Diego Firmiano 150x75 “Tengo una fantasía sexual recurrente. No, no es tirarme a Donald Trump en su avión privado mientras sobrevolamos Saint-Tropez a mil metros de altura. No se me ocurre nada que pudiera darme más asco”

Sasha Grey. La Sociedad Juliette

 

Por: Diego Firmiano

Estados Unidos está viviendo un neo-jingoísmo con las polémicas declaraciones del magnate y capitalista Donald Trump, aspirante a la presidencia de dicha nación. Wikipedia define el término en sentido negativo, como manifestaciones de orgullo nacional exagerado, con pretensiones de superioridad[1], pero huelga la aclaración, el significado no apela a un nacionalismo sano, sino a uno agresivo y, como dice el adagio, el árbol se conoce por sus frutos.

Los recientes ataques verbales a la cultura mexicana, que por completo representa también a la cultura latinoamericana, es un brote del jingoísmo más hostil en la piel norteamericana. Podría ser muy prejuicioso decir que un ciudadano expresa lo que su nación es, pero en una potencia como Estados Unidos sí se cumple esta agudeza por cuanto es una nación universalmente rectora. El sociólogo Noam Chomsky fue quien desempolvó el término designándolo como sinónimo de “patriotero, vocinglero, chauvinista”, a propósito de las agresiones de su país hacia otras naciones.

Si Donald Trump gana las primarias electorales, lo hará por el poder económico más que por el poder de convencimiento sobre una sociedad que considera que las migraciones son un motor importante de la economía de la nación. Es más, si el magnate republicano gana la presidencia (cosa muy dudosa) le tocará a su nuevo gobierno cambiar el viejo lema fundacional en las monedas de centavo –e pluribus, unum-. Unidad en la diversidad, término que designa la naturaleza plural  de los Estados Unidos, por su historial de migraciones. Y es que el discurso político del Trump es la voz de lo que se denomina yankees de viejo cuño -oldtimes Yankees- que dictan la norma de lo que es o no es “americano”, dejando así al descubierto la delgada y frágil línea entre lo nacionalista y lo sectario. Americanismo que sin duda es un eufemismo discursivo que olvida que la historia norteamericana es la historia de sucesivas migraciones buscando en América el paraíso perdido europeo.

En problema del discurso de Trump es sencillo: capitalismo e historia no son compatibles (a excepción de las diversas filosofías económicas de Karl Marx y Adam Smith). El pueblo norteamericano no es especialista en historia porque no tiene una, ya que como observaban los sociólogos de la escuela de Frankfurt, Estados Unidos es un país de historiadores propagandistas, sin más ni menos.

¿Qué significa para Donald Trump las emblemáticas embarcaciones Mayflower y el Speedwell? ¿Son para él sucesos aislados de lo que Norteamérica es hoy como nación? El discurso de Trump que acapara toda la atención, especialmente de los medios sensacionalistas, es una comprobación del olvido (o desconocimiento) de las ideas de los padres peregrinos, los padres fundadores y de los padres de la patria, redactores de la constitución norteamericana. Su voz, sin duda, es el neo-jingoísmo encarnado en la figura de un capitalista agresivo.

[1] Jingoísmo. https://es.wikipedia.org/wiki/Jingoísmo