NATHALIA COLUMNAEs un error creer que las agresiones que se cometen en el ciberespacio gozan de la impunidad. Al contrario, la intimidación es contemplada por la ley como un delito clásico informático.

Por: Nathalia Gómez Raigosa

Trabajaba en mi computadora y como llevaba largo tiempo en mi labor, quise como es costumbre en los tiempos de la era digital, hacer un receso y curiosear el Facebook. Me llamaron la atención las fotos de una compañera de colegio que celebraba con otras mujeres, en un bar, el Día de La Madre. El maravilloso azar me condujo al perfil de una amiga suya, donde por esas cosas que uno no comprende, aparecía mi fotografía en un comentario hecho por una comunidad que se dice animalista, llamada Denuncia Maltrato Animal – Pereira, identificada con la fotografía de un gato con traje negro y el letrero de Anonymus, lo que realzaba el aire de suspenso. En la acotación se leía:

“A nuestros 14.500 usuarios de la página, les comunicamos que el medio Tras la Cola de la Rata, de cual teníamos imagen (sic) de que no era como otros, ha cambiado su perspectiva a amarillista y básica. Gracias (sic) a la columna de la corrupta Nathalia Gómez Raigosa, periodista poco grata y que claramente afirma su desprecio hacia los animales en su columna. Una joven periodista que lleva más crueldad y corrupción en la sangre que cualquier otra cosa. BOICOT A ESTE MEDIO Y A LA “PERIODISTA”

¿Qué quiso decir el emisor del mensaje con la palabra “boicot”? Solo espero que las personas que escribieron esta nota tengan claro lo que significa el sustantivo y se trate de una protesta pacífica. La historia ha sido testigo de “boicots mortales” y son considerados un acto de guerra en el que se ataca al enemigo donde es más vulnerable.

El anuncio de por sí es alarmante, pues la última frase es una incitación clara a sus múltiples seguidores a acallar al periodista y constreñir el medio de comunicación. Es un error creer que las agresiones que se cometen en el ciberespacio gozan de la impunidad. Al contrario, la intimidación es contemplada por la ley como un delito clásico informático.

Las redes sociales se han convertido en herramientas para fomentar la intolerancia y el crimen, como en el caso del estudiante de derecho de la Universidad Cooperativa de Ibagué que casi es linchado por la comunidad universitaria, por unos trinos racistas en los que se burlaba de la tragedia de los 33 niños en Fundación (Magdalena).

La Fiscalía General inició una investigación en contra el joven tuitero por el delito de “hostigamiento por motivos de raza u origen nacional, étnico o cultural”, pero antes de que la justicia llegara a esta determinación, algunos extremistas subieron a la red los datos personales del estudiante con fotografías de su residencia, con la peligrosa intención de que la turba inclemente atentara contra su vida.

“Todo extremismo destruye lo que afirma”, nos dice la ensayista española María Zambrano. Por eso, ante las acusaciones que se me hacen,​  quiero aclarar que no soy anti animalista, sino que,​  por el contrario, soy defensora de la vida de todos los seres vivos y mi columna es el producto de una investigación rigurosa que me permitió decir lo que dije y seguirlo sosteniendo.

Espero que este caso sirva para que los usuarios nos concienticemos de nuestra responsabilidad al escribir en las redes sociales, se bajen las agresiones y se abra el debate con argumentos, pues  en el país de los tuertos no podemos seguir creyendo que la máxima del “ojo por ojo” es la solución.