¿QUÉ DEBE ABORDAR LA CRÍTICA LITERARIA Y CÓMO HACERLO?

La crítica literaria, a mi manera de entenderla, es un diálogo hermenéutico entre un escritor, el contenido del texto y su lector, donde la comprensión y la interpretación se alimentan mutuamente y en forma tridireccional.

 

Por / Aprendiz de Lector

Abordar la crítica literaria colombiana desde el siglo XIX hasta la actualidad, en el contexto regional y nacional, implica buscar la relación del texto con sus diferentes contextos de creación, reales o ficticios, en donde se han sumergido tanto la obra como su creador y sus lectores e intérpretes heterogéneos.

Lo anterior nos conduce a una valoración desde diversas perspectivas. Para ello hay que despojarse en primer lugar de cuanto ismo nos invada: dogmatismos, academicismos, tecnicismos, etcétera.

Si partimos de un presupuesto, discutible indudablemente, de que todo lector en cualquier nivel que se ubique se convierte en sí en un crítico y que su acción crítica está predeterminada por su contexto cultural, sus prejuicios, sus lecturas y el rol social en que se desenvuelve y está comprometido, debemos partir de una posición clara y transparente del ejercicio de la crítica literaria despejada de todo aquello que la encierre o la limite.

La crítica literaria, a mi manera de entenderla, es un diálogo hermenéutico entre un escritor, el contenido del texto y su lector, donde la comprensión y la interpretación se alimentan mutuamente y en forma tridireccional.

El escritor debe a la crítica de su lector una mirada que posiblemente le ha sido ajena a la hora de la creatividad del texto, de la apuesta de un tema o de la forma escritural como lo ha abordado, y ello lo enriquecerá en su proceso de formación o de consolidación. Ser ajeno a ello o, enojarse por los señalamientos despojados de pasiones, negaría la esencia de su obra, como lo es el diálogo con ese otro desconocido razón de su escritura.

El texto siempre será transformado en cada lectura, ya sea por el mismo lector o por diversos lectores, pues los textos que admiten diversas miradas e interpretaciones son aquellos que nos brindan un mayor caudal de conocimientos y cuestionamientos sobre nuestra existencia y de la realidad del mundo en que habitamos o habitaron nuestros antepasados.

Las novelas siempre nos brindan más información de una región o de una época que los estudios sociológicos e históricos y lo hacen de una manera más placentera. Por eso el texto dialoga tanto con su creador como con su lector.

Se podría intentar un enlace textual con el autor y el lector considerando tres áreas básicas para entender en sí el texto literario y su contexto.

La primera de dichas áreas es la historia desde dos contingencias: una, centrada en la historia intrínseca de los textos literarios, o sea de sus contenidos y formas estilísticas escriturales; la otra, en la historia extrínseca de la literatura, relacionada con los fenómenos sociohistóricos de los tiempos y espacios donde se crearon, tanto de lo que fueron influenciadas como de las afectaciones que produjeron.

La segunda de dichas áreas es la teoría literaria o, mejor, el modelo o la concepción literaria desde que se leen los textos, donde también interviene ese mundo subcultural de cada lector, de grupos intelectuales y de las academias. La recepción literaria tan variada y cambiante no está alejada de la historia.

La tercera área es la crítica literaria, donde se asienta una serie de confusiones e imprecisiones, empezando por lo que entendemos por crítica literaria. Es frecuente confundir crítica con reseña, opinión y articulismo. La crítica literaria no puede estar ajena de la teoría y de la historia, pero, tampoco debe enclaustrarse en ellas, ni imponerlas como instrumento o direcciones del que hacer crítico.

Porque si algo le da validez a una crítica literaria es la capacidad de tolerar las diversas perspectivas de pensamiento en la obra, la valoración de lo heterogéneo y de permitir un diálogo interdisciplinario.

Ahora bien, debemos someternos a un riguroso recorrido en estos tres campos para poder enlazarlos en un corpus que nos permita una hermenéutica sobre la pregunta inicial de estas reflexiones. Para ello, debemos partir de los siguientes interrogantes en torno de las tres áreas que se proponen:

  • ¿Qué han sido?
  • ¿Cómo se han construido?
  • ¿Bajo qué criterios?
  • ¿Qué incluyeron?
  • ¿Qué excluyeron?
  • ¿Qué criterios los rigen?
  • ¿En qué cultura se han creado, instalado y permanecido?

Como segundo paso debemos preguntarnos:

  • ¿Qué cambiaron?
  • ¿Qué permanece?
  • ¿Han repensado sus criterios en espacios y tiempos?
  • ¿Se han amoldado a nuevos criterios culturales?

Un buen modelo a seguir para contestarnos estas preguntas en cualquier obra literaria nacional o regional es sumergirnos en el cúmulo de estudios desde diversas miradas de la novela María de Jorge Isaacs, donde se ha recorrido desde el romanticismo, pasando por la situación esclavista, la psicocrítica de las personajes, lo agrario del Valle del Cauca y un sin número de visiones e interpretaciones interesantes por lo heterogéneas, despojadas de dogmatismos y fanatismos académicos o políticos.

Por último, por ahora, el lector o los lectores son heterogéneos en cultura, instrucción, gustos, influencias que, respetando sus opiniones fundamentadas o no, siempre brindarán una forma de comprensión de la obra y del mensaje que en ella se deposita, ya sea para rechazarlo o adherirse a él.

Los teóricos de la recepción literaria nos brindan esas diversas miradas del lector ante una obra literaria y por ello el ejercicio de la crítica debe ser abierta y sin apasionamientos, sin compromisos con ninguno de los actores que se mueven en el mundo de la cultura literaria y editorial-comercial.

No despojarse de compromisos y apasionamientos demerita la esencia de la crítica: el diálogo entre el autor, el texto y su lector.

Estas reflexiones se las envío estimado Lord Violeta para aceptarle su invitación publicada en La Cola de Rata con el título Un último concurso literario (ver).

Un abrazo,

Aprendiz de Lector.