Reflexiones, evaluaciones, replanteamientos e innovaciones se hacen necesarias dentro de la práctica docente. Julián de Zubiría, pedagogo colombiano, expone en una de sus charlas que la educación actual es una trilogía de estudiantes del siglo XXI, con profesores del siglo XX y metodologías del siglo XIX, quizá eso se aproxime a aportar una explicación de por qué los niveles de motivación en los estudiantes cada vez son menores mientras que la frecuencia de fracaso cada vez es mayor.

 

Por /Hernán Augusto Tena Cortés

Exámenes estandarizados, ponderaciones excesivas, contenidos desmesurados y metodologías basadas en indicadores de desempeño han ocasionado que las emociones y el sujeto como actor social se olviden dentro y fuera del aula. El sistema educativo se ha dedicado a ponderar asignando números y códigos a los estudiantes como etiquetas de un producto, dejando a un lado lo humano y obteniendo resultados inesperados que incrementan los niveles de desmotivación escolar.

En la otra cara de la moneda se encuentran estudiantes abrumados por tener que responder de memoria a varias materias y metodologías de enseñanza. Cansados también por permanecer largas horas en incómodas sillas y por tener que simular unas vidas perfectas porque simplemente no pueden llevar sus problemas personales a clase. Muchas veces un consejo a tiempo o unas simples palabras de aliento, serían de más utilidad que la explicación de una clase de derivadas o del movimiento rectilíneo uniforme.

El fracaso escolar en el mundo es cada vez más alto. El número de estudiantes en “homeschooling” no se queda atrás, los índices de acoso escolar también incrementan y la educación virtual cada vez gana más adeptos. Lo anterior se puede interpretar como una derrota para la educación presencial o por lo menos para las metodologías de aula. Se podría inferir que si los estudiantes prefieren cambiar de modalidad es porque no encuentran ese diferencial que los motive a permanecer en clase de tiempo completo.

Reflexiones, evaluaciones, replanteamientos e innovaciones se hacen necesarias dentro de la práctica docente. Julián de Zubiría, pedagogo colombiano, expone en una de sus charlas que la educación actual es una trilogía de estudiantes del siglo XXI, con profesores del siglo XX y metodologías del siglo XIX, quizá eso resuma los párrafos anteriores y se aproxime a aportar una explicación de por qué los niveles de motivación en los estudiantes cada vez son menores mientras que la frecuencia de fracaso cada vez es mayor.

Dentro de las tendencias recientes en educación se encuentran dos que al parecer están aportando grandes transformaciones en Norteamérica y Europa. Y es que precisamente son dos vertientes que no han olvidado la importancia social y emocional del sujeto, pero que al mismo tiempo no descuidan la parte académica y logran formar seres íntegros, equilibrados y preparados para enfrentar el mundo contemporáneo que cada vez trae más sorpresas y acontecimientos inesperados. Así entonces, surge el siguiente cuestionamiento ¿hasta qué punto la pedagogía social converge con las competencias del aprendizaje social y emocional?. Para dar respuesta debemos tener en cuenta los siguientes aspectos:

 

¿Qué es la pedagogía?

Se podría dedicar un capítulo entero o quizá un libro completo a la definición y profundización de esta ciencia que en síntesis estudia a la educación y al método para la enseñanza. Pertenece a las ciencias sociales y humanidades y mantiene una relación estrecha con la psicología, la sociología y la antropología. El término se deriva del griego “paidos” que significa niño y “agein” que significa guiar y conducir; así un pedagogo es la persona que se dedica a educar a los niños, aunque con la evolución del concepto hoy se utiliza para educar en general.

El campo de la pedagogía es bastante amplio, autores como Lev Vygotsky, María Montessori, John Dewey, John Locke, Julián de Zubiría y muchos más han influido en su desarrollo e historia. De la misma manera se conocen diferentes tendencias o corrientes como el conductismo, el constructivismo, el cognitivismo, el conectivismo y otros. En esta ocasión se pretende profundizar sobre una teoría que se escucha con poca frecuencia y cuyo impacto comunitario ha crecido de manera ostensible, la pedagogía social.

 

¿Qué es la pedagogía social?

Paul Natorp es un filósofo alemán conocido como el padre fundador de la Pedagogía Social. En pocas palabras, su fundación formula y aplica soluciones pedagógicas a las prácticas sociales, no limitándose a la resolución de problemas sino manteniendo el bienestar y el nivel de vida. Además esta disciplina tiene como objetivo fomentar las relaciones prosociales y de cooperación entre los jóvenes para censurar el comportamiento antisocial y recompensar la interacción amigable. Se caracteriza como una disciplina con tres dimensiones: práctica, teórica y profesional.

