A lo sumo la Cumbre organizada por Santos sirvió para ponerle el molde a la fecha de entrada en vigencia del TLC. Tratados que, como subraya Ocampo, no son nuevos. Alfonso López Pumarejo  (1934-1938) suscribía uno con Estados Unidos en 1935 con “inmensas desventajas para el país”

Por Carlos Victoria

No hay que ser un erudito, ni mucho menos un experto en política internacional para ofrecer alguna opinión sensata sobre el desenlace de la llamada Cumbre de las Américas, pasada por escándalos, censuras, protestas, desplantes y folclor. Todo muy típico de los vestigios coloniales de la república bananera que somos.

La historia de cumbres y tratados es abundante pero también es denigrante si revisamos la condición genuflexa de las élites que nos han gobernado. Olvidadas están ya las palabras del inmolado Rafael Uribe Uribe quien tras la pérdida de Panamá a manos de Estados Unidos,  al concluir la Conferencia Panamericana de Río de Janeiro de 1906, se prodigaba en elogios a la delegación de ese país:

“…la delegación norteamericana ha dado esta vez el espectáculo de hacerse amar irresistiblemente…”

En plena Regeneración Rafael Reyes, una vez firmado el Tratado Cortés-Root que entregaba Panamá a los gringos (1905), consideraba a los estadounidenses una raza superior. No por nada uno de los cadetes que recibió al presidente Obama en el aeropuerto de Cartagena le dijo a su progenitora: “…mamá me temblaban las piernas…”.  El problema es que regularmente a los miembros de la fuerza pública no les tiemblan las manos para disparar contra los indefensos.

La tradición es que las élites colombianas han  sido sumisas al poder extranjero. Es un legado que viene empaquetado en el ADN del criollaje colonial. Por ejemplo, el hijo de una humilde lavandera que se hizo presidente en 1918, no tuvo reparo en declarar a Estados Unidos como la “estrella polar” hacia la cual todos debíamos mirar y la que debería guiar la economía. Suárez pasó a la historia más por lo segundo que por lo primero.

De ahí adelante como lo recuerda Fernando Ocampo (2010) en la extraordinaria compilación 1810, antecedentes, desarrollo y consecuencias, es un rosario de rodilleras a través de las cuales la nación quedó postrada como correlato de la ambigüedad entre los intereses nacionales y el interés público, bajo diversas figuras como las tristemente célebres concesiones petroleras.

A lo sumo la Cumbre organizada por Santos sirvió para ponerle el molde a la fecha de entrada en vigencia del TLC. Tratados que, como subraya Ocampo, no son nuevos. Alfonso López Pumarejo  (1934-1938) suscribía uno con Estados Unidos en 1935 con “inmensas desventajas para el país”. La llamada Ley rodi-lleras a la que alude Betto (caricatura de arriba) , es la misma perra con distinta guasca. 

Como lo recordó ayer uno de los mandatarios que se excuso de asistir a la reunión de Cartagena la Doctrina Monroe está más viva que nunca. Este instrumento le permitió ha Estados Unidos no tolerar que bajos sus dominios descollará una “disposición hostil hacia Estados Unidos”. Sin embargo esta reunión mostró un mapa cada vez más arisco a los dictámenes de Washington. Es lo más positivo del encuentro.  Cuba fue excluida pero hizo ampolla.

La Cumbre de las Américas tuvo un background ni mandado hacer. El decorado del escenario pasó por la impronta colonial de lo que quedó del imperio británico en Las Malvinas; las investigaciones en EU contra multinacionales que metieron sus narices de frente en el conflicto armado colombiano, el fracaso de la “guerra contras las drogas”, entre otros. Y como de postre la estela de luchas sociales que a lo largo y ancho del continente libran distintos sectores sociales por un pedazo de esperanza.

Indiscutiblemente que la Cumbre ha sido un rotundo fracaso en el plano de la igualdad y respeto por la diversidad. Es anacrónico, pero a la vez muy diciente, la obstinada exclusión de los imperios en pretender mantener un statu quo, y más aún someter a los pueblos de América Latina a un dictamen ligado, básicamente, al control sobre los recursos estratégicos y el intercambio comercial.

La agenda de control de EU sobre el resto de países que conforman el continente americano se agotó. El colofón del cierre de esta etapa será el TLC con Colombia, con consecuencias impredecibles para sectores de la economía que saldrán machacados. En el plano de la larga duración veremos de aquí en adelante de qué son capaces las alianzas regionales y redes de países frente a consensos que aquí no fluyeron como: el ingreso de Cuba a este foro, la descolonización de las Malvinas, la legalización del consumo, el cambio climático, los derechos humanos, el pluralismo y la justicia social.

Si no hubo declaración conjunta es porque EU ya no tiene la capacidad de imponer los consensos de antes. Hizo bien la presidente de Argentina al salir antes de tiempo hacia Buenos Aires. El jugador de póker no mencionó las Malvinas. Santos se acabó de criar en Inglaterra.‘Te olvidaste de las Malvinas’, le dijo al oído la viuda de Kirchner. Este susurro al oído pudo más que el silencio y censura: los debates no fueron tele transmitidos.