SIMON BLAIR (IZQ)Las crónicas horoscopiánicas son las crónicas del alma buena, santa, feliz y estúpida.

Por: Simón Blair

No cuenta la leyenda, porque cuento yo. Y digo que no hay empleo más fascinante de mediocridad, retórica y poca imaginación que el de escribir horóscopos. Mire, por ejemplo lo que dice el de hoy (pero que dice siempre): Acuario “En el plano social disfrutarás…”, Aries “(…) y disfrutarás mucho en el plano social…”, Tauro “disfrutarás en el ámbito social…”. Fin sociedades. Leyenda abierta para la laboriosidad: Sagitario “(…) mejorarás en el ámbito laboral”, Tauro “día activo en el ámbito laboral”, Géminis “En el ámbito laboral, gracias a tu originalidad…”. Y así continúa la leyenda hasta los confines de la historia moderna.  

Lo que sí es extraño es que todavía la gente siga creyendo este tipo de cosas de poderosos astros que modelan nuestro destino; muchas bolas rocosas y gaseosas para cada uno de nosotros (¡dejando millones de planetas huérfanos!). Pero vemos en lo expuesto anteriormente un problema cognitivo o de participación leal en el gremio de los escritores de horóscopos. ¿Si son muchos astros (y por consiguiente, muchos signos zodiacales) por qué cada uno no tiene un “destino” diferente? En cambio, todos corremos la misma suerte expresada mágicamente por el escritor horoscopiánico. 

Y ni intentar mostrar otros horóscopos, total para qué. Mostrarán lo mismo, o con otras palabras. Pero son tantos periódicos que todos dicen una cosa diferente: ¿el corresponsal planetario le cuenta una cosa a X periódico y otra a Y periódico? La crónica horoscopiánica es tan evidente que nadie la ve, aunque sí se vea lo que dice. Es un consuelo, seguramente, leer tantas cosas bonitas. Pero alabado el día en que me aparezca “hoy morirás”, “hoy te asesinarán”, “hoy te descuartizarán”, porque seguramente saldré de mi casa con muchos más ánimos. Para resumir: las crónicas horoscopiánicas son las crónicas del alma buena, santa, feliz y estúpida.