De ese modo Roy es el representante típico de una buena parte de la clase política dominante colombiana, pero graduado con honores en asignaturas como la mentira, la traición, la falsedad y la incoherencia.

Por: Juan Manuel Toro Monsalve

El tipo con su cola oriunda pasea los pasillos del Congreso de la república no precisamente en su oficio parlamentario. No hay quien le confronte. Al igual que su condición de reptil es hábil, sumando esa pizca agria de versero, aparentoso y ofrecido al mejor postor. El transfuguismo le cayó de perlas y gracias a él, muta como camaleón para arrodillarse al mejor licitador.

Ese es Roy Barreras, un ser despreciable de la política colombiana. Politiquero de tiempo completo que en su rostro refleja falsedad y picardía, todo un lagarto. Como presidente del Senado y aprovechando el estado de salud del Vicepresidente, le buscó quiebre a Angelino Garzón en una especie de atajo para seguir escalando en su hambruna por el poder.

Uribista acérrimo en el pasado, hoy santista de tiempo completo; su mañana toda una incógnita. Desleal en todo sentido, los puestos y las cuotas burocráticas son sus mejores banquetes para deleitar. Ayer guerrerista línea dura; en el presente, un pacifista abanderado de la paz pero en su interior las ansias infinitas por satisfacer sus ínfulas de salvador.

El cinismo es una cualidad que lleva impregnada. Amo y dueño de puestos en sectores como la salud (Caprecom) le permite extender sus tentáculos más allá del Valle del Cauca, su región de origen. De ese modo Roy es el representante típico de una buena parte de la clase política dominante colombiana, pero graduado con honores en asignaturas como la mentira, la traición, la falsedad y la incoherencia. No obstante, con sus frases de humor valentonadas busca el carisma entre la opinión pública, pero falla en el intento. Para desgracia de él, su émulo en La Luciérnaga es quien se lleva todos los aplausos.

Por eso, inexplicable es saber cómo un personaje de ese talante llega a la cima del senado colombiano. Voltearepas de primer orden, con sus declaraciones resume la “unidad burocrática” de su jefe Santos en cuanto toma al Partido Liberal como la amante preferida del mandatario. ¿Cómo se sentirán conservadores, verdes, el PIN, como las “mujeres” políticas rechazadas por el presidente Santos? Mejor dicho, si la U, partido al que está él adscrito funciona como la esposa oficial del Presidente en ejercicio, no sería extraño imaginar que Roy es de aquellos a los que les gusta compartir esposa, novia o moza con otros sin importar el qué dirán.

Individuos como Barreras deberían estar extintos del mapa político en Colombia. Pero amo y dueño de una maquinaria en el Valle le permitirán seguir disfrutando de las mieles que le ofrece el establecimiento. Por ahora hace cola y las enfermedades del Presidente y su vice en algún momento, posiblemente, lo pusieron a reflexionar con que alguna de esas dos sillas sería para él.

La arena política tendrá a Roy para rato y siguiendo su línea no será anómalo observarle pregonando desde otras huestes, proponiendo insólitos tal como lo hizo en tiempo reciente como acabar la tutela en la salud. Por eso, si algún día le diera por lanzarse de candidato en busca de la presidencia, la respuesta de los colombianos deberá ser recíproca a su popular alarido en La Luciérnaga de Caracol: ¡chimbo!