La misma escuela que en su afán de tener presupuesto y buenos resultados sólo se esmera por llenar y llenar cabezas de contenido y no se preocupa por formar competencias ciudadanas, de convivencia y pensamiento crítico.
Por: Leandro Toro Valencia
Hace días leía un texto del pedagogo francés Philippe Meirieu que hablaba acerca de algunas narraciones literarias de la humanidad y hacía un paralelo con algunas prácticas pedagógicas muy vigentes hoy en día. El texto que tiene por nombre “Frankenstein, o el mito de la educación como fabricación”1 utiliza relatos como el de la cultura griega de Pigmalión, el cuento del italiano Carlo Collodi: Pinocho, el mito judío del Golem, el relato de Achim von Arnim de la Mandrágora y la misma historia de Mary Shelley y su creación literaria de Frankenstein.
El texto de Meirieu procura develar la educación del ser humano como un acto de fabricación en cuanto el ser humano nace despojado de cualquier bastión de razón y conciencia para autoeducarse. A través de los diferentes relatos y su debido paralelo con la educación de hoy en día nos muestra el cómo el individuo es una urdimbre de muchos factores durante su proceso de formación.
Nos muestran la importancia de un creador o un formador en cuanto éste quiere perpetuarse en el ser creado, en el estudiante que educa, pero lo más importante, analiza el hecho de que el mismo individuo se sitúe en el YO y se despegue de su creador para tomar conciencia de su vida, pero en ese mismo acto mate de alguna manera esa intención del creador o formador de perpetuarse a través de la dominación del sujeto educado. Un texto muy interesante pues muestra todas esas ambivalencias y contradicciones de las que puede estar lleno un proceso educativo.
Uno de los aspectos mas relevantes que resalto es la importancia que este pedagogo francés da al papel del educador en el proceso de formación del sujeto. Y lo hace tangible en esta frase: “Fabricar un hombre y abandonarlo es correr, efectivamente, el riesgo de hacer de él un monstruo”(Meirieu, 1998, p. 60) Y no solo el educador o fabricador aquí tiene que ser visto como el docente, no debemos limitar el papel de la educación de un individuo a la escuela, aquí hablamos de los padres, la familia, el tutor, los mismos docentes, aquella persona que influye sobre el individuo directamente y sobre su comportamiento y manera de ver la vida.
Así vemos como en nuestro país a diario creamos monstruos que son y serán el flagelo de nuestro futuro. El padre que por razones económicas emigra y hace reemplazar su papel formador por el de un giro cada mes. La familia que menos preocupada por sus responsabilidades de formar un ciudadano en todo el sentido de la palabra permite que los medios de comunicación y la degradación de la sociedad formen a sus descendientes. La misma escuela que en su afán de tener presupuesto y buenos resultados solo se esmeran por llenar y llenar cabezas de contenido y no se preocupa por formar competencias ciudadanas, de convivencia y pensamiento crítico.
1Meirieu, Philippe. Frankenstein Educador. Editorial Laertes. Barcelona. 1998.


