“El llamado” en la lectura literaria

elbert coesHe visto surgir irritación en algunos cuando alguien expresa que lee determinado autor con ahínco (Pablo Coelho, Walter Riso, Agatha Christie).

 

Por: Elbert Coes

Los problemas de lectura en estudiantes de talleres, colegios y universidades comienzan en el instante en que se les imponen determinados textos, cuando el “guía” canoniza algunos autores y margina a otros, cuando éste juzga los libros o sus autores. No hay nada más vetusto y a la vez frustrante que decirle a un lector qué leer. Un individuo llega a los libros por intuición y se aleja por mañas superficiales de guías que pretenden saber a cabalidad cuáles son los libros y autores valiosos.

Hay quienes se jactan de decir que leen El Quijote, sin haber abordado la obra con la intención adecuada, sin haber sido llamados a ella. Lectores de Madame Bovary y de Rayuela sin una intención literaria mayor que el alarde.

Además, se presenta el problema de la territorialidad, ese que consiste en leer únicamente autores locales; cuando no es que se mira con desdén a autores que alguien en la academia optó por llamar “manidos”. He visto surgir irritación en algunos cuando alguien expresa que lee determinado autor con ahínco (Pablo Coelho, Walter Riso, Agatha Christie). Ningún hombre tiene la llave del corazón de otro para decirle qué lectura es buena para su alma.

Autores como William Ospina, Burgos Cantor e, incluso, García Márquez, por maestros que sean, no son indispensable en la canasta literaria de un lector. Ni siquiera los son los clásicos de Homero o de Virgilio en tanto el lector no haya sentido “el llamado”. Aquello que no es más que la punzada en el corazón que insta a un lector, de manera intuitiva, a leer un libro en particular.

Por supuesto que un lector debe regular su lectura, sistematizar lo mejor posible su consumo literario. Y debe leer tanto como le apetezca; pero no representa ningún orgullo o avance leer un libro solo para alardear de él, ni tampoco nadar contra la corriente cuando por ejemplo se empieza a leer un libro como Ulises y no se comprende nada. Un libro que no se siente —porque más que entender el libro hay que sentirlo— es un libro que no ha invitado a ser leído. Ellos tienen su tiempo. Hay libros que exigen madurez o uno que otro requisito interior del individuo para dejarse leer. Es el lector quien sabe cuándo debe o no abordar un texto. El deber del guía es ayudarle a ese lector a desarrollar su capacidad intuitiva para encontrarse los libros que necesita y que lo necesitan a él; porque el libro salva a un lector lo mismo que el lector salva al libro; entre ellos debe existir un noviazgo honesto, cariñoso, lleno de afectos, y no una relación superficial y adornada de fruslerías, como las que hoy día se suelen ver desafortunadamente en la academia.