Esto demuestra que el Centro Democrático es más vulnerable políticamente de lo que aparenta ser, cualquier provocación a uno de sus miembros desvía el debate de sus tesis políticas (¿las tienen?) y dejan entrever la dependencia total de sus miembros a cómo amanezca emocionalmente su Corleone, para opinar todos lo mismo, así sea una calumnia.

 

Por: Miguel Ángel Rubio Ospina

Lo más grave de la calumnia del expresidente paramilitar Álvaro Uribe Vélez, hoy senador de la Republica (condición que debería considerar en cada una de sus acciones) no es tanto el insulto en sí, si no lo que este puede generar en sus seguidores; fanáticos por antonomasia y peligrosos a más no poder. 

Los mismos deben estar automáticamente convencidos de que, en efecto, el periodista Daniel Samper Ospina es un “violador de niños” como lo acusó su patrón político en Twitter días atrás, sin pruebas (las que de seguro no existen) y que enlodan el buen nombre del periodista.

Para nadie en el país es un secreto que Daniel es un periodista de carácter iconoclasta, que no perdona papayazos de los políticos de este país para burlarse de ellos (legítimo derecho, el cual todos los colombianos deberíamos invocar). Este estilo burletero, cómico satírico y risible del periodista bogotano, tiene como propósito suavizar la opinión por un instante, sacando partido de cada aberración de nuestra clase dirigente.

El objetivo no es insultar, calumniar o denigrar a nadie, quien así lo entienda, debe recibir clases de tolerancia, paciencia, y debe leer más, debe ser consciente que el mejor acto de rebeldía ante un sistema que todos nos días nos pone más en aprietos es la risa, el humor, que permite refrescar el pensamiento, que demuestra la inteligencia de una sociedad para sobreponerse a las dificultades.

Todo este bololó mediático entre el senador Uribe y el periodista Samper debe poner de nuevo la reflexión sobre la mesa, de la censura que la derecha hace a los medios todos los días, o más que a los medios, a los periodistas críticos del sistema. Garzón fue asesinado por lo mismo, y varios programas de humor político han sido controlados desde el guion y los contenidos, para que puedan burlarse, pero sin comprometerse. La censura tiene sus disfraces, como la democracia o la “Libertad de Prensa”. Aparentemente dejan hacer, pero con un discurso disfrazado restringen el nivel de reflexión.

Todo sucede en una crítica (la que en opinión de muchos y  a la cual me adhiero) acérrima a la senadora Paloma Valencia -que se merece todas las burlas del mundo junto a su correligionaria María Fernanda Cabal, dadas sus absurdas intervenciones llenas de un fanatismo que irrespeta la inteligencia, y que nos pone al nivel de una república medieval, decía- el columnista, a través de un juego de palabras muy bien pensado, critica el nombre de la hija recién nacida de la Senadora Paloma, a la cual la nombraron con el muy polémico nombre de Amapola.

Siendo de donde es la senadora, una de las zonas de más cultivos ilícitos en el país, era de esperarse que la malicia política de sus enemigos se aguzara, pues muchos de esos terrenos son de la familia de la senadora, y sus intereses en que el proceso de paz fracase tiene que ver con que dichas extensiones de tierra lleguen a manos de otros menos favorecidos.

Después de esta crítica, Paloma salió a manifestarse contra el periodista, acusando de violentar los derechos de los niños y de ofender a su hija.  La cosa no pasó a mayores, hasta que Uribe, haciendo las veces de papi que defiende a su hijita herida, empezó la cruzada contra Samper Ospina porque se le metió con la niña y la puso a llorar.

El berrinche de la indefensa senadora, quien solamente puede defender sus ideas a través de la invocación del Cacique del Ubérrimo (perdió la platica de las clases de filosofía)   exacerbó a su alcahuete papá, al punto de que su provocación le llevó a insultar y calumniar al periodista.

Esto demuestra que el Centro Democrático es más vulnerable políticamente de lo que aparenta ser, cualquier provocación a uno de sus miembros desvía el debate de sus tesis políticas (¿las tienen?) y dejan entrever la dependencia total de sus miembros a cómo amanezca emocionalmente su Corleone, para opinar todos lo mismo, así sea una calumnia.

Apoyamos a Daniel en su demanda penal -la cual esperamos ponga la talanquera a Uribe- y esperamos que ese partido, y ese liderazgo, cesen  de todos los modos posibles, por el bien del país; porque si ellos se abrogan el derecho de censurarnos, nosotros acudimos al mismo derecho.

@rubio_miguel