Extraterrestres en la tierra

El hombre moderno se ha vuelto un ser competitivo que sobrevive a costa de cualquier precio, así esto conlleve pasar por encima de la vida o, peor aún, de la dignidad de otro ser humano.

Por: Leandro Toro Valencia

Con los denominados “Tiempos Modernos” cada vez menos nos parecemos a los seres humanos “puros” que somos en nuestra infancia. Aquellos “puros” que Bauman enuncia en su libro El amor líquido y que tienen dignidad humana solo en la infancia. Hoy quienes quieran confiar en el otro serán sólo los débiles de la manada, quienes quieran creer en las buenas intenciones serán sólo la ficha que hay que eliminar en un mundo que se parece cada vez más a un tablero de ajedrez donde deshacerse de una persona es tan fácil como eliminar una ficha. Hoy quienes entiendan que el amor por uno mismo es amor por el otro es un extraterrestre varado en la tierra que no necesita una apariencia monstruosa para causar alarma y ser susceptible de ser erradicado.

Hoy en día pretender amar al prójimo como a ti mismo es una locura. “El precepto que exige “ama a tu prójimo como a ti mismo”… es uno de los fundamentales de la vida civilizada. Y es también el más opuesto a la clase de razón que promueve la civilización: la razón del autointerés y la búsqueda de la propia felicidad”1. Es comprensible, manejamos un doble discurso casi para todas las esferas de nuestra vida. Desde la academia o desde un lugar propicio para pensar pretendemos organizar el mundo a través de teorías y mundos utópicos, pero el discurso cambia cuando llegamos a la realidad, solo por mencionar una situación. Y en estos temas de amar al prójimo se ve muy claro. El actuar del hombre moderno no se corresponde con esas máximas del hombre civilizado u hombre puro, que lleva inevitablemente a manejar una doble moral o un doble discurso.

Bauman es muy claro en su texto “Sobre la dificultad de amar al prójimo” (tercer capítulo del libro Amor líquido) al exponer esas dicotomías de la vida humana contemporánea. El hombre moderno se ha vuelto un ser competitivo que sobrevive2 a costa de cualquier precio, así esto conlleve pasar por encima de la vida o, peor aún, de la dignidad de otro ser humano. El hombre, que llamaremos, más puro debe de entender que perder su dignidad es ya morir y se pierde la dignidad al no reconocer la humanidad del otro y su derecho humano de ser alguien. “Una vez despojados de ese valor,  ¿Qué sentido tendría seguir viviendo? Ese valor, el más preciado de los seres humanos, el atributo sine qua non de la humanidad, es una vida digna y no la supervivencia a cualquier precio.”3

Y esa supervivencia a cualquier precio a lo que nos lleva este mundo consumista que hemos edificado y el estado natural del hombre que comparte con los animales. Y sentarnos en este último argumento sería válido, el único problema es que no somos animales y tenemos una marca inconfundible que nos separa de la vida salvaje: el pensamiento.

Una ingenua invitación de mi parte, y quizás no sea ingenua, es la que compartimos con Henrik Goldszmit, citado por Bauman, que dice: “El joven Henryk Goldszmit compartía las esperanzas de su siglo y  creía que cambiar los abominables hábitos del mundo estaba en poder de los seres humanos, que era una tarea factible y viable”. Creemos que es viable diferenciarnos de los animales salvajes y no imponer la supervivencia a cualquier precio sobre la dignidad humana. Y para ello se necesitan muchas cosas, pero resalto dos que considero fundamentales: 1. Autoamarnos, Autoaceptarnos, Autorespetarnos y Autoconocernos, y 2. Perder el miedo a la muerte física. Considero que partiendo de estos dos principios se generarán los espacios necesarios para salir de la actual degradación en la que nos hemos sumido y que vuelve un extraterrestre a cualquiera que quiera encontrar una salida. La invitación es, pues, a convertirnos todos en extraterrestres en la tierra.

[1] Bauman, 2005, p. 105. Un muy buen autor que trata temas del pensamiento universal.

[2] Entendiendo esta sobrevivencia como mantenerse con vida y lo mejor posible.

[3] Bauman, 2005, p.113