Los campesinos están desamparados en medio de la abundancia, cuando no tienen las garantías y el apoyo estatal con que cuentan los agroindustriales.

 

Por: Emilio García Gutiérrez*

Observamos desde Villavicencio que, paulatinamente, se fue incrementando la llegada de empresarios que circundaban la altillanura entre los municipios de Puerto López y Puerto Gaitán en el departamento del Meta.

Algunas de ellas, tales como La Fazenda, productora de cerdos y enormes extensiones de maíz y soya. También está Bioenergy, un megaproyecto que promueve el cultivo de caña para agrocombustibles, y Mavalle, con considerables extensiones de caucho.

Lo extraño es que a estas empresas los programas gubernamentales las están apoyando con incentivos y subsidios, pese a cambiarle el uso al suelo, generar grandes desequilibrios ambientales y enormes desigualdades en torno a la distribución de las tierras.

Pareciera que los campesinos de la zona valen menos que los chanchos, el combustible para los carros y el caucho para las ruedas. Se reducen cada vez más las posibilidades de subsistencia de los campesinos en medio de un vecindario agroindustrial. Los campesinos están desamparados en medio de la abundancia, cuando no tienen las garantías y el apoyo estatal con que cuentan los agroindustriales.

La tierra es tan sólo el elemento básico para las economías campesinas. Para convertir al campesino en un eficiente productor agropecuario y actor fundamental de la soberanía alimentaria, era necesario, más que estimular el acceso a la tierra, dotarlos de una buena capacidad empresarial, lo cual se lograría a través de asistencia técnica y capacitación acompañada de mejores servicios básicos sociales y de la infraestructura adecuada.

Ahora, todo el fenómeno social provocado por la agroindustria en la altillanura, es una nueva cultura de pseudo-llaneros que ha generado la agroindustria y la presencia petrolera en los llanos del Meta, Casanare y el Vichada. Ahí ni paisaje, ni topochera, ni caballo, ni potro, ni vaca p’a ordeñar, ni joropo, ni cotiza… mucho se perdió.

Del llano de antes casi no queda nada, de otras tierras llegaron nuevos patrones para enseñar a vivir de otra manera… Queda ahora una nueva generación de llaneros tratando de sobrevivir tiempos difíciles y adaptándose al cambio cultural.

*Catedrático ESAP