La invitación a las familias es que en lo posible no traten a sus adultos mayores como los mensajeros, tengan en cuenta que ellos, más en las ciudades grandes, quedan expuestos a muchos riesgos en materia de movilidad, seguridad, caídas y demás.

 

Por: Juan Carlos Zamora

Quienes convivimos con adultos mayores o pensionados, tenemos una oportunidad de aprender y aprehender acerca de esta etapa de la vida, porque para allá vamos.

Conversando con contemporáneos que tienen bajo su cuidado a sus padres se llega a la conclusión que a pesar de que muchos tienen posgrado, pregrado universitario, bachillerato, algunos con perfil técnico u operario, después de pensionarse quedan en un limbo tanto productivo como espiritual.

Porque es respetable que muchos de ellos o ellas se “quemaron” en su actividad laboral y quieran olvidarse de esta, porque en muchas oportunidades resultan con enfermedades profesionales tanto físicas como psicológicas o simplemente el cansancio normal.

Con este panorama y la escasa política pública destinada al manejo del pensionado, para muchos de ellos su existencia queda ligada a cuidar sus nietos, si los tienen, o a hacer diligencias en bancos o a pagar impuestos o, peor aún, estar visitando la EPS que de por sí ya es todo un “parche” porque allí la atención no es tan ágil, ni oportuna, entonces el paso del tiempo para ellos es valioso. Dinámica con la que estoy en desacuerdo.

Personalmente, estoy en total desacuerdo y me parece hasta irrespetuoso dejarles niños y niñas a unas personas que ya criaron, que es justo que descansen, porque un menor de edad requiere de mucha energía. Eso sin contar que si los abuelos tienen alguna discapacidad, esos menores quedan expuestos al mal uso del tiempo libre.

Ahora bien, y que particularmente es lo más preocupante, son los adultos mayores que no necesariamente están en condición de discapacidad o tienen alguna enfermedad profesional, pero que sí ven ya sea en los médicos particulares (si tienen los recursos) o en las EPS, por un lado, a un amigo o su segundo hogar. Con lo que quedan vulnerables a galenos deshonestos que hasta les inventan enfermedades para tenerlos como pacientes continuos. O se arriesgan a contraer virus o bacterias que pululan en las “promotoras” de salud.

La invitación a las familias es que en lo posible no traten a sus adultos mayores como los mensajeros, tengan en cuenta que ellos, más en las ciudades grandes, quedan expuestos a muchos riesgos en materia de movilidad, seguridad, caídas y demás. Y estén muy pendientes de la salud mental de sus adultos mayores, porque el cerebro también se desgasta y no debe ser vergüenza hablar de tratamientos para las ansiedades o depresiones, para eso hay profesionales de la salud especialistas en esto. No hay que hacerlos sentir como locos.

Para los gobiernos locales, seccionales y el Nacional, a las EPS y las mismas empresas o entidades a las que prestaron los servicios, la invitación es a crear políticas para el uso del tiempo libre para los pensionados y sobre todo, en cultivar algún arte, o actividad física, dejen ese pensamiento de que porque el pensionado tiene tres pesos en el bolsillo, entonces que mire a ver qué hace, porque muchos en su “desparche” se inclinan por el consumo de licor, de cigarrillo o en casinos. Otros se consumen en sus depresiones, lo que conlleva a finales fatales.

Como sociedad debemos tener cuidado con eso, porque todos vamos para allá.