IAN LOPEZ (DER)Qué pena pues sonar tan amarrado, pero esa es la función de ellos, ¿no? Para eso les pagan, para eso los contratan y para eso vamos, a que ayuden a que nuestra estadía en el establecimiento sea lo más agradable posible.

Por: Ian Lopez

Nos hemos creído el cuento que cuando le damos una buena propina a un mesero estamos siendo amables, amplios y socialmente correctos; pero no entendemos el trasfondo de ese acto, de la semiobligatoriedad de la propina, y del beneficio del empleador, como siempre.

Me ofende ver esas ofertas de empleo donde en el salario mencionan, con orgullo, el monto de las propinas o un piropo a lo generosas que son. ¿De verdad? El empleador le paga al empleado menos del mínimo y pone al público a que le ajuste el salario según la buena fe de cada uno, ¿y todos estamos de acuerdo con eso?

Qué pena pues sonar tan amarrado, pero esa es la función de ellos, ¿no? Para eso les pagan, para eso los contratan y para eso vamos, a que ayuden a que nuestra estadía en el establecimiento sea lo más agradable posible.

De igual modo, todo también es cierta culpa de quien se deja, porque si nadie trabaja así, el sistema tiene que cambiar, pero no falta el que regala su trabajo y por ende el de los demás.

Uno en su función como mesero atiende al cliente en miras de obtener una buena propina; y es común que se gane más en esto que en trabajos de oficina, lo cual también es un atropello al mismo hecho de ser profesional o de estudiar, de prepararse, porque a mí me parece un descaro que un mesero bien ubicado pueda ganarse dos millones de pesos al mes, o más, mientras que cientos de profesionales ganan rodeando la cifra de un millón; es que hay meseros ganándose más que los propios chefs del restaurante, y puede que sí presten un buen servicio, pero tienen salarios más altos que personas que han estudiado 6 años y trabajan de 8 a 6, más medio sábado. De igual modo, también hay unos muy mal pagos y otros que tienen temporadas muy buenas, otras muy malas que lo dejan casi con el básico raspado. Por donde mire uno esto queda cojo.

Todo esto sin mencionar que la propina de algunos establecimientos se junta y se divide entre todos los empleados del lugar, se saca para cristalería, para reponer cosas que se dañan o quiebren y un porcentaje más alto para administración.

Si hace tiempo la regulación de contratación en esta área hubiera dicho: No, así algunos de ellos no trabajen las 40 horas semanales, merecen un salario fijo y acorde, prestaciones, todo, porque están trabajando, y es una labor tan digna como la de cualquier otro; y así no estaríamos pensando en darle propina a los meseros, y ellos no estarían pensando en sonreírnos de más y en hacernos la pelota, como dicen por ahí.

Pónganse a pensar si a un médico o a un profesor le dieran propina por hacer el trabajo que se supone que deben hacer, porque para eso estudiaron y para eso trabajan, y por tanto hay un salario fijo, sujeto a los incrementos de la inflación y demás cambios que trae un año nuevo. Imagínese, imagínese usted que al doctor, que le pagaran 400 mil de básico más comisiones por gripes sanadas, inyecciones aplicadas, bonificaciones por huesos reparados y extra bonus por operaciones, todo por un monto mensual de 1’500.000. Duele de sólo pensarlo.

Resumiendo, no tengo ningún problema con los meseros, ni nada en su contra, yo también trabajé en eso en algún momento de mi vida, y por eso sé cómo se mueve desde adentro. Y sí, hay muchas injusticias, esta es una más, bla-bla-bla, no podemos hacer nada. Piénselo bien y deduzca qué puede hacer para cambiar, poco a poco, las cosas que no están hechas de la mejor manera.