LEO TORO

La homofobia mata, el prejuicio mata, y cómplices de ellos son los medios de comunicación, la iglesia católica, las facciones tradicionalistas de la sociedad y el silencio al que nos han acostumbrado desde siempre.

Por: Leandro Toro Valencia

Hoy en día tendemos a pensar que lo más peligroso para una sociedad son los ladrones y asesinos que sin escrúpulos se valen de la gente de bien para satisfacer sus necesidades personales. Y nadie niega que esto es un cáncer de la sociedad, pero hay otras problemáticas que son poco visibilizadas y que causan muertes a diestra y siniestra. El prejuicio puede matar, y de esto son ejemplo, desgraciadamente, Daniel Zamudio y Agnes Torres, dos personas como usted o como yo que no le hacían daño a nadie y cuyas muertes deben ser símbolo para que no se repitan. Daniel y Agnes fueron asesinados por la homofobia.

daniel-zamudioDaniel Zamudio Vera fue un joven chileno que en marzo del 2012 fue brutalmente atacado en el Parque San Borja de Santiago de Chile. Las heridas que le propinaron los jóvenes con tendencias neo-nazis acabaron con su vida semanas después. Daniel fue víctima de un odio desmedido, irracional, brutal e ilógico que desgraciadamente lo convirtieron en símbolo a nivel latinoamericano de la lucha que hay que llevar en contra de la homofobia. Les recomiendo leer esto.

Agnes-Torres

Agnes Torres, licenciada en psicología de la Universidad Veracruzana y chica transgénero que luchaba por el reconocimiento y respeto de las personas transgénero en México, fue asesinada cerca de la ciudad de Puebla en marzo de 2012. Su carrera profesional brillante fue truncada por la homofobia que realmente mata y pocos se dan cuenta de ello. Para ampliar les recomiendo leer aquí

Daniel Zamudio, chileno, y Agnes Torres, mexicana, murieron, eso es un hecho y ha de llenar de tristeza los corazones de aquellos a quienes nos duele este tipo de muertes. Más que coincidir en cuanto al mes de su fallecimiento, coincide el odio que tras su muerte hubo. La homofobia es un prejuicio, es una enfermedad que lleva a las personas a actuar de manera irracional por el solo hecho de que otro tenga cierta conducta diferente, que no tiene absolutamente nada de tachable o censurable.

Y es muy cierto cuando Agnes Torres, en una entrevista, afirma que la discriminación empieza por la boca, es decir, con el lenguaje que utilizamos. De nada servirá cambiar las leyes si el lenguaje que nos llega diariamente viene cargado de prejuicio y discriminación. Y muy cercano a Zamudio, la iglesia chilena publicó un polémico libro donde afirman que la homosexualidad es “un desequilibrio y una desviación” y la compara con el sadismo, el masoquismo, la pedofilia y la bestialidad. Dice también que “la actividad homosexual impide la propia realización y felicidad porque es contraria a la sabiduría creadora de Dios” y que “el acto homosexual es pobre y empobrece a quien lo realiza”, y acusa a los gays de narcisistas, pecadores y desviados, cuyos actos “desordenados” no pueden recibir aprobación alguna.

La autoridad moral, porque a ese grado han elevado a la iglesia, ya da la vía libre para no aprobar este tipo de conducta, lo mismo que hicieron los asesinos de estas dos personas  cuyo único crimen en la vida fue existir.

La homofobia mata, el prejuicio mata, y cómplices de ellos son los medios de comunicación, la iglesia católica, las facciones tradicionalistas de la sociedad y el silencio al que nos han acostumbrado desde siempre.

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