El deber de vivir

Vivir o morir debería ser decisión de cada quien, la sociedad debería dejar ese tabú frente a la muerte y reconocer que hay mucho más allá de ella. 

Por: Miguel Ángel López

La Constitución se divide en derechos y deberes los cuales, se cumplan o no, buscan asegurar el bienestar de los ciudadanos. La diferencia entre un derecho y un deber supondríamos es clara, mas en muchos casos encontramos derechos mandatarios y deberes violados. Lo que debería ser un derecho a vivir es, en realidad, una obligación, donde quien la incumpla es sancionado, odiado, excomulgado, vuelto tabú, cuento chino, chisme, tweet o foto en Facebook.

Es claro que el derecho a una vida digna no lo copa el Estado, ¿entonces por qué negar una muerte digna? Es que la vida lo es todo, pero a ella no le gusta sonreírle a todos. No se trata de que todos se vayan a matar, pues trancón para saltar del puente también, no. Pero sí de tener en cuenta las personas que por enfermedades o deformidades sencillamente no tienen ánimos de vivir más. Nadie los puede culpar.

En el cine tenemos una película que retrata esta problemática, se llama Mar Adentro, del año 2004. Un filme basado en la vida de Spaniard Ramón Sampredo, un hombre que solo podía mover su cabeza y luchó 30 años por su derecho a morir. Al verla, el espectador se sumerge en la mente de Spaniard y aprecia todos sus sentimientos y pensamientos. Al final del filme, todos queremos verlo morir en paz.

Vivir o morir debería ser decisión de cada quien, la sociedad debería dejar ese tabú frente a la muerte y reconocer que hay mucho más allá de ella. Incluso, si alguien se quiere suicidar porque le tocó vender su carro, que lo dejen, es una decisión tan personal que la ley no tiene por qué entrometerse.

Han pasado ya 14 años desde que en 1997 la Corte Constitucional declaró que, según la Constitución, el derecho a una vida digna viene implícitamente con el derecho a una muerte digna. No obstante, seguimos sin solucionar el asunto. El pasado 9 de agosto se radicó en el Senado un proyecto que aclara las dudas frente al tema, pero es posible que salgan con cualquier cosa.

A continuación las condiciones planteadas:

1. Que el paciente sea colombiano o extranjero residente por un término no menor de un (1) año, adulto mayor de edad, legalmente capaz y en pleno uso de sus facultades mentales al momento de solicitar, oralmente o por escrito, al médico tratante la terminación de su vida de una forma digna y humana o la asistencia al suicidio; en concordancia con lo dispuesto en materia de capacidad por el artículo 1503 y siguientes, del Código Civil y la jurisprudencia de la Corte Constitucional.

En los casos en que el paciente adulto mayor de edad, se encuentre inconsciente y no pueda expresar su voluntad por escrito, ni por ningún otro medio, se deberá proceder únicamente de la forma indicada en el artículo 5, relativo a la petición escrita completada por los familiares y/o el médico tratante, de la presente ley.

2. Que la petición o solicitud para la terminación de la vida del paciente sea libre e informada, manifestada inequívocamente por escrito, cuando sea posible, voluntaria y reiterada, la cual no permita albergar la menor duda sobre si el origen de la misma es el producto de una presión exterior indebida o el resultado de una depresión momentánea.

Cuando no sea posible obtener la autorización por escrito del paciente terminal se procederá de acuerdo a lo dispuesto en el artículo 5 de la presente Ley.

3. Que el paciente, en efecto, sufre de una enfermedad terminal o grave lesión corporal, certificada en su historia clínica por dos médicos especialistas, que le produce intensos dolores, continuados padecimientos o una condición de gran dependencia y minusvalía que la persona considere indigna, los cuales no pueden ser aliviados por la ciencia médica actual con esperanza de cura o mejoría

Por ahora queda esperar que respeten la vida como lo que en realidad es: un derecho, que por ende no es una obligación, sino algo a lo que todos debemos tener la oportunidad de acceder por igual. La eutanasia y el suicidio asistido, si bien son temas sensibles, no se pueden seguir guardando bajo la alfombra, sobre todo porque hay preocupaciones más grandes. Más bien el Estado debería preocuparse por dar calidad de vida y así nadie desee tomar estas decisiones, que se preocupen es por los vivos y a los otros déjenlos morir, al fin y al cabo, morir es un derecho.