Por Libardo García Gallego

Érase un presidentico
Sin nadita que temer,
Sino chuzadas, desaparecidos,
Corrupción y carrusel.

Insultaba periodistas,
Calumniaba por doquier
Y el pobre no encontraba
Más maneras de joder.

Y este hombrecito no tenía
Ni un ranchito en qué vivir
Nada más un latifundio
Con su huerta y su jardín.

Nadie, nadie lo cuidaba
Sino el DAS y la UIAF
Ya que ministros y asesores
Lo solían engañar.

Nunca tuvo en qué sentarse
Sino sillas de montar
Con sombrero y pocillito
De tintico al cabalgar.

Nunca tuvo culpa grande
Ni declaraciones que ocultar
Aparte de las cuentas
De su entorno familiar.

Y este pobre hombrecito
Cada año, hasta su fin,
Controlaba casi todo,
Pero no pa’ delinquir.

Y al mirarse en el espejo
Lo espantaba siempre allí
Una vieja de gran toga,
Con iniciales CPI.

Y este pobre hombrecito
No tenía que desmentir
Sino escándalos de muertes
Y desplazados mil y mil.

Y a no ser por sus muchachos,
Tom y Jerry, gran delfín,
Solitico por el Twitter
Anduviera el infeliz

Apetito nunca tuvo
Enseñado a trabajar,
Si no gozó salud completa
Fue por culpa de LAFAR.

Se jubiló de malas pulgas,
En una casa policial,
Y jamás volvió a quejarse
Pues tenía seguridá.

Y este pobre hombrecito
Al partir no dejó más
Que expedientes y demandas,
Y desprestigio orbital.

Vaya en paz, y Dios permita que logremos comprobar/ La inocencia de este pobre/ Sin vivir así de mal.

Autor desconocido
Inspirado en la misma fábula que inspiró a Rafael Pombo