SIMON BLAIRA mí me resulta apasionante saber que somos un enigma y que cada día estamos tratando de entender quiénes somos, de dónde venimos y cómo actuamos.  ¿Sin dios no hay moral?  Quién lo dice…

Por: Simón Blair

No logro recordar quién fue el que alguna vez escribió que tratar de debatir con un creyente es como jugar ajedrez con una paloma: sólo se dedica a mover brioso las fichas sin saber por qué, hasta que finalmente estropea todo lanzando el tablero al suelo; en un estruendo de fichas y de gané.  Pero no, nunca ganan aunque piensen que sí.

Las revistas religiosas, como cualquier otra fuente de información, se están adaptando a debatir las corrientes o todas aquellas ideas, teorías y HECHOS que las corrigen, las debaten o las aplastan.  Es evidente su miedo, su temor ante los nuevos hechos que derrumban sus dogmas.  Es por eso que hace pocos días llegó a mi casa una de sus revistas  enviadas por el  golem de los Testigos de Jehová, la Watch Tower Bible and Tract Society of Pennsylvania . Una importadora y exportadora de folletos bíblicos descomunales (2.000 millones al año, en más de 600 lenguas). El tema del mes: la evolución biológica de las especies con el título de ¿Es la vida obra de un creador?, un título nada sugestivo que busca atraer ateos, católicos, budistas o musulmanes a menos que usted sea un lector demasiado detectivesco para advertir una c mayúscula en “Creador”. 

Hoy quisiera escribir sobre un artículo; el último de la revista que plantea que si dios no existe (¿pero cuál?) o si él no nos creó, la vida no tiene ninguna importancia, relegada al quehacer de los existencialistas.  Cita las palabras del importante biólogo estadounidense Will Provine: “Lo que hemos aprendido sobre el proceso evolutivo tiene enormes implicaciones para nosotros, pues influye en nuestra noción del sentido de la vida, por lo tanto (…) no le encuentro un sentido cósmico ni último a la vida humana” y sus contraargumentos podrías resumirlos en los siguientes puntos: 1) “nuestra existencia no tiene otro fin que el de pasar nuestros genes a la generación siguiente y hacer algún bien” 2) “todos somos accidentes de la naturaleza” 3) “Dios no existe ni intervendrá en ninguno de los asuntos humanos, por lo tanto la maldad queda justificada” 4) “Nuestro futuro quedará en manos de líderes políticos, intelectuales y religiosos del mundo. Y a juzgar por la manera como estos han obrado en el paso, el caos, los conflictos y la corrupción seguirían plagando a la humanidad” 5) “Si la evolución es una realidad estamos más que justificados para regirnos por el lema fatalista que dice “Comamos y bebamos, porque mañana hemos de morir” (1 Corintios 15:32).

Creo que ya es segura la razón por la cual escribí en cursiva la palabra contraargumentos; simple y llanamente porque no existen.  ¿Acaso en todos estos puntos los creyentes tienen algo más que hacer? Quiero decir ¿no se aspira por lo menos a hacer algún bien? ¿O alienar como lo hacen los testigos de Jehová es un bien supremo? Claro, siempre y cuando se piense que ellos y los que admiten sus creencias serán los únicos que logren llegar a un paraíso, mientras un dios pasivo y amoroso envía a sufrir  a ateos o incrédulos en campos de azufre…Porque eso sí es un bien celestial, advertir a los demás que se arrastrarán como cucarachas si no aceptan a ciegas lo que ellos dicen. Además, de dónde salen esas conclusiones de que nuestra vida es solo pasar genes de generación en generación cuando muchos encuentran satisfacción suficiente en las artes, ciencias, literatura (e incluso dementes en los asesinatos, violaciones y alienaciones). Y esto, por supuesto, no tiene nada que ver con el propósito de la vida, porque ciertamente no existe; está relacionada con las personas y no su relación con el universo y otras patrañas. De otro modo todos iríamos hacía el mismo lugar, haciendo lo mismo hasta el “fin” mientras le construimos iglesias a Choprak.

¿Y cuál es el problema de ser un accidente de la naturaleza? ¿Dónde está lo malo de esto? Por el contrario, a mí me resulta apasionante saber que somos un enigma y que cada día estamos tratando de entender quiénes somos, de dónde venimos y cómo actuamos.  ¿Sin dios no hay moral?  Quién lo dice… ¿el señor barbadito que destrozó Sodoma y Gomorra, aprueba el asesinato de mujeres considerándolas inferiores, torturando detractores etc, etc, etc.? Es absolutamente absurda y obsoleta esa afirmación, porque la religión no determina la moral: ejemplos sobran y bastan, e incluso son innecesarios por el mismo motivo. El factor dios no es ejemplo de moral: la historia lo confirma.

En el punto 5) se rajan totalmente. ¿Hasta cuándo, entonces, tendremos que esperar que dios baje y purifique este mundo de pecadores? ¿No hay demasiado horror histórico de “políticos, intelectuales y religiosos del mundo” como para que él siga campante en el cielo comiendo uvas chilenas? Y por lo que veo, si no hacemos nada seguiremos en manos de estos últimos y que por cierto ustedes siguen, pero ¡claro!, esos “líderes religiosos” no son otros que los que están en una dogma diferente al suyo. Contradicciones que no se empeñan ver. 

Pero ¿cuál es, entonces, la solución que nos brindan ellos? Pues que sigamos las enseñanzas de la Biblia y obedezcamos a dios (Juan 17:3). “Millones de personas por todo el globo terráqueo dan fe de que nada aporta tanto sentido a la vida como aprender acerca de Dios…”. Y esto es cierto en la primera capa, pues en el fondo es una mentira. Mentiroso y sumiso, así debemos construir nuestro destino según los cristianos. Es decir, morir engañados, creer todo lo que se nos dice e impone, no cuestionar absolutamente nada. Es evidente que esto es cualquier cosa menos una vida completa y feliz como proclaman en sus folletos. Es vivir rodeado de miedo: de facilismo e incomprensión.

Y por cierto, si la vida no tiene un fin cósmico, no la hace menos bella, ni más fea, ni más desastrosa ni menos indulgente.

Pero “las pruebas son contundentes”, dicen ellos. Sale volando la paloma.