Preguntas como: ¿es consciente toda la gente que asiste a una feria en los días de comicios?, ¿sabe la gente que, vote o no vote, está pagando de su bolsillo esa feria?, ¿por qué es tan costosa cada feria? Por qué si el mundo cambia, nosotros cambiamos y hasta la naturaleza cambia, ¿la feria es la misma desde los años de Upa? 

Por: Leandro Toro Valencia

En nuestro país siempre se nos hace entender o creer que somos un país democrático. En los discursos oficiales de altos mandos políticos, sociales, económicos, militares o hasta religiosos, en la gran mayoría de casos, en los medios de comunicación instaurados, y hasta en muchas aulas de clase, se hace referencia a un Estado Democrático, una democracia instaurada. Y claro, si analizamos esa democracia como la hacen ver entonces esto es una maravilla, si entendemos la democracia como el acto exclusivo de depositar en una caja de cartón un papel marcado con una equis hecha por nosotros. Entonces y solo entonces nuestra democracia es una maravilla.
Por cierto, no dejemos olvidar el entramado de relaciones económicas y sociales que se dan en torno a esa dinámica de los papeles y cajas de cartón: tejas, cemento, almuerzos, transporte, puestos, mercados, etc. sólo por mencionar algunas, una verdadera expresión cultural, similar a un carnaval o una feria. Y de ahí para arriba de esa feria se acaba la democracia, se eligen unos personajes y mi “labor democrática” ha finalizado. Me toca esperar otros añitos para volver a la feria y hacer valer mis derechos para depositar en una caja de cartón nuevamente ese papel con una equis marcada por mí. Vista así la democracia, como se nos la hace ver, podríamos afirmar que nos falta un poco más de esfuerzos para que todos asistan a la feria, pero de resto concluiríamos: esto es una maravilla.


Desgraciadamente para los intereses de muchos organizadores de ferias existimos otro tipo de personas, en crecimiento afortunadamente, que cuando vemos las maravillas no nos cegamos ante su resplandor sino que las asumimos de otra manera. Y es en este punto que me surgen muchas preguntas, fruto de ese tratamiento alternativo que le doy a esa “maravilla democrática” y también fruto de mi ignorancia, pero seamos optimistas. Preguntas como: ¿es consciente toda la gente que asiste a una feria en los días de comicios?, ¿sabe la gente que, vote o no vote, está pagando de su bolsillo esa feria?, ¿por qué es tan costosa cada feria? Por qué si el mundo cambia, nosotros cambiamos y hasta la naturaleza cambia, ¿la feria es la misma desde los años de Upa? Y las joyas de todas las preguntas: ¿esto es una verdadera democracia? Y ¿qué es una democracia? En definitiva, preguntas que no son tan fáciles de responder.
Nuestro país también cuenta con un sistema económico capitalista, lo que innegablemente crea clases sociales que sitúan a sus pobladores como ricos y pobres, una clasificación un poco arbitraria de mi parte pero ampliamente aceptada en el ciudadano de a pie. Teniendo en cuenta esto y que estamos hablando de ferias, me surge una inquietud, como cosa rara: ¿si existen clases sociales diferentes, entonces existen ferias democráticas diferentes? Esta será la única pregunta a la que sí intentaré dar respuesta y es que tengo la firme convicción de que algún día responderé las otras tantas que he lanzado, pero por capricho quiero responder esta hoy. Claro que por supuesto que existe ferias diferentes, y tal cual existen las ferias democráticas de un solo día con la gran mayoría de la población a bordo, así mismo existen las ferias democráticas para unos cuantos, precisamente para esos personajes que elegimos a través del papel y la equis. Estas ferias democráticas más exclusivas tienen sutiles diferencias. Ya no hablamos de una feria de un solo día, es un evento un poco más largo, cerca de 4 años aproximadamente. La celebración no es tan bullosa, ahora se trata de algo a puerta cerrada, donde en vez de tejas, cemento, almuerzos, transportes o mercados, ya se reparten puestos, cuotas burocráticas, instituciones del Estado, dinero público por montón, sólo por mencionar algunas. Los impactos de este otro tipo de feria son mucho más visibles en cada calle y barrio de nuestro país, pero ya no queda mucho por hacer porque nos han obligado a aceptar que la única feria de la que podemos participar es la de un solo día y, mucho peor aún, de que los procesos democráticos son una feria en sí.
¿Hay algo más por hacer? ¿Podemos participar de esa otra feria? ¿Podemos volver esto verdaderamente significativo para la gran mayoría y que trascienda al uso al que le damos a una teja, un mercado o un almuerzo? Más preguntas, como cosa rara…