Teniendo en cuenta la esencia de lo que es la pedagogía y recordando que lo social, de acuerdo con la sociología se refiere a un sentido de un grado mínimo de solidaridad que une a los seres humanos haciendo imposible ignorarse mutuamente; existe una fuerte relación entre estos dos términos que juntos hacen referencia a aprender a vivir cooperativamente con la sociedad. Por lo tanto, la pedagogía social busca preservar o revitalizar la solidaridad social de una manera que “nos predisponga sin dificultad a la devoción y al sacrificio” (Durkheim, 1994, p. 107) en nuestra relación con el otro.

Esta disciplina es aplicable o puede converger fácilmente en la enseñanza de otras materias. Pues es un complemento ideal porque de manera usual la cátedra específica involucra la cabeza y la pedagogía social el corazón. En efecto, los profesionales en pedagogía social se interesan en la cabeza (aprendizaje instruido o académico), en el corazón (aprendizaje social y moral), y en las manos (aprendizaje práctico). Sin embargo, su especialidad siempre será, el segundo.

Desde su fundación, Natorp (1904) estableció su misión principal de servir al bien común. Esto requiere nada menos que una transformación moral y, según Platón y Aristóteles, mientras que lo intelectual es enseñable, lo moral no. Ellos argumentaban que lo moral surge de la conciencia y no del tablero, así que lo primero es habituado en vez de instruido. En ese sentido las acciones morales son la aceptación de los valores sociales, variando estos últimos de situación en situación. De ahí la importancia de involucrar el corazón y la cabeza o lo que es lo mismo, la razón y el afecto en la práctica, pues mientras algunas cosas se aprenden, otras como lo moral o afectivo, se sienten.

 

Pedagogía social en los colegios

La pedagogía social en los colegios mejora la experiencia de socialización para los estudiantes a través del fomento del altruismo y el alivio del comportamiento egocéntrico. En ese sentido, la misión en las instituciones es ayudar a los jóvenes, niños y niñas a transformar el egocentrismo por el principio moral de mostrar consideración por los demás. Se invita así a la socialización y la resocialización, siendo muy cautos en no atentar contra la dignidad humana del otro. Por último, se promueve la interacción positiva entre diferentes grupos étnicos, pues estudios comprueban que esta interrelación cultiva la tolerancia (Allport, 1979) y reduce el racismo.

Uno de los principales desafíos de la pedagogía social en los colegios y en general en todos los escenarios, es la reducción o eliminación del Bullying. En este sentido es importante mencionar dos programas internacionales de anti-bullying. El primero, es el “Olweus Programme Against Bullying and Antisocial Behaviour”, desarrollado por Dan Olweus (2001) en la Universidad “Bergen”. Y el segundo, el “Zero Programme, desarrollado por Erling Roland (Roland & Sorensen Vaaland, 2003) en la Universidad “Stavanger”.

Los dos programas están respaldados por el gobierno noruego y basados en el modelo de pedagogía social. Aunque tienen enfoques diferentes, en ambos casos los desarrolladores otorgan un gran valor a la concentración del comportamiento de los espectadores prosociales. Es decir, muchos actores externos intentan no involucrarse en incidentes de “bullying”, ya que no es asunto de ellos o, lo que es peor, no es un deporte para espectadores. (cf. Smith y Shu, 2000; Salmivalli et al, 2004)

Entonces, ¿cuál es el papel del pedagogo social o de los espectadores en los incidentes de bullying? El de aplicar soluciones pedagógicas a problemas sociales. En este caso, están persuadidos de hablar en contra del acoso escolar y de creer que pueden ayudar a las víctimas, evitando ponerse en peligro. Aquí dos desafíos se destacan; primero, desbloquear el potencial del comportamiento de ayuda; segundo, aumentar la eficacia colectiva percibida entre los protectores. Olweus utiliza el juego de roles y la visualización de incidentes de intimidación organizados (en video) para fomentar una comprensión agradable del dolor y la situación de la víctima; mientras que el Programa Cero recomienda el uso de patrullaje estudiantil durante el recreo como un complemento a la supervisión de un adulto. Se ha encontrado que ambos programas reducen los problemas de intimidación en las escuelas (Sephens, 2011a).

 

¿Qué es el aprendizaje social y emocional (SEL)?

