Él respondió que el colegio debe hacer lo que no hace: “Enseñar a vivir”. Y, para demostrar la capacidad del colegio cuando de enseñar cosas inútiles se trata, me contó que le había preguntado a un profesor de matemáticas cuando fue la última vez que utilizó el trinomio cuadrado perfecto y el colega no supo qué responderle.

 

Por: Juan Alejandro Echeverri

Hace mucho tiempo no lo veía. Volvimos a encontrarnos, por  motivos que sólo puede explicar la casualidad. Él, años después, conservaba la luz que revela los mundos vacuos. La escena fue así: una calle, dura y gris, como cualquier otra; una noche, empantanada de incertidumbre, como cualquier otra; y las gárgolas de tufo bohemio, y trago barato en mano, hacían ruido intentando decir algo. Él, desde el silencio -estando sin estar-, escrutaba… me escrutaba. Recordé que, cuando lo veía a diario y me miraba con los mismos ojos punzantes, lo consideraba una especie de hombre anormal. Casi siempre hablaba él, porque solo él entendía lo que decía. Hablaba de La Piedad, y adulaba a Miguel Ángel; nos pedía que leyéramos literatura del siglo de oro español; manifestaba su frustrado deseo de visitar Rusia, aunque acabara de visitar Moscú “desde su casa”; descubrimos, gracias a él, que alguien quiso provocar un maremoto con tres versos, entonces escribió un Haiku. En ese tiempo inspiraba respeto y nosotros creíamos que era miedo, también sentíamos una envidia inofensiva porque queríamos pero nunca íbamos a ser como él. Esa noche hablamos. Yo manifesté que nuestra educación era un fracaso social porque, en una época plagada de interrogantes, al inexperto estudiante le produce pánico y náuseas parecerse de grande a sus maestros. Él respondió que el colegio debe hacer lo que no hace: “Enseñar a vivir”. Y, para demostrar la capacidad del colegio cuando de enseñar cosas inútiles se trata, me contó que le había preguntado a un profesor de matemáticas cuando fue la última vez que utilizó el trinomio cuadrado perfecto y el colega no supo qué responderle. Hay personas que además de carne, son líneas que sentencian un destino y descifran los acertijos del pasado. Sin ese rayo de luz quizás hubiera sido carpintero, astronauta, futbolista, panadero o un ignorante orgulloso de su ignorancia.

@j_alejo16