Duberney Galvis¿Qué hacer? En primera medida atacar el problema desde las causas y no desde los efectos. Reconocer la parte más gruesa del problema en la política de los TLC y la inversión extranjera con la modalidad de entrada por salida.

Por: Duberney Galvis

Desde el 2005 la participación de la industria de Risaralda en el PIB departamental, a precios corrientes, no supera el 15 por ciento. La tendencia ha permanecido decreciente. En el 2011 cayó a 12,8 por ciento.

La economía departamental, que estaba enfocada en los bienes transformados, con inclinación por el mercado interno, se reorientó, debido a la falacia aperturista, hacia una economía soportada en sectores con nulo o escaso valor agregado. Hoy los establecimientos y servicios financieros, inmobiliarios y comunales son los que puntean en materia del PIB departamental.

Lo que queda para mostrar de la industria se concentra en el renglón del ensamble. A esto se redujeron los escasos bienes intermedios, armados con materiales procesados en el exterior, muchos de los cuales reingresan al país luego de haber sido exportados como materia prima.

Hay que advertir que aquí la institucionalidad encargada de la economía cacarea cada producto ensamblado más allá de donde los posibilitan sus propios esfuerzos. Pero la desventaja consiste en que la calidad del empleo generado por este sector es limitada, caracterizado por el uso intensivo de equipo y maquinaria. Claro que en tierras desérticas ¡salvadoras serán las visiones!, dirán los neoliberales de turno.

No obstante el desmonte industrial no levanta el pie del acelerador. La rama de la confección, arrinconada por la revaluación y las importaciones, chapalea con las cifras negativas entre la punta de la espada, que ya presiona, y la pared. El calzado, que hizo esfuerzos de inversión en los últimos años, buscando “conquistar” el mercado mundial, supo que en el libre comercio la ruta abierta para exportar es en realidad una vía de varios carriles para importar. No es extraño entonces que el sector con mayor capital disuelto, liquidado para el 2011, haya sido la industria, con 17 sociedades en total por más de $31.000 millones*.

¿Qué hacer? En primera medida atacar el problema desde las causas y no desde los efectos. Reconocer la parte más gruesa del problema en la política de los TLC y la inversión extranjera con la modalidad de entrada por salida, con garantía de máxima ganancia para el inversor y cero o pingües utilidades para el país o la región receptora.

Además, aplicar lo que ya está inventado. Medidas de control de capitales, preferencias en materia tributaria para el empresariado local, control de tarifas eléctricas, ventajas comerciales, protección arancelaria, etcétera.

Para hacerlo son necesarios cambios de raíz en materia política y económica. Se deben tener en cuenta los reclamos que han empezado a elevar los industriales y empresarios a través de organizaciones gremiales. Como los de las autopartes, agremiados en la Coalición “No TLC con Corea”; el sector siderúrgico, organizador de movilizaciones en Boyacá, las confecciones y casos recientes como el calzado, entre otros.

Buena parte del qué hacer se ciñe a la organización y movilización de los productores y trabajadores perjudicados, y su capacidad para definir linderos políticos entre quienes buscan protegerlos y los que pugnan por insistir en tratados de comercio asimétricos.

*Informe de Coyuntura Económica Regional, ICER. 2011.