El dinero no es nada más que aquella garantía de poder efectuar un intercambio en el marco de un sistema capitalista. Pero olvidamos que hay muchas otras formas de hacer intercambios, hay muchas otras formas de compartir, muchas otras formas de satisfacerse.

Por: Leandro Toro Valencia

Centrar al dinero como el Dios supremo en un mundo capitalista fue definitivamente el peor invento que esta sociedad enferma y neurótica ha podido hacer. Bueno, aunque no sé qué es peor, si situar al dinero como centro de la vida o inventar el dinero, inventar la forma del intercambio. Aquí hay que admitir que el mismo hecho del ser humano de constituirse como ser social hace que el intercambio sea un proceso natural. Lo que hay que preguntarnos es hasta que punto se ha denigrado ese proceso natural del intercambio y el compartir hasta llevarlo a lo que es hoy: el capitalismo.

Trabajar es sin duda una de las actividades más enriquecedoras que el ser humano haya podido inventarse. Ha sido tan importante en la formación del hombre como lo conocemos hoy que hasta Friedrich Engels resalta la importancia del trabajo en su libro “La importancia del trabajo en la transformación del mono en hombre” y el cómo el trabajo físico ha sido determinante en nuestra evolución. Y el asunto trasciende mucho más, considero que el trabajo es el detonante de muchas de nuestras mejores ideas, de nuestras más grandes risas, de nuestras más grandes satisfacciones.

Todo esto acerca del trabajo siempre que se practique de manera consciente y con vocación hacia lo que se hace, siempre que busquemos en el trabajo aquello que nos motiva, aquello que nos hace verdaderamente humanos. Desgraciadamente hay un germen, un virus, una pandemia que está acabando con la visión del trabajo como el factor determinante en la dignidad del ser humano. Se trata del dinero.

El dinero no es nada más que aquella garantía de poder efectuar un intercambio en el marco de un sistema capitalista. Pero olvidamos que hay muchas otras formas de hacer intercambios, hay muchas otras formas de compartir, muchas otras formas de satisfacerse. Hoy vemos al dinero como el único eje de nuestra vida, como la única satisfacción posible, y lo peor es que la mayoría nos estamos comiendo el cuento.

¿Qué si el dinero es importante? Bueno eso es como preguntarse si debajo del mar es importante el oxígeno. Pues claro, estamos en un mundo capitalista donde la base del intercambio es el dinero. Lo que olvidamos muchas veces es que debajo del mar se puede nadar y uno puede salir a ratos a la superficie, y por ratos volver a las profundidades. Salirse del esquema que el mundo está imponiendo alrededor de las satisfacciones sólo mediadas por el dinero considero que es la labor que debemos de pensar, hacer y promover.