Es más, al Uribismo se le ve envalentonado y parece un hecho que para dentro de cuatro años, saltarán de nuevo a la contienda presidencial, pues tienen un capital cercano a los 7 millones de votos

juan antonoPor: Juan Antonio Escobar

Para atajar al Uribismo, muchas personas dentro de la izquierda democrática, estuvieron dispuestas a votar por Santos, para muchos, la única jugada posible durante la segunda vuelta presidencial. Postura respetable y en muchos casos bienintencionada. Ahora, y viendo las cosas en perspectiva, me atrevo a decir que el miedo se apoderó de muchos. Prueba de ello, fue que las redes sociales se convirtieron en un escenario hostil, por ejemplo para el senador Robledo, que se mantuvo firme en su decisión de no apoyar ninguna de las opciones que estaban sobre la mesa. En este mismo sentido, cuando William Ospina, manifestó en su columna en El Espectador que para él, el mal peor era Santos y no Zuluaga, fue sometido a una especie de linchamiento por parte de algunos “pacifistas”.

Ahora que el humo baja, vale la pena plantear algunas preguntas. La primera y más elemental es si Uribe o el Uribismo fueron derrotados. El Uribismo perdió las elecciones, pero quedó de segundo. Y quedar de segundo en unas presidenciales, no necesariamente hace que una colectividad se sienta derrotada. Es más, al Uribismo se le ve envalentonado y parece un hecho que para dentro de cuatro años, saltarán de nuevo a la contienda presidencial, pues tienen un capital cercano a los 7 millones de votos. ¿Esta situación hará que la izquierda tenga que salir a apoyar aterrorizada, y solo mientras tanto, al que parece ser el seguro heredero de la corona, Germás Vargas Llleras, para evitar la llegada al poder del nuevo candidato del Centro Democrático? Esperemos que no.

¿Y el proceso de paz? Diré a riesgo de ser detestado, que nunca estuvo amenazado. Sin importar quién hubiese ganado las elecciones, el Departamento de Estado de los Estados Unidos, ya le había dado el visto bueno al proceso, y en Colombia, toda cosa que lleve un “O.K” desde esa instancia, es aceptada sin reparos por el establecimiento. De modo pues, que por antipático que sea Zuluaga o por cascarrabias que parezca Uribe, ninguno ha desobedecido jamás a la Casa Blanca, y no es lógico pensar que esta vez lo fueran a hacer. Menos si los Estados Unidos han dado la orden de buscar la paz, no por cuestiones altruistas, como las de muchos colombianos, sino por considerarlo estratégico para sus intereses económicos. Ver artículo ¿Dos halcones?

¿Y la posibilidad de ejercer oposición? Bueno, dos días después de las elecciones, se discutió en la Cámara de Representantes, con el visto bueno de las bancadas del santismo el proyecto 091 de 2013, que establece penas de prisión que van de los 36 a los 60 meses, a quienes obstruyan vías públicas. O dicho de otra manera, se criminaliza la protesta de aquellos colombianos, como por ejemplo los campesinos a los que no les queda más remedio que pararse en la vía para ser escuchados. ¿O es que el gobierno quiere que hagan la protesta monte adentro, dónde solo las culebras y las vacas se percaten de su trágica situación?

Pero esto no es nuevo, ya Amnistía Internacional en un artículo llamado “Muchas promesas, pocos cambios Consultar aquí dijo lo siguiente sobre los 4 primeros años de Santos: “…las promesas del gobierno no se han plasmado en una mejora reseñable de la situación de los derechos humanos y contrastan con algunas políticas del gobierno y con sus actos. Es especialmente preocupante el resp aldo del gobierno a las iniciativas para ampliar el fuero penal militar, que consolidarían la impunidad de las fuerzas de seguridad de Colombia.” Y sigue: “La realidad es que los homicidios y las amenazas contra defensores y defensoras de derechos humanos, sindicalistas, líderes de comunidades desplazadas y contra las personas que reivindican la devolución de las tierras robadas han aumentado durante su gobierno, mientras que las personas que participan en investigaciones penales relacionadas con los derechos humanos, como víctimas, testigos, abogados, fiscales y jueces, siguen siendo objeto de amenazas y homicidios.” (La negrita es del texto original)

Esperemos que dentro de 4 años, la aparición de un monstruo más feo que el actual, no nos llene de espanto, y no nos induzca a votar por quien nunca hemos querido. Es hora de construir una propuesta política que represente las profundas trasformaciones que queremos que ocurran en al país. Mejor dicho, que sea el bien mayor y no el mal menor.