El aprendizaje social y emocional es un modelo que busca mejorar la capacidad de los estudiantes para integrar habilidades, actitudes y comportamientos que ayuden a abordar de manera efectiva y ética las tareas y desafíos diarios. Este marco a través de cinco competencias promueve la competencia intrapersonal, interpersonal y cognitiva. Actualmente se implementa en varias instituciones de Estados Unidos. Los resultados hasta el momento han sido positivos y allá se puede encontrar un grupo colaborativo que apoya a educadores y líderes en la implementación y mejora de resultados (Collaborative for Academic, Social, And Emotional Learning, 2020)

La primera competencia que apoya este modelo es el autocontrol. Se define como la capacidad de regular sus emociones, pensamientos y comportamientos de manera efectiva en diferentes situaciones. Esto incluye manejar el estrés, el control de los impulsos, motivarse a sí mismo y trabajar hacia las metas personales y académicas. Algunos beneficios de este desarrollo son el control de los impulsos, el manejo del estrés, la disciplina personal, la motivación personal, el establecimiento de metas y las habilidades organizativas. (Collaborative for Academic, Social, And Emotional Learning, 2020)

En segundo lugar se encuentra la conciencia de sí mismo. Se define como la capacidad de reconocer con precisión sus emociones y pensamientos y saber cómo influyen en el comportamiento de uno. Esto incluye evaluar con precisión sus propias ventajas y limitaciones. Una persona que es consciente de sí mismo tiene un sentido bien fundamentado de optimismo y confianza logrando identificar las emociones, reconocer fortalezas y confiar en sí mismo. (Collaborative for Academic, Social, And Emotional Learning , 2020)

En tercer lugar está la toma de decisiones de manera personal. Esta se refiere a tener la capacidad de tomar decisiones constructivas y respetuosas en su comportamiento personal y en la interacción social. Permite identificar problemas, analizar situaciones, resolver problemas, evaluar, reflexionar y adquirir una responsabilidad ética. (Collaborative for Academic, Social, And Emotional Learning , 2020)

En cuarto lugar, las habilidades relacionales. Haciendo referencia a tener la capacidad para establecer y mantener relaciones gratificantes con amigos, familiares y otras personas de diferentes ámbitos. Quien desarrolla estas habilidades, se caracteriza por tener buena comunicación, buen compromiso social, por construir buenas relaciones y por trabajar en equipo. (Collaborative for Academic, Social, And Emotional Learning , 2020)

En el quinto y último lugar, pero no menos importante, se ubica la conciencia social. Esta es la capacidad de entender y respetar el punto de vista de los demás y de aplicar este conocimiento a interacciones sociales con personas de diferentes ámbitos. Aquí es muy importante considerar la toma de perspectiva subjetiva del otro, la empatía, la apreciación de la diversidad y el respeto hacia los demás. (Collaborative for Academic, Social, And Emotional Learning , 2020)

Al igual que la pedagogía social, el aprendizaje social y emocional más eficaz (SEL) requiere un enfoque estratégico y sistémico que involucre a todos, desde los líderes hasta los socios de la comunidad y los miembros de la familia. Así se puede concluir que estos dos modelos se complementan y convergen hasta el punto de poder ser implementados en la comunidad con posibilidades de obtener resultados muy interesantes, pues ambos entienden la importancia del sujeto en la sociedad y del manejo de emociones con el fin de evitar dificultades comunitarias. Por último, de una u otra manera, los dos extienden la invitación a utilizar la cabeza, el corazón y las manos en la práctica educativa aplicando soluciones pedagógicas a problemas sociales.

Autor: Hernán Augusto Tena Cortés

Twitter: @Hernan_Tena

Correo: heteco2010@gmail.com

 

Referencias

Collaborative for Academic. (2020, 01 01). Social, And Emotional Learning. Recuperado el 07 de Mayo de 2020, de CASEL: https://casel.org/

Stephens, P. (2013). Social Pedagogy: Heart and Head. Bremen: Social Comparison.

 

To what extent do social pedagogy and emotional education converge?

Like social pedagogy, the most effective social and emotional learning (SEL) requires a strategic and systemic approach that involves everyone from leaders to community partners and family members. Thus, it can be concluded that these two models complement and converge to the extent of being able to be implemented in the community with the possibility of obtaining very interesting results, since both understand the importance of the subject in society and the management of emotions in order to avoid community difficulties.

 

Por / Hernán Augusto Tena Cortés

Standardized tests, excessive grading, exaggerated contents and methodologies based on performance indicators have caused emotions and the subject as a social actor to be forgotten inside and outside the classroom. The educational system seems to have acquired the perfection of assigning numbers to students,  pretending that they are products, rather than human beings and obtaining unexpected results that increase levels of school demotivation.

