Así pues, Trump pervivía en la geopolítica mundial desde hace mucho tiempo. Su materialización se dio poco a poco, con paciencia y de forma inesperada. Pienso ahora que su primera aparición fue el 11 de septiembre del 2001, y durante años, y desde entonces, aprovechó el discurso confrontacionista de  los Estados Unidos…

 

Por: Miguel Ángel Rubio Ospina

Cada colombiano es un país enemigo

Simón Bolívar

Atacamos con vehemencia la elección de Donald Trump, pero olvidamos que hemos venido  eligiéndolo todo el tiempo. Somos implacables con la élite estadounidense, pero indulgentes y misericordiosos con la nuestra. Trump no es solo un presidente, es una Némesis, creada y alimentada a nuestra imagen y semejanza, con toda la suma de nuestras frustraciones, miedos, pasiones, fanatismos,  ignorancias y violencias.

Es un factor político, materializado en un líder mundial (indiscutiblemente sus decisiones, influirán en la vida del resto del mundo, desde China hasta Australia y desde América a África); beneficiando a unos pocos y afectándonos a una mayoría, que no encuentra como contrarrestarle. Y es que todos somos un poco Trump y ante eso, hay una oculta fascinación y perversa idea de que él representa esa parte oscura  de nosotros que nos susurra al oído todo lo que odiamos, despreciamos, o creemos que no es lo correcto. Un deseo escondido, reprimido, agazapado en lo más laberintico de nuestro pensamiento. En cada uno de nosotros existe un fanático que espera el momento de desatarse.

La corrección política, tan de moda ahora, no es más que asumir posiciones hipócritas ante el otro para congraciarme, quiero decir, alguien puede ser homofóbico pero hablar a favor de las comunidades LGBT solo por no ganarse problemas y enemigos. La corrección política es entonces  el nuevo populismo del siglo XXI.

Y es esto precisamente lo que no es Trump: políticamente correcto. Dejar ver sus creencias sobre temas tan delicados como el homosexualismo, las comunidades afrodescendientes, las mujeres, o el cambio climático fue lo que enardeció las masas cansadas de no ser y que encontraron un líder que les permitió expresar libremente sus fanatismos.

Es el radicalismo político del estado islámico el que lo eligió y al cual se oponen. Trump es un radical irredimible como ellos, y así, sólo así, tendría sentido la confrontación terrorista. La ignorancia y acervo religioso de los latinoamericanos lo eligieron, pues solo un personaje del mismo carácter de Maduro, Ordoñez,  Evo u Ortega, podrá rebajarse al nivel de ellos. La postura de élite y burguesa de la Unión Europea, a la que poco le importa el liderazgo de otros mientras no se metan, ni cuestionen el suyo, fue la que lo eligió, pues Merkel, Hollande, Cameroon, Rajoy,  se le parecen mucho, mientras no los toque  a ellos.

Es la ambición zarista de Putin (de quien no estoy tan seguro Trump sea su títere) la que más le beneficia su elección, no solo por aquello de que sean amigos personales; Osama Bin Laden lo fue de Bush y ya vimos cómo terminó todo; sino por la necesidad de Rusia de recuperar la hegemonía perdida desde la caída de la cortina de hierro en 1989. Para esto, por estrategia política, Putin requiere un enemigo público que le contrarreste ideológicamente sus decisiones, pero con quien bajo cuerda tengan acuerdos lucrativamente económicos.

Así pues, Trump pervivía en la geopolítica mundial desde hace mucho tiempo. Su materialización se dio poco a poco, con paciencia y de forma inesperada. Pienso ahora que su primera aparición fue el 11 de septiembre del 2001, y durante años, y desde entonces, aprovechó el discurso confrontacionista de  los Estados Unidos; vagó por Afganistán, Irak, Irán; apareció en Inglaterra con el Brexit; en Colombia con el NO plebiscitario del 2 de Octubre, y vaga entre la crisis de Venezuela como si la tabla ouija lo hubiera invocado en el cuerpo de Maduro sirviéndole de médium.

El 20 de enero lo único que sucedió fue darnos cuenta de cuánto nos hemos equivocado políticamente ante nuestro más acérrimo enemigo: nosotros mismos. Colombia lleva 200 años eligiéndolo.

@rubio_miguel