Cronología de otra infamia

Sin embargo, nadie supo qué pasó con los cerca de 6.000 millones que entonces manejaba la División del Fondo Rotatorio. ¿En qué gavetas irían a parar? ¿Será que los eficientes funcionarios de la Oficina de Control de Gestión y la Oficina Control Interno Disciplinario, debido a su eficacia llevarán estos procesos en marcha? ¿Auscultarán el destino de ese dinero público? 

 

 Por: Carlos Arturo Gamboa B.

En el año 2007 inició el mayor operativo de control que haya vivido una dependencia en la Universidad del Tolima, liderado por la Oficina de Control de Gestión, procedimiento que duraría dos años, y el cual culminó con el cierre arbitrario del Fondo Rotatorio, hecho que tuvo la siguiente apoteosis argumentativa: el cambio de la chapa de la oficina y el desalojo de los empleados, a quienes nos esparcieron por los rincones universitarios, como si tuviésemos la marca cainesca. Durante cerca de un año aquellas oficinas permanecieron selladas, mientras el polvo daba cuenta de los libros que dormitaban su soledad en la bodega.

Los argumentos administrativos de este cierre nunca existieron, ni siquiera hubo un acto institucional que así lo ordenase, sólo, como es común en estas tierras de nadie, se crean y descrean dependencias al antojo de los burócratas de turno. Pero lo que todos supimos es que el problema consistía en que allí, según rumores esparcidos por los siervos del poder, se gestaban acciones que iban en contra de los entonces gamonales de turno; el entonces rector Rivera Bulla y el Ex-Vice-administrativo Evelio Guzmán, cuyas sombras aún siguen pululando por los pasillos de la hacienda universitaria. Terminado la acción todo se fue por el ducto del olvido y pareciera que todos vivieron felices.

En enero del año 2010, ya dicha dependencia había desaparecido del escenario universitario, aunque aún permanece en el organigrama, y no contentos con ello, el rector solicitó que se abriera un proceso disciplinario contra los funcionarios que allí laboraron, por supuestos desórdenes administrativos. La eficiente Oficina de Control Interno Disciplinario, creada por los magos del escapismo, procedió a obedecer, oficio que saben hacer con gran entusiasmo.
Sin embargo, nadie supo qué pasó con los cerca de 6.000 millones que entonces manejaba la División del Fondo Rotatorio. ¿En qué gavetas irían a parar? ¿Será que los eficientes funcionarios de la Oficina de Control de Gestión y la Oficina Control Interno Disciplinario, debido a su eficacia llevarán estos procesos en marcha? ¿Auscultarán el destino de ese dinero público? Sospecho que sí, ellos fueron tan eficientes con la revisión de las cuentas en nuestro caso, que no cabría dudar de su entereza. ¿Y qué pasó con los cerca de 350 millones (18 mil unidades) en textos universitarios que estaban en su bodega y que luego de permanecer en el ostracismo, (como cualquier docente crítico), y deteriorarse por la humedad, fueron enviados a la Biblioteca Central? Me imagino que estas oficinas adalides del cuidado de lo público tramitarán sendas investigaciones por el posible detrimento patrimonial que esto acarrearía. Ahora cuando anuncian el nacimiento de unas librerías universitarias, como si fuese el gran logro del maestro de los trucos, la comunidad debería recordar que un día fue cerrada la del Fondo Rotatorio ante el silencio de la mayoría.

Hoy, cerca de 5 años después de iniciar esta cronología infame, la Oficina Control Interno Disciplinario ha llegado a brillante y justa conclusión, se ha cometido una falta grave que merece suspensiones, pero la falta la cometimos nosotros los que fuimos expulsados del Fondo Rotatorio. Extraño caso dirán algunos, pero no es extraño cuando uno de los veredictos recae sobre quien ha venido liderando la lucha por la reivindicación del trabajo docente de los catedráticos, de quien desde su escritura y la voz ha denunciado las prácticas antidemocráticas que subsisten en la Universidad del Tolima, de quien desde la Secretaría de la Asociación Sindical de Profesores (ASPU), ha contribuido a levantar la bandera de la dignidad profesoral ante tanto adormilado y acomodado profesor que transita los caminos de la ignorancia esparciendo diplomas, de quien desde la Constituyente Universitaria ha contribuido a destapar la olla podrida de la seudo-democracia. No es extraño que los sujetos, cuya ética es inherente al ser universitario, sean golpeados, despedidos, acosados, denunciados, vilipendiados, mientras los lacayos con sus sonrisas serviles y su castración mental, siguen aumentando el índice de la superficialidad en aquellos parajes otrora llamados Universidad del Tolima. La lista de los primeros es ya bastante larga, sólo que la memoria también fue vilipendiada; la lista de los segundos seguirá creciendo exponencialmente, más aún ahora en épocas de elecciones y sumisión.

Para quienes crecimos en esta Colombia arrojada al vacío de la banalidad nos ha tocado aprender a no temerle a las maquinarias que cosechan miedo, y enfrentarnos a la mediocridad y la leguleyada, hijas bastardas de la in-justicia. A quienes desde el aula y fuera de ella hemos construido un discurso y una acción alejados de los entramados acomodaticios del poder, y un debate constante por una idea de Universidad Pública, sólo nos queda resistir. Resistir mientras por estos parajes se asoma la justicia, quien no ha venido por miedo a ser juzgada por intento de sospecha, y el mensaje para el poder y sus sirvientes, hoy acomodado en los discursos de la seudo-igualdad y la falsa democracia, es que no les queda más que aceptar que “si no me cosen la boca, no van a hacerme callar” y aún con la boca cosida gritaré y, afortunadamente, ya son muchos que desean gritar conmigo.