El viejo samán que ataja el “desarrollo”

CARLOS VICTORIAAhora lo que observan a su alrededor es el desmantelamiento de la promesa ambiental impresa en folletos y atractivas vallas publicitarias.

Por: Carlos Victoria

Mañana es el Día de la Tierra y en Pereira, al menos, no hay nada que celebrar. Aquí como en otros lugares del mundo y el país los agentes económicos, con el beneplácito del Estado, arrasan por naturaleza. El bosque seco tropical, por ejemplo, viene siendo objeto de una sistemática destrucción para dar paso a urbanizaciones de estrato veinte, ante la mirada atónita de la comunidad y la complicidad leguleya de quienes dirigen los destinos del Municipio.
arbol amenazado con ser taladoEn las últimas horas las redes sociales se crisparon tras la denuncia de los residentes de un condominio campestre, al sur de la ciudad, con el fin de impedir la tala de un samán centenario (foto) el cual  es considerado como un estorbo para la compañía que construye el condominio San José de las Villas. Uno  de sus funcionarios dijo en una reunión de vecinos que “el desarrollo de Pereira no se va detener por un árbol”. Así pensaron, también, los empresarios de la colonización  que se apropiaron de estas tierras hace 150 años.
El debate no es solo por un árbol, cuya defensa ha cohesionado a los ciudadanos del sector de El Tigre, que en últimas se fueron a vivir a la zona rural de Pereira para reencontrarse con la naturaleza arrasada por la degradación del ambiente urbano. Ahora lo que observan a su alrededor es el desmantelamiento de la promesa ambiental impresa en folletos y atractivas vallas publicitarias. De a poco los guaduales, barbechos y árboles emblemáticos han sido talados a cambio de postes y cercas. Y con ellos las iguanas, ardillas, pavas y demás fauna desplazada y moribunda.
Y para completar esta semana escuché a un consultor de la firma Tourism Consulting S.A., contratada por la Alcaldía para elaborar el flamante Plan Maestro de Turismo de Pereira, decir que: “Pereira es una ciudad muy verde”. A lo mejor este fulano sigue apegado a las fábulas de la publicidad engañosa con la que los urbanizadores y sus acólitos en las oficinas públicas venden la ciudad al mejor postor. La realidad es otra: en la zona rural de Pereira lo que  ha rebrotado es una ciudad campestre, artificial y con una vida muy limitada por problemas como el abastecimiento de agua, propia destrucción del paisaje, y la biodiversidad.
No hay planeación, lo que pelecha es un mercado de tierras para proyectos condominiales que  usufructúan el patrimonio natural para fines especulativos. Y lo que es peor: acelera una mayor segregación social, a través de la cual se profundizan los abismos entre ricos y pobres. Esta semana el DANE confirmó que Pereira es la ciudad donde la pobreza en lugar de ceder sigue en aumento, asunto que, por demás,  conviene a los compradores de votos en las elecciones de 2014. A mayor pobreza mayor clientelismo, pero también más garrote como ocurrió con los pobladores de la Avenida del Río y La Cascada, junto al barrio El Dorado. Título de esta tragicomedia: Premio para los urbanizadores, y bolillo para los invasores.
El samán centenario que está  a punto de ser derribado entre Quintas de la Rioja  y Quintas de Sevilla, solo corrobora que no hay apego por la conservación de la biodiversidad, y que el discurso sobre el calentamiento global solo funciona en el papel. La realidad construida por los urbanizadores de la zona rural, ahora campestre, confirma que también las autoridades ambientales solo existen en el papel, incluyendo el papel moneda que tanto apetecen. No hay Estado y cuando aparece es para sumarse al ruido de la motosierra y el tremor del bulldozer.
Así las cosas el paisaje cultural cafetero es pura paja. Menos mal que el viejo samán se transformó en un símbolo de la resistencia ante el avance de un desarrollo urbanizador que se especializó en acribillar los pocos bosques que nos quedaban. Si  talan el samán será otro triunfo de la racionalidad mercantil y la indolencia estatal. No es el fundamentalismo ambientalista el que se opone, es el sentido común en tiempos de crisis de la racionalidad capitalista. Crisis ambiental, crisis de derechos, crisis irreversible de un modelo mentiroso y oprobioso.