La corrupción se convirtió en una patología social, aceptada incluso por aquellos que la padecen. Dentro de los perfiles de los corruptos hay de todo, pero destacan por su peligrosidad aquellos que posan de limpios y transparentes, esos que en el fondo están alimentados por los peores vicios y las más ruines ambiciones, camufladas en palabras rimbombantes como civismo y entrega ciudadana.

 

Por: William Restrepo