On the flip side of the coin are students overwhelmed by having to respond, often from memory, to various subjects and teaching methodologies. They are also tired of spending long hours in uncomfortable chairs and having to simulate perfect lives because they simply cannot bring their personal problems to class. Often an advice on time or a few simple words of encouragement would be more useful than the explanation of exponential functions or the use of active and passive voice.

World school dropout rates are getting higher. The number of students in homeschooling is not far behind, bullying rates are also increasing and virtual education is gaining more followers. This can be interpreted as a defeat for face-to-face education or at least for classroom methodologies. It could be inferred that if students prefer to change environments, it is because they do not find that differential that motivates them to stay in full-time class.

Reflections, assessments, reassessments and innovations are necessary in teaching practice. Julián de Zubiría, Colombian pedagogue exposes in one of his talks that current education is a trilogy of students of the XXI century, with teachers of the XX century and methodologies of the XIX century, perhaps that summarizes the previous paragraphs and comes close to providing an explanation of why the levels of motivation in students are getting lower, while the frequency of failure is getting higher.

Among the recent trends in education are two that seem to be bringing about great transformations in North America and Europe. And it is precisely that they are two aspects that have not forgotten the social and emotional importance of the subject, but at the same time they do not neglect the academic part and manage to form whole beings, balanced and prepared to face the contemporary world that increasingly brings more surprises and unexpected events. So, continue reading and review to what extent does social pedagogy converge with the competences of social and emotional learning?

 

What is Pedagogy?

An entire chapter or perhaps an entire book could be devoted to the definition and deepening of this science, which in synthesis studies education and the method for teaching. It belongs to the social sciences and humanities and maintains a close relationship with psychology, sociology and anthropology. The term is derived from the Greek “paidos” which means child and “agogos” which means leader; Thus, a pedagogue is the person who is dedicated to educating children, although with the evolution of the concept, today is used to educate in general.

The field of pedagogy is quite wide, authors such as Lev Vygotsky, María Montessori, John Dewey, John Locke, Julián de Zubiría and many more have influenced its development and history. In the same way there are different trends or currents such as behaviorism, constructivism, cognitivism, connectivism and others. On this occasion, the aim is to delve into a theory that is rarely heard and whose community impact has grown ostensibly, social pedagogy.

 

What is Social Pedagogy?

Paul Natorp, is a German philosopher known as the founding father of Social Pedagogy. His foundation formulates and applies pedagogic solutions to social practices, not limiting itself to problem-solving, but maintaining well-being and the standard of living. Furthermore, this discipline aims to nurture pro-social and co-operative relationships among young people to censor anti-social behavior and reward amiable interaction.  It is characterized as a discipline with three dimensions: practical, theoretical and professional.

Taking into account the essence of pedagogy, and remembering that the social according to sociology refers to a sense of a minimal degree of solidarity that links human beings together making it impossible to ignore each other; there is a strong relationship between these two terms which place together signify learning how to live cooperatively with society.  Therefore, social pedagogy seeks to preserve, or to reinvigorate social solidarity in a way that “predisposes us without difficulty to devotion and sacrifice” (Durkheim, 1994, p. 107) in our relationship with each other.

This discipline is applicable or can easily converge in the teaching of other subjects. Since it is an ideal complement because the specific class involves the head and the social pedagogy the heart. Indeed, professionals in social pedagogy are interested in the head (educated or academic learning), in the heart (social and moral learning), and in the hands (practical learning). However, their speciality will always be, the heart.

From its foundation, Natorp (1904) established its main mission to serve the common good. This requires nothing less than a moral transformation and, according to Plato and Aristotle, while the intellectual is teachable, the moral is not. They argued that morality arises from conscience and not from the board, so the former is habituated instead of educated. In this sense, moral actions are the acceptance of social values, the latter varying from situation to situation. Hence the importance of involving the heart and the head or what is the same, reason and affect in practice, because while some things are learned, others like the moral or affective, are felt.

 

Social pedagogy in schools!

Social pedagogy in schools enhances the socialization experience for students through fostering altruism and alleviating self-centered behavior. In this sense, the mission in institutions is to help young people to transform self-centeredness by the moral principle of showing consideration for others. Thus, socialization and re-socialization are invited, being very cautious not to infringe on the human dignity of the other. Finally, positive interaction between different ethnic groups is promoted, as studies show that this interrelation cultivates tolerance (Allport, 1979) and reduces racism.

