No se trata de sí o de no, plurales. El pueblo, frente al plebiscito sobre el proceso de paz y los acuerdos firmados en La Habana, debe tener criterio para decidir. Es lo que siempre le ha faltado al buen colombiano: decisión, discernimiento.

 

elbert coesPor Elbert Coes

Hemos pasado de discutir sobre el método para debatir el y el no. Aquello que empezó en el Caguán y que en el 2012 se mantuvo confidencial durante varios meses, se halla quizá en su etapa más madura.

Cada día trae sus necesidades, afirmación que se comprueba sola. En términos de guerra, justicia y paz así ha sido, así es, desde que durante su periodo presidencial Ernesto Samper Pizano abrió la posibilidad de un final al conflicto armado usando como herramienta el diálogo frente al ELN. Han pasado ya casi veinte años. Para entonces el pueblo colombiano tenía otras dificultades, igual de complejas que las actuales; no obstante, y a pesar de ello, se dio inicio a una serie de eventos generadores de las actuales condiciones para sentar las bases del fin del conflicto armado en Colombia.

No se trata de o de no, plurales. El pueblo, frente al plebiscito sobre el proceso de paz y los acuerdos firmados en La Habana, debe tener criterio para decidir. Es lo que siempre le ha faltado al buen colombiano: decisión, discernimiento. La mayoría nos basamos en el voz a voz y en el chisme dado por los medios parcos de información: cada uno diciendo y no, y nosotros tomando partido por quien nos agrada, y atacando a quien no. El voto, como siempre, ha de ser individual y concienzudo. Este es un discurso echado ya por muchos y durante mucho tiempo, pero que resulta necesaria su reiteración.

La gran mayoría del pueblo ejercerá su derecho y deber al voto. Más de la mitad de los colombianos desconoce el motivo del plebiscito, incluso la razón por la que este se aplica en caso determinado, tal como ahora. Una gran mayoría del pueblo ignora de qué van los acuerdos, y si lo sabe un pequeño porcentaje, bien puede enumerarlos con los dedos de sus manos, no siempre analizan el trasfondo ni tampoco se cuestionan histórica, económica y socialmente qué implica cada uno de ellos y todos en general.

El criterio solo se da a través del conocimiento. Sería deshonesto del gobierno actual si el pueblo votara con este desconocimiento. Hay campañas de socialización, por cierto. En este momento, alrededor de todo el país se está llevando a cabo mucho de eso. Aliados y no del actual gobierno, repito, no se trata de o de no en plurales. El presidente y cada partidario del proceso de paz deben por antonomasia darle al ciudadano las herramientas para que este decida con discernimiento qué es lo mejor para su país. ¿Son suficientes las campañas de concientización?, ¿están siendo eficaces en ese sentido? Hay que tener claro que no se trata de una competencia política sino de una búsqueda común de la armonía social.

Los intereses están por encima del individuo. Aquí no se entregarán regalías ni puestos públicos o alza de salarios. Aquí no hay fraternidad política por hacer parte de este o aquel movimiento o partido. Esta es una cuestión humanista, que atañe a todos, y que debe examinarse por encima de los beneficios particulares, o de sectores específicos. Si un ciudadano gana, gana todo el país, y viceversa.

Las generaciones venideras no hablarán de vencedores, sino de cómo un país entero llegó a unirse en pro de una causa. No toda nación tiene las herramientas públicas y políticas democráticas para ejercer deberes y derechos como los nuestros, ni cuenta con un fin de conflicto en el que la “subversión” decide por sí misma abandonar las armas y dejar de disparar, sobre todo cuando llevaba décadas haciéndolo casi de manera autómata.

Vamos a ponernos el uniforme amarillo por una vez, jugando del mismo equipo. o no, tache a consciencia, de modo que sus hijos y sus nietos se enorgullezcan de cada uno de sus hermanos. Recordemos que nosotros somos a la vez el otro, los que lucharon y nos defendieron en momentos difíciles, los que vienen y trabajarán arduamente para continuar con el proceso, haciendo efectiva esta paz tan anhelada desde hace ya más de medio siglo, esa paz estable y duradera, indispensable para el crecimiento de todos los sectores: industriales, culturales, académicos.

Ante todo, téngase en cuenta que se trata de discernimiento: saber con certeza por qué se está votando. Estudiar, dudar, analizar, votar. E invite a sus amigos, vecinos y familiares a que hagan el mismo ejercicio.