Reitero, ¿de verdad estamos preparados para una educación virtual? Es claro, como lo muestran las estadísticas, que la brecha digital aún existe.

 

Por / Alejandro Sepúlveda Quintero

Es claro que una de las situaciones que más ha generado preocupación durante estos días de confinamiento ha sido la educación. Los que somos estudiantes sabemos muy bien que el hecho de adoptar otra modalidad educativa es un desafío no solo para nosotros, también lo es para nuestros maestros. Pero, al tratar de redactar estas líneas, la pregunta que más vueltas da en mi cabeza es: ¿estamos realmente preparados para una educación virtual?

Parece que la respuesta a ese interrogante no es clara ni tranquilizadora, y menos cuando observamos que si la educación presencial antes de la pandemia era un privilegio, ahora la virtual lo es con mayor razón. Quisiera creer que todos los estudiantes de Colombia contamos con los recursos suficientes para continuar con nuestras actividades académicas desde casa, pero eso no deja de ser una ingenuidad, un deseo absurdo y utópico. La realidad, lastimosamente, nos pinta un panorama totalmente distinto. ¿Por qué?

Miremos el siguiente dato. La Unesco, hace algunos días, reveló que cerca de 1.370 millones de estudiantes de 138 países se ven afectados por el cierre de colegios y universidades. Y como si fuera poco, un estudio de la Universidad Javeriana advierte que solo el 37 % de los estudiantes de colegios públicos en Colombia tiene internet y computador en su casa. ¿Y el 63 % restante de estudiantes? ¿Qué hacemos con ellos? ¿Cómo los educamos?

Lorenzo Morales, estudiante entrevistado por el diario El Espectador, vive en la vereda Patio Bonito del municipio de Moñitos, Córdoba. A este lugar no llega el internet; y cada día, desesperado, se recorre toda la vereda en busca de una mínima señal que le permita, así sea por un momento, tener conexión con sus compañeros y sus maestros. Pero no es el primer caso, ni mucho menos el último.

Andrés Saavedra, según El Espectador, es habitante de la vereda El Berlín del municipio de Milán, Caquetá. Él, para poder acceder a las benditas clases virtuales, debe soportar extensas jornadas de camino y atravesar calles de barro y de piedra para llegar, por fin, a una estación de Policía, en donde logra estar en línea con sus profesores.

Eso no es todo. Tampoco podemos olvidar a esos docentes que, desde sus hogares, se están quemando las pestañas para continuar con sus clases y, aún más, para mantener el interés de sus estudiantes.

Adriana Castañeda, educadora entrevistada por la W Radio, enseña matemáticas a grados quinto y sexto. Trabaja desde las seis de la mañana, hasta las tres de la tarde. Es mamá cabeza de hogar, tiene dos hijos, ellos también estudian, pero en su casa solo hay un computador. Con tristeza asegura que solo el 80 % de sus alumnos acude a clase con facilidad, pero el 20 % no lo hace y tampoco recibe respuesta de sus acudientes. ¿Qué estará pasando con ellos?

Reitero, ¿de verdad estamos preparados para una educación virtual? Es claro, como lo muestran las estadísticas, que la brecha digital aún existe. Los estudiantes y profesores han acudido a nuevas herramientas digitales para aprender y educar; lo han hecho, algunos, con esfuerzos sobrehumanos, porque ellos, así como nosotros, tampoco estaban preparados para esta realidad.

Pero si las entidades gubernamentales —esas que a veces se hacen las de la vista gorda— no se empeñan en implementar soluciones inmediatas, seguiremos educando solo a unos pocos. Si queremos una educación sólida e incluyente, ¿será este el mejor camino?

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