One of the main challenges of social pedagogy in schools and in general, in all settings, is the reduction or elimination of bullying. In this sense, it is important to mention two international anti-bullying programs. The first is the “Olweus Program Against Bullying and Antisocial Behavior”, developed by Dan Olweus (2001) at the Bergen University. And the second, the “Zero Program, developed by Erling Roland (Roland & Sorensen Vaaland, 2003) at Stavanger University.

Both programs are backed by the Norwegian government and based on the model of social pedagogy. Although they have different approaches, in both cases the developers place great value on concentrating the behavior of prosocial viewers. In other words, many external actors try not to get involved in incidents of bullying, since it is not their business or, what is worse, it is not a spectator sport. (cf. Smith and Shu, 2000; Salmivalli et al, 2004)

So what is the role of the social pedagogue or the audience in bullying incidents? It is to apply pedagogical solutions to social problems. In this case, they are persuaded to speak out against bullying and to believe that they can succeed in helping victims, avoiding to put themselves in danger. Here, two challenges outstand; first, to unlock the potential of helping behaviour; second, to increase perceived collective efficacy among the protectors. Olweus uses role-play and the viewing of staged bullying incidents (on video) in order to foster sympathetic understanding of the victim’s pain and predicament; whereas, the Zero Program, recommends the use of student patrol during the recess as an adjunct to adult supervision. Both programs have been found to reduce bullying problems in schools (Sephens, 2011a).

 

What is Social and Emotional Learning (SEL)?

Social and emotional learning is a model that seeks to improve students’ ability to integrate skills, attitudes, and behaviors that help them effectively and ethically tackle daily tasks and challenges. This framework, through five competencies, promotes intrapersonal, interpersonal and cognitive competence. It is currently implemented in several institutions in the United States, the results so far have been positive and there you can find a collaborative group that supports educators and leaders in the implementation and improvement of results (Collaborative for Academic, Social, And Emotional Learning , 2020)

The first competence that supports this model is self-awareness. It is defined as the ability to accurately recognize one’s emotions and thoughts and their influence on behavior. This includes accurately assessing one’s strengths and limitations and possessing a well-grounded sense of confidence and optimism. Some of its benefits are: the ability to  identify emotions, to accurate self-perception, to recognizing strengths, self-confidence and self-efficacy. (Collaborative for Academic, Social, And Emotional Learning , 2020)

Second is self-management. This is the ability to successfully regulate one’s emotions, thoughts, and behaviors in different situations — effectively managing stress, controlling impulses, and motivating oneself. This includes the capacity to set and work towards personal and academic goals. One that manages his or herself, can have impulse control, stress management, self-discipline, self-motivation, goal setting and organizational skills. (Collaborative for Academic, Social, And Emotional Learning , 2020)

Third is social awareness. This is the ability to take the perspective of and empathize with others, including those from diverse backgrounds and cultures. This includes the capacity to understand social and ethical norms for behavior and to recognize family, school, and community resources and supports. it facilitates perspective-taking, empathy, appreciating diversity and respect for others. (Collaborative for Academic, Social, And Emotional Learning , 2020)

Fourth is relationship skills. This is the ability to establish and maintain healthy and rewarding relationships with diverse individuals and groups. This includes the capacity to communicate clearly, listen well, cooperate with others, resist inappropriate social pressure, negotiate conflict constructively, and seek and offer help when needed. Some benefits to mention here are communication, social engagement, relationship building and teamwork. (Collaborative for Academic, Social, And Emotional Learning , 2020)

Last but not least, is responsible decision making. This is the ability to make constructive choices about personal behavior and social interactions based on ethical standards, safety concerns, and social norms. This includes the realistic evaluation of consequences of various actions, and a consideration of the wellbeing of oneself and others. At this point, the importance of identifying problems, analyzing situations, solving problems, evaluating, reflecting and ethical responsibility should be mentioned. (Collaborative for Academic, Social, And Emotional Learning , 2020)

 

Like social pedagogy, the most effective social and emotional learning (SEL) requires a strategic and systemic approach that involves everyone from leaders to community partners and family members. Thus, it can be concluded that these two models complement and converge to the extent of being able to be implemented in the community with the possibility of obtaining very interesting results, since both understand the importance of the subject in society and the management of emotions in order to avoid community difficulties. Finally, in one way or another, the two extend the invitation to use the head, heart and hands in educational practice applying pedagogical solutions to social problems..

 

References

Collaborative for Academic, Social, And Emotional Learning . (2020, 01 01). Retrieved 05 07, 2020, from CASEL: https://casel.org/

Stephens, P. (2013). Social Pedagogy: Heart and Head. Bremen: Social Comparison.