Halloween: un día de magia

Valeria Guerrero OsorioEvadiendo las orgías que niegan las adolescentes, las bromas pesadas a los vecinos, el guayabo del día siguiente o los satánicos que dicen las abuelas, el 31 de octubre es, en mi opinión, un día de magia…

 

Por: Valeria Guerrero Osorio

“Dulce o truco”, yo jamás dije esa frase, en Colombia se canta o se pelea por los dulces, el objetivo es salir simulando ser algo o alguien más para que al final del día pueda uno quedar satisfecho con el merecido dolor de estómago que le depara la canasta de dulces que no se podía reservar para el resto de la semana.

O así era en mi época, ahora uno ya no sabe si los protagonistas de la fiesta son los niños o los adultos que aún se creen niños o los grandes que aprovechan la fecha para dejarse ver como son. Y es que mientras aún brilla el sol, cientos de infantes hacen de gobernantes, y no hablo de personajes, sino de la grandeza que esconden sus disfraces, las mujeres abnegadas que desde la noche anterior están volteando la casa en busca de algo que parezca una melena de león o un pico o una capa, para que el 31 su hijo salga a lucirse con la creatividad de su madre o para que simplemente sonría porque por un día dejará de ser un niño para convertirse en súper héroe o en verdura o en un tierno animal de alquiler.

Pero cuando cae la noche, el reflector le da la entrada a otro show, uno menos dulce y más elaborado. Hombres y mujeres de todas las edades se dan encuentro en casas, discotecas, sitios públicos o privados, con la intención de ser otros por unas horas, de disfrazar el pudor o la vergüenza y salir a disfrutar con la excusa de que pueden ser lo que quieran ser (como dice Disney).

Un evento que se presta para todo, desde las princesas con cinco centímetros de falda y medias de malla, hasta los monstruos o personajes de película en su versión más original; esta fecha la tónica es otra y no importa si al día siguiente les llamen putas o travestis, finalmente, la respuesta será obvia: “era Halloween”, no importa si es cierto o no.

Evadiendo las orgías que niegan las adolescentes, las bromas pesadas a los vecinos, el guayabo del día siguiente o los satánicos que dicen las abuelas, el 31 de octubre es, en mi opinión, un día de magia, y no hablo de las brujas que se reúnen a hacer hechizos esa noche, sino de la oportunidad que no repara en años, pues quejarse es fácil en otras fechas, “porque no hay libertad qué celebrar en julio”, “porque no tengo novio/a para septiembre”, “porque tengo que trabajar en navidad”… Pero este día, cuánto y cómo se disfrute, es decisión de cada quien, no del gobierno, el capitalismo o la compañía o falta de ella, así que como dice la Barbie, “se quien quieras ser”.