MARGARITA CALLE-1Hacer gestión cultural no es tarea fácil, pero hacerla cuando se tiene al acecho una jauría rabiosa, acostumbrada a vivir de favores políticos o marginada de los asuntos culturales por su propia ineptitud, resulta todavía más complejo.

Por: Margarita Calle

Los 150 años de Pereira han sido el pretexto para el despliegue de maneras muy diversas de reconstruir la identidad, narrar nuestro pasado, vivir el presente y proyectar el futuro. Años atrás tuvimos que padecer unas celebraciones aniversarias cargadas de festejos sin sentido, que no les permitían a los ciudadanos reconocer el valor cultural, estético y social de lo que representa conmemorar un nuevo tiempo. A pesar del despilfarro de los dineros públicos en esas actividades, muchos de los que se hacen llamar “artistas” o “gestores culturales” se hacían los de la vista gorda y se sintonizaban con la “guachafita”. Seguramente, en ese momento la falta de criterio con la que se proyectaban las Fiestas de la Cosecha los beneficiaba directamente a ellos.

Hoy, cuando para proponer muchas de las actividades del sesquicentenario de la ciudad, se convocaron concursos abiertos a toda la ciudadanía, se estimuló la creatividad y se impulsaron espacios de participación en los que el espectro de la celebración se abrió a nociones más amplias y complejas de cultura y de fiesta, el mismo grupo que en otros años guardaba silencio, no para de expresar de manera “rabiosa” su insatisfacción con todo lo que este año se viene realizando. En el desfogue de su furia, atacan de manera irracional y sin argumentos, a todos los que nos hemos sentidos convocados para aportar a este momento de transformación cultural en la ciudad.

El Diccionario de la Lengua Española, define al rabioso como “intenso, enorme, violento, enojado, aireado, que está furioso por algo”. Vale preguntarse, entonces, ¿qué es lo que motiva la rabia de estos ciudadanos? ¿Por qué se sienten amenazados por la buena actuación de quienes, con honestidad y transparencia, cumplimos con nuestras responsabilidades? ¿Cuáles son las propuestas que tienen para aportar a la transformación de la ciudad? o ¿Por qué cuando han tenido la oportunidad de cumplir encargos que comprometen dineros públicos los han despilfarrado o reducido a proyectos insignificantes?

Hacer gestión cultural no es tarea fácil, pero hacerla cuando se tiene al acecho una jauría rabiosa, acostumbrada a vivir de favores políticos o marginada de los asuntos culturales por su propia ineptitud, resulta todavía más complejo. Por fortuna, el trabajo constante, la formación académica y la coherencia en los procesos, nos van creando una coraza que nos protege de ataques y acusaciones, así sean lábiles y risibles, como los que suele expresar públicamente el columnista del Diario del Otún Francisco Javier González Mejía, en las que de manera reiterada falta a la verdad, critica lo que no conoce o pondera lo que no comprende.

Confieso que no conozco a este columnista, pero al parecer él vive muy atento a todos mis movimientos; prueba de ello es que ya me ha dedicado dos de sus simpáticas diatribas. Ojalá que la miopía que despliega para hablar de los asuntos en los que me ha involucrado, no sea tan aguda como para impedirle en el mediano plazo valorar el momento que está viviendo la ciudad en materia de cultura. Esta oportunidad debemos aprovecharla todos los que de verdad tenemos intereses claros frente a los asuntos que nos convocan estos 150 años de la ciudad.