El ‘tema’ es ese

Ocioso como soy, me di a la tarea de seguirle la pista a los usos y abusos que  los medios de comunicación en distintos formatos hacen de algunas expresiones que, de tanto  repetirse , acaban por distorsionar  su sentido original o, peor aún, por perder todo sentido.

Por: Gustavo Colorado Grisales

¿Se han fijado ustedes en esa manía arribista de sustituir los vocablos cortos  y certeros  por otros más largos que  transmiten la idea de sofisticación? Por ese camino, la gente ya no ve películas sino que las visualiza: va uno saber qué valor  le agrega eso al viejo encanto del mundo contado en imágenes. En la misma tónica, ya no se dice que un grupo de personas se reunió para compartir algún descubrimiento: ahora resulta más elegante declarar que “socializaron” los resultados de una investigación, omitiendo de paso que el verbo socializar tiene un sentido por completo distinto al que pretende adjudicársele.

Otra perla que muy pronto se convirtió en epidemia hizo de la  frase “De cara a” una suerte de comodín para resolver las  situaciones más dispares. Aquí les va un ejemplo: “Los ministros del gabinete del presidente Santos se reunieron para tomar medidas de cara a las decisiones que el Congreso de la República pueda tomar de cara a la reforma tributaria”. Si disponen de tiempo y paciencia hagan el ejercicio y no tardarán en encontrar la expresión de marras regada como enredadera en  medios impresos,  televisión, radio y publicaciones digitales. Por lo visto, los forjadores de la muletilla decidieron suprimir de un tajo  recursos como los siguientes: con el propósito de, con miras a, con el fin de, frente, ante y toda una colección de  palabras y  sentencias equivalentes. En la misma línea, la  declaración  “Se prenden las alarmas” borró del diccionario de los periodistas verbos como alertar, advertir, prevenir y media docena de sinónimos más.

Pero la joya de la corona la constituye  el vocablo “tema”, al punto de que más parece una plaga bíblica que un recurso expresivo. En una entrevista radial emitida el pasado fin de semana, entre el periodista y el invitado repitieron, no me lo van a creer ¡Veintiocho veces la palabreja en el transcurso de una hora, descontando el tiempo de los anuncios! Ustedes sabrán dispensarme, pero voy a transcribir  la introducción al diálogo:

-Con el fin de hablar sobre el preocupante tema del invierno, y de las dificultades afrontadas  por los damnificados, hemos invitado hoy al doctor Díaz, experto en el tema del manejo de la prevención de desastres. Doctor:¿ Qué tenemos para decirle a nuestra audiencia sobre el tema?

-Pues la verdad es que se trata de un tema preocupante, porque el tema de la asignación y el flujo de los recursos se ha visto entorpecido por la legislación sobre el tema de contratación…

Mejor no sigo citando, porque los pocos lectores que tuvieron la paciencia de llegar a esta altura del artículo podrían lincharme. Más bien ocupémonos de las posibles razones de esa pandemia.

La primera está sobre diagnosticada: Como no leemos ni investigamos, nuestro acervo de  recursos es lo bastante escaso y rudimentario para que resulte más cómodo casarse con  una colección de lugares comunes que nos ayudan a salir del atajo. Bastante maltrechos y con poco respeto hacia las audiencias, eso sí. Pero eso parece no importar mucho.

La segunda es hija bastarda de la primera: se trata del facilismo puro. Si  en el diálogo citado suprimimos la palabra en cuestión, notaremos que el estilo se hace más ágil y fluido, sin detrimento del sentido. De ese modo aportamos al enriquecimiento conceptual de los consumidores de información. Y si mal no recuerdo ese es, en teoría, uno de los propósitos de los medios de comunicación: ampliar la perspectiva y la profundidad de lo que reciben las audiencias. Digo en teoría, porque la experiencia nos muestra otra realidad, al menos en la  mayoría de los casos. Pereza  mental, indolencia  y falta de rigor parecen ser la moda al uso. Los resultados saltan a la vista. Por incómodo que resulte, pacientes lectores, el “ tema” hoy era ese.