropiada para quien prefiere centrarse en sí mismo antes que en su ciudad. Dejando esto claro, quiero ver cómo se me puede negar que lo que vemos de manera pintoresca en los muros de nuestra ciudad, puede ser considerado un ejercicio de política; ¿política? Por favor, díganme que es política cuando esas cosas realcen propuestas o ideas reales y no fotografías de rostros con abuso de photoshop, y es precisamente esto lo que convierte a la tal publicidad política impresa en no más que idioteces, ahí no le dicen a nadie “vea, vote por mí que yo mejoro la movilidad de la ciudad”, ahí, siendo optimista, dirán “ve…, como que me dejaron bonito en esta foto; tengo la plata, la influencia y la oratoria, como para que solo con mi cara impresa millones de veces pueda conseguir el voto de no sé cuántos miles, pues lo hago”, y eso, no es más que idiotez y narcisismo, sin siquiera tener que abordar aspectos psicológicos.

También me podrían decir que vive y deja vivir, que son idiotas, que hagan lo que quieran, que es plata de ellos y voto de uno, pues sí, pero no; es que no habría ningún problema de no ser porque en cada semáforo que pueda ser pensado hay mil volantes de papel dañado por la lluvia de los mismos tres candidatos; y pongo la situación que estoy segura es más común: que uno vaya en el bus, y que al menos cuatro semáforos estén en rojo, que tres de esos usted tenga alguien bonito para mirar en el bus, un mensaje en el celular, o sueño para cerrar los ojos; pero seguro, que en uno de esos semáforos lo único que podrá hacer va a ser ver esas cosas en muros, y pues bueno, algo feo una vez al año ni daño hace, pero algo feo alrededor de toda la ciudad van quitando las ganas de tener los ojos abiertos, y para qué, si lo único que se ve es cara de gente que con sus bellísimos volantes ni logran proponer algo distinto a un “mírenme”. Y pues seamos sumisos y digamos de nuevo “bueno”, pero ni tan bueno, porque pasan las elecciones y ¿usted cree que eso lo quitan? Y es que para qué lo va a quitar a el que le fue como perro en misa, o mejor aún, para qué lo va a quitar el que ganó; ya perdió, pues ya qué, lo dejo ahí por si alguien se acuerda de nuevo de este pobre diablo; ya gané, pues lo dejo ahí para que vean la cara de todo un campeón que nunca supieron ni qué propuso, ni cómo llegó a donde llegó. Además, a esto sumemos los gastos que suponen contratar a alguien para quitar esos papelitos, toda una tragedia griega, ya se gastó mucha plata pegándolos, quitarlos no parece rentable.

En fin, que la basura ególatra pegada toca aguantársela, así funcionan las elecciones dizque políticas en este país, por extensión en esta ciudad; y por otro lado, cuando acaben pues o quitamos papeles por nuestra cuenta o nos quedamos callados y viendo nuestro potenciado paisaje urbano, hablar y hacer que la ciudad se vea de la mejor manera posible siempre será algo que da como un poquito de flojera. Buenas vísperas políticas para todos ustedes.

*Estudiante tercer semestre del programa Licenciatura en Comunicación e Informática Educativas.