SIMON BLAIR (IZQ)Una cosa es no saber manejar adecuadamente un proyecto a pesar de las ideas y otra ser corrupto. Una cosa es intentar a pesar del fracaso, otra seguir robando a pesar de los consabidos fraudes.

Por: Simón Blair

Primero. El problema principal de muchos electores es que no se toman el tiempo de leer las hojas de vida de los candidatos, de escuchar atentamente y leer sus propuestas. En cambio, todos son malos. Segundo, una tradición tan bárbara de problemáticas políticas que en últimas afectan hasta los rincones más inaccesibles de nuestra vida con temas de educación, cultura y economía parecería suficiente para ahogarnos en la más incipiente anarquía. Tercero, la errada concepción de que la política no funciona (de lo que deducimos que todos  los políticos son unos ineptos).

En la vida hay cosas demasiado complejas para comprenderlas. En la vida académica ni hablar. Podríamos acercarnos a comprender un proceso con toda la precisión, pero difícilmente podríamos unificarlo con todas las ramas que lo tocan.  De esto se trató, básicamente, la conferencia de Tim Harford en TedGlobal2011 donde analizaba el llamado Complejo de Dios. Resumía brevemente las características de esta patología con una simple palabra: infalibilidad. La errada costumbre de creer que el mundo es demasiado fácil de entender, de que todo está en nuestras manos y, como un anillo al dedo,  resolveremos los problemas en cuestión de segundos. Los ejemplos en esta materia son abundantes, pero sólo mire a su alrededor: posiblemente alguien que usted conozca pretende abarcar la totalidad del universo con el Complejo de Dios.

La mayoría de cosas que vemos a nuestro alrededor fueron posibles debido al ensayo y error. Esta silla sobre la que estoy sentado posiblemente (conjeturando)  le fueron agregadas diez, seis patas, para luego determinar que cuatro son necesarias para soportar el peso de una persona, ahorrando, así, no sólo material sino tiempo. Es un ejemplo sencillo. Veamos otro ilustrado por el economista Harford: en el ámbito económico deseamos crear un detergente en polvo. Entonces, “tenemos un gran tanque lleno de detergente líquido, se bombea por una boquilla a alta presión y se hace una rociada de detergente. Luego, ese rocío se seca y se vuelve polvo, cae al piso. Se recoge y empaca en cajas de cartón” Pero lo importante aquí es: ¿cómo se diseña la boquilla? El señor Harford dice que si tenemos el Complejo de Dios no dudaríamos en llamar a un pequeño dios (físico) para que nos construya un modelo acorde (conociendo la dinámica de fluidos) y que éste medirá y nos dirá cómo construirlo. Pero “no funcionó”. Entonces, ¿qué hacemos?, simple: ensayo y error. Se toma una boquilla y se crearán aleatoriamente modelos de ésta hasta obtener la exacta. ¿Cuántas veces se deberá hacer este procedimiento? Todo lo necesario hasta llegar a un resultado acorde. Por supuesto, si el resultado correcto resulta de una vez, mucho mejor. Me acuerdo de Edward Jenner, que inoculó a un niño con viruela vacuna para protegerlo del virus de la viruela (humana). Podría esperarse cualquier cosa de ese experimento, pero afortunadamente resultó que funcionaba.

Bueno, traigo a colación la política y esta conferencia desarrollado por Harford porque el Complejo de Dios no sólo está presente en económica o ciencia, sino también en nuestra vida cotidiana. Que, por supuesto, incluye la política. Si los políticos (ejemplo también suyo) fueran humildes y al momento de desarrollar sus políticas en cualquier materia se dieran cuenta que son proclives al desastre, todo sería distinto. Lo mismo pasa con los ciudadanos, no creen en los políticos porque inconscientemente les están atribuyendo la patología del Complejo.

Si un político tiene la suficiente valentía para decir que no sabe cómo desarrollar un proyecto, pero que tiene ideas y que en caso de que una no funcione se probará la siguiente, creo que todo cambiaría. Los políticos, al igual que todos nosotros e igual que en la academia se equivocan.  Nunca se le llama inepto a un físico porque su teoría no concuerda con los hechos, por el contrario, se le considerará un verdadero investigador y seguramente seguirá trabajando en una teoría más adecuada. Por qué, entonces, ¿no a los políticos? Creo que la respuesta, sencillamente es porque tanto ellos (desde su campaña electoral) y nosotros -que nos negamos a leer propuestas, a conocer el pasado de políticos- sufrimos de este terrible Complejo.

No se trata, tampoco, de clemencia. Una cosa es no saber manejar adecuadamente un proyecto a pesar de las ideas y otra ser corrupto. Una cosa es intentar a pesar del fracaso, otra seguir robando a pesar de los consabidos fraudes. Pero incluso entre los mismos políticos el Complejo de Dios es abundante; para la muestra un botón. Alejandro Ordoñez y Gustavo Petro en el ya zanjado debate. Petro, no lo sé, posiblemente se equivocó con el plan de basuras (Error 1: si hubo error, no aceptarlo) y Alejandro destituyendo a todos lo que se equivocan (Error 2: todo el mundo se equivoca). ¿Acaso la alcaldesa de Madrid está en proceso de muerte política por el asunto también relacionado con basuras de la capital española? Aunque por supuesto, la hipótesis de ideología contraria es válida para tratar de explicar la sustitución en el caso Petro, pero eso ya es otra